29 mar. 2009

EL ARBOL DEL REY

. Reina María Cristina y su hijo Alfonso XIII.

Corrían los años setenta del pasado siglo, cuando la asociación de vecinos “La Unión Hortaleza” organizó, con cierta urgencia, una merienda campestre.
El motivo era que el viejo pinar de la calle López de Hoyos se encontraba en serio peligro de desaparición, los especuladores habían puesto sus ojos en él y querían talarlo para construir unos bloques de viviendas.
Llegado el día nos fuimos a la arboleda con la bota de vino y la tortilla de patatas. La concurrencia formaba un grupo no demasiado numeroso pero realmente festivo y se respiraba cierto aire de romería popular.
Entre nosotros se encontraban los cantantes Ana Belén y Víctor Manuel que también querían solidarizarse con la causa del pinar, pues vivían no muy lejos en una de las colonias de “La Prospe”. Como ya podéis imaginar después de comer, nuestros amigos los artistas agarraron la guitarra y sobre un pequeño escenario que se había improvisado interpretaron sus canciones, que todos acompañamos a coro.
Como ese día vino con nosotros mi abuelo Jonás, decidimos alejarnos del bullicio para dar un paseo entre los pinos centenarios, y en la conversación surgió mi pregunta: ¿Abuelo, por qué este bosque se llama “Pinar del Rey”?. El me contesto que no sabia el origen de ese nombre, pero que siempre se había oído, que uno de aquellos arboles había sido plantado por el rey Alfonso XIII.
Desde aquel día, “El Árbol del Rey” quedo como un mito grabado en mi imaginación y tuvieron que pasar muchos años para descubrir que no se trataba de ninguna leyenda.
La historia de ese árbol, es la historia del nacimiento de nuestro querido pinar, en el dia de la celebración de la "Fiesta del Árbol” más multitudinaria de la ciudad de Madrid.

Aquí tenéis uno de los multiples anuncios y avisos que aparecieron en la prensa de aquella época.

La fiesta del árbol

El secretario de la Comisión organizadora de dicha fiesta que, como ya saben nuestros lectores, será costeada por la Diputación y el Ayuntamiento, y fue iniciada por aquella, ha recibido contestaciones de la mayoría de los colegios oficiales y particulares, adhiriéndose a tan hermoso pensamiento.
Ultimados los detalles, solo se espera que S. M. la Reina, patrocinadora desde un principio de la fiesta, señale el día de su celebración.
La plantación, en la cual tomaran parte dos mil niños y en primer término S.M. el Rey D. Alfonso XIII, se verificara en el camino de Hortaleza, en el sitio llamado Cerro del Centinela.
A los niños que concurran a la fiesta, se les obsequiara con una suculenta merienda, entregándoseles también una medalla conmemorativa.
Los señores Fernández Shaw y Chapi han compuesto un himno, que se cantara en este acto.
Se publicara además el día en el que se verifique éste una hoja literaria con artículos que llevaran conocidas y acreditadas firmas.
Con tales preparativos no podrá menos de resultar magnifica y solemne la fiesta del Árbol.


Y esta es, casi en su integridad, la crónica publicada por el periódico : “La Iberia”


LA FIESTA DEL ARBOL

La salida
Desde las ocho de la mañana se veía ya en la Puerta del Sol un movimiento de niños vestidos de gala y luciendo la medalla conmemorativa de la primera Fiesta del Árbol.
Los colegiales, acompañados de sus respectivos profesores, se situaban en las aceras aguardando la hora de marchar.
Los carruajes que habían de conducir a los niños al lugar de la fiesta se situaron en la calle Mayor.
Eran en total 44 jardineras y llevaban en cifras grandes el número de escolares que cada una habría de transportar.
A las diez de la mañana salio la primera expedición infantil.
La banda y orfeón del Hospicio y la banda de San Bernardino, situadas en la acera del café de levante, interpreto mientras los niños subían a las jardineras varias piezas musicales, entre ellas el bonito pasacalle infantil “El Oso y el Madroño”, compuesto expresamente para la fiesta por el maestro Sr. Espinosa.
El aspecto que presentaba la Puerta del Sol en aquellos momentos era animadísimo.
Los balcones estaban llenos de gente, y mucha mas se agrupaba al paso de los coches que conducían a los regocijados chiquitines, muchos de los cuales llevaban hatillos y cestas con merienda.
A cada viajero se le entregaba un plano del punto donde se iba a celebrar el festival.
Cuidaban del buen orden el capitán del cuerpo de seguridad Sr. Borja y el inspector de la delegación de distrito.
Presenciaron la primera expedición, a más de una compacta concurrencia, el presidente de la diputación Sr. España, el secretario de este Sr. La Torre, el diputado provincial y arquitecto Sr. Belmás y el secretario del circulo obrero Sr. Ducazcai.
A las doce aproximadamente acabaron de salir los últimos coches que transportaban escolares, pero no cesó el movimiento de vehículos, sino que, por el contrario, aumento extraordinariamente por los que se dirigían hacia la Prosperidad.

Plantando los árboles. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

En el cerro del Centinela
Verdaderas avalanchas de vehículos y de peatones engrosaban a cada momento los compactos grupos que se dirigían por la falda del cerro y por los caminos que a el conducen.
A uno y otro lado de la carretera, en el cerro y en todos aquellos dilatados terrenos, había multitud de familias merendando y haciendo caso omiso del vendaval que soplaba y del polvo que convertía el aire en irrespirable.
Los niños manifestaron ruidosamente su alegría al contemplar aun desde larga distancia las banderas y gallardetes del cerro, adivinando que allí estaban los respectivos arbolitos.
Así es que al llegar, lo primero de que se ocuparon fue de buscar el que a cada uno le correspondía plantar.
En el terreno donde ha de enclavarse la barriada que proyecta la compañía Madrileña de Urbanización, veíanse porción de banderitas y gallardetes.
Casi todas las casas del barrio de la Prosperidad lucían colgaduras y banderas, y la multitud de merenderos, despachos de refrescos y bebidas, buñolerias y otros tenderetes improvisados por las inmediaciones del cerro, lucían también banderas y adornos de colores vivos que abrillantaban el conjunto…

…en la cumbre del cerro se había hecho una meseta, instalándose en la parte norte de ella un pabellón de madera, destinado para que la Real Familia asistiera al acto.
Constaba el pabellón de tres cuerpos; pórtico, al cual daba acceso una gradería, un salón largo y un gabinete con tocador. Las paredes estaban cubiertas con hermosos tapices.
En el salón principal habla una mesa con bouquets de flores y una bandeja con dulces para obsequiar á las augustas personas. Frente a esta mesa otra de escritorio, con tintero y pluma comprada exproceso para que se firmara el acta, que se hallaba en una elegante cubierta de papel…

Desde la puerta de la caseta hasta el árbol del rey, cubrían el suelo preciosas alfombras.

El árbol del rey
Estaba frente por frente a la caseta y ostentaba en su cartela el numero uno.
El árbol del rey es un lindo bonetero de metro y medio de altura; a ambos lados había dos pequeños montones de tierra.
Limitaban la meseta dos filas de sillas formando herraduras, y distribuidos por aquella y la falda del cerro, estaban todos los arbolitos con estacas guiones indicando los números de los de cada sección y además con su numero correspondiente cada uno.


El reparto de las provisiones. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

Las meriendas
Transportadas en dos camiones, desde los cuales se les entregó á los pasantes y éstos las distribuían a los colegiales.
Estos obsequios, costeados por la Diputación y el Ayuntamiento, se componían de unas rajitas de salchichón, otras de lengua, de jamón, un pastel, una naranja y un panecillo, todo encerrado en una cajita de cartulina.
Los niños se esparcieron alegremente, y aquellos, que poco antes sólo se ocupaban de los arbolillos, se pusieron a merendar.
El efecto entonces era delicioso. Por donde quiera que se dirigía la mirada había encantadores grupos de niños sentados en el césped, consumiendo el contenido de la cajita pero sin alejarse mucho de sus respectivos árboles y palas.
Los niños del colegio de San Ildefonso formaron un gran corro en torno de sus profesores y comieron también la merienda, consistente en tortilla de jamón, dulces y fruta.
Las dos bandas, la del Hospicio y la de San Bernardino, amenizaron la comida campestre…

Distribuidos convenientemente para el buen orden de la fiesta había en aquellos lugares 572 agentes de seguridad a las órdenes del coronel Morera, 200 guardias civiles de infantería y muchas parejas de caballería del 14º tercio.

A las dos de la tarde
Los ministros de Gracia y Justicia y Fomento llegaron a la hora indicada, al propio tiempo que el arzobispo de Madrid –Alcalá, el gobernador civil, señor conde de Peña Ramiro, los embajadores de Francia, Italia, Austria y Alemania, el alcalde, el señor conde de Montarco, y el rector de la universidad central, que juntamente con el presidente de la diputación, señor España; los señores…

También se hallaba la ambulancia de la cruz roja entre las personas que aguardaban a los reyes…

Llegada de SS. AA.
A las tres en punto llegaron las infantas doña Isabel y doña Eulalia, siendo recibidas por el elemento oficial.
S.A. la infanta doña Isabel participó que su majestad la Reina no podía asistir por hallarse ligeramente indispuesto su augusto hijo.
SS. AA. pasaron al pabellón, en donde fueron obsequiadas con dulces y preciosos ramos de flores.
Transcurridos diez minutos, SS. AA., seguidas del elemento oficial, se dirigieron al ciprés destinado a S. M. el Rey y echaron dos paletadas de tierra, interin las bandas y escolares entonaban el magnifico himno de Chapi y Fernández Shaw. (Compuesto para la ocasión)
Seguidamente se levanto acta de la ceremonia, cuyo documento había redactado el secretario de la diputación Sr. Pozzi, firmando sus altezas y después Varias distinguidas personas que habían concurrido.
SS. AA. RR. Las infantas Dª Isabel y Dª Eulalia disponiéndose a plantar un árbol en representación de S. M. el Rey. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896.

El acta.
En la villa de Madrid, a 26 días del mes de Marzo de 1896, y a la hora de las dos de la tarde, congregadas las ilustres personas que firman este documento en el lugar denominado “El Cerro del Centinela”, designado para la fiesta del árbol, se procedió por 2000 niños alumnos de los colegios particulares de la capital, escuelas municipales, establecimientos de beneficencia y sociedades y centros a la plantación de los árboles que en adelante han de quedar encomendados a sus cuidados.
Y para que la mencionada fiesta iniciada por la Excma. Diputación provincial, bajo la augusta protección de SS. MM. El Rey D. Alfonso XIII y la Reina regente del reino (que Dios guarde), el concurso del Excmo. Ayuntamiento de Madrid y el de respetables personalidades, se perpetúe recuerdo tan grato, el secretario de la Excma. Diputación provincial levanta la presente acta.

Final
El acto termino a las cuatro, calculándose que habrán asistido a el mas de 50.000 personas.
Tomaron parte en la fiesta 2.117 niños de 46 colegios particulares de Madrid, del Hospicio provincial, de las Escuelas superiores Municipales de los diez distritos de Madrid y de las Escuelas elementales municipales.



Y así fue como desde aquel día se conoce al “Cerro del Centinela” como “Pinar del Rey”. Un día feliz para muchos niños en un tiempo en el que ya se atisbaba la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica.




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