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28 abr 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA I. La Torre de los Alburquerque.

Ilustración del libro La Proserpina con el escudo del Duque de Alburquerque
Universidade de Santiago de Compostela 


     “Y por la hermosa carretera nos dirigimos a la localidad, objeto de nuestras investigaciones. Cruzamos la divisoria entre las cuencas de los ríos Jarama y Manzanares, y poco después llegamos al pueblo de Hortaleza, fundado sobre una colina, y que tiene a sus pies una alfombra de plantas y flores hasta besar las márgenes del Arroyo del Quinto”.

      Así  nos describe el arquitecto Vicente Muzás, en un cuento de 1907,  la primera imagen que se encontraban los viajeros al llegar a nuestro pueblo y que ha permanecido casi invariable hasta hace pocos años. 
     En la silueta de la población se recortaban sobre el cielo 4 torres: a un lado el granero, el silo y el palomar de la Huerta de la Salud; y  al otro el campanario neomudejar de la iglesia de San Matías. Destacaban también, sobre el caserío, dos grandes edificios conventuales: el seminario provincial de los padres paules y el noviciado de las ursulinas, enclavados ambos en antiguas quintas agrícolas y de recreo, cuya fundación se pierde en los orígenes de la población.

     Fueron las monjas francesas de la Sagrada Familia de Burdeos las que se instalaron en  la más hermosa de las quintas, que aún conservaba restos del  esplendor que había tenido en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando era la casa-palacio de los Marqueses de Santa Cruz [1], una de las familias más poderosas y ricas del país.

     Don José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz de Mudela, había adquirido la propiedad a través de la herencia de su primera esposa Doña María de la Soledad, hija del Duque de Alburquerque. Este duque era Francisco Fernández de la Cueva, último descendiente por línea primogénita de Beltrán de la Cueva -aquel de “La Beltraneja”-, y vivía retirado en su casa de Hortaleza, donde habían fallecido sus dos hijos varones y donde, años después, moriría él también enfermo de melancolía. Autor del poema “La Proserpina”[2], dedicó sus últimos años a la creación literaria bajo el rústico seudónimo de Pedro Silvestre del Campo.
     Sobre la puerta monumental que daba acceso al recinto, un dragón de piedra, símbolo de esta familia, vigiló durante muchos años la entrada a la huerta.                                                                                                                                                                                                                      (continuará)






[2] José María de Cossío. Fábulas Mitológicas en España. ISTMO,S.A. 1998. Vol.1.p.384

11 oct 2016

JORNADAS SOBRE HISTORIA DE HORTALEZA, OTOÑO 2016



     Queremos saludar, desde nuestro blog, la iniciativa de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid, por la programación de unas jornadas para la divulgación de la historia de Hortaleza. Bajo el impulso y organización del director de la biblioteca de Huerta de la Salud -nuestro amigo Juan Jiménez Mancha-  tendrán lugar, del 22 de octubre al 25 de noviembre, conferencias, debates, visitas guiadas por el casco antiguo y la emisión especial de un programa de radio.


     Nos adherimos a las jornadas con la publicación de nuevos artículos, entre los que destaca uno especialmente importante, y cuyo contenido hemos proporcionado a la organización de los actos para que se dé a conocer, al mismo tiempo, en este blog y en la conferencia del día 22 de octubre.  Este pequeño descubrimiento supone una novedad que cambiaría  muchos de los textos escritos sobre la historia de nuestro distrito. 

     Aquí tenéis la programación:


















21 may 2013

EL ESTANQUE DE ALBERTI

RAFAEL ALBERTI CON UNAS AMIGAS (1928)


Rafael Alberti, nuestro autor de la generación del 27, escribió un libro de poemas titulado “Sobre los Ángeles”, en el que expresaba su estado anímico, sumido en una profunda crisis sentimental. José María Amado, el que fuera director de la revista Litoral, recordó en varias ocasiones que fue en Hortaleza donde tuvo lugar el noviazgo imposible del que luego nacieron aquellos versos. Alberti había recibido el premio nacional de literatura en 1925 y decidió hacer una visita de agradecimiento a cada uno de los miembros del jurado, entre los que estaba Carlos Arniches, con cuya familia trabó amistad.



Carta de Rafael Alberti , sobre las reuniones de la Huerta de Mena. Ministerio de Cultura

Amado era sobrino nieto de Arniches y coincidió con el poeta en la “Huerta de Mena”, la propiedad hortaleceña de la familia. En sus recuerdos nos describe los juegos de frontón y futbol que se organizaban allí; los paseos a caballo acompañados de un viejo mastín para trillar en las cercanas eras del barrio de La Rusia; una curiosa celebración con el equipo del Atlético de Madrid del 1929 por su llegada a la final de Copa; las visitas de actores y músicos, y las reuniones, que calificaba de signo intelectual y poético, a las que acudían tres de los hijos de Arniches: Carlos, arquitecto de la Residencia de Estudiantes; Rosario, con su futuro marido, el escritor José Bergamín, y Pilar, con su novio, Eduardo Ugarte, fundador junto a Federico García Lorca, del grupo de teatro “La Barraca”.  También estaban, entre otros, el director de cine José López Rubio; el compositor Gustavo Pittaluga; el ingeniero Eduardo Rodrigáñez, al que Alberti dedicó el poema “El ángel de los números”, y Victoria Amado, de la que se había enamorado el poeta, al que todos ellos hacían corro sentados en el suelo, mientras él les mostraba sus dibujos y recitaba poemas. Solía ser al atardecer y a la orilla de un estanque con patos que había en el jardín y que aparece en su poema “el cuerpo deshabitado”:

TÚ. Yo. (luna.) Al estanque.
Brazos verdes y sombras
Te apretaban el talle.
Recuerdo. No recuerdo.
¡Ah, sí! Pasaba un traje
Deshabitado, hueco,
Cal muerta, entre los árboles.
Yo seguía…Dos voces
Me dijeron que a nadie.

Tras la guerra, la finca cambió de dueño y las reuniones cambiaron de signo. El nuevo propietario, el Doctor Manzanete, agasajaba a la élite del régimen de Franco. De niño, yo conocí aquel estanque: tenía el aire misterioso y bucólico del abandono. Por aquel entonces ocupaba la casa una pequeña congregación de monjas. Atrás habían quedado las elegantes fiestas de la posguerra y no se veía rastro de los aristocráticos cisnes que reemplazaron a los patos.
Ya en democracia, el estanque y la alameda circundante fueron arrasados para la construcción de la M40, quedando la “Huerta de Mena” seriamente amputada. Curiosamente se bautizó una avenida del barrio de Las Cárcavas, a pocos metros de la huerta, con el nombre de la que fuera compañera de Alberti en los años veinte: la pintora Maruja Mallo. ¡Contradicciones del sistema!

21 nov 2009

EL AGUA DE LOZOYA

Desde tiempo inmemorial, los habitantes de Hortaleza se habían abastecido de agua de los manantiales que había por la zona, de los pozos particulares y de las fuentes públicas. Estas últimas que eran de chorro libre y se proveían del agua del subsuelo, fueron perdiendo caudal paulatinamente, obligando a los diferentes ayuntamientos a realizar las obras necesarias para intentar aumentar y mejorar el suministro.
A principios del siglo XX, sin contar los lavaderos, eran tres las fuentes públicas que podíamos encontrar en el casco urbano. Dos de ellas se hallaban en las salidas de la población y estaban protegidas por sendas casetas de ladrillo de buena factura.
Al este, y arrimada al camino Viejo de Burgos, se encontraba la “Charca Juana”. Tenía un entorno muy apreciado, la sombra de los árboles y el frescor que proporcionaba su abrevadero, hacían muy agradable el lugar.
Al oeste, el “Pozo de la villa”, que estaba frente a las tapias del Hogar Infantil Clara Eugenia, casi en la actual glorieta de Santos de la Humosa. Este pozo se complementaba con la conocida popularmente como la “Mina de Vinagre”. Situada a unos pasos de él, y dentro de una cueva formada por ladrillos, surgía este manantial que mantenía un caudal suficiente, incluso en las grandes sequías, pues allí acudían las lavanderas a por agua, cuando el líquido elemento escaseaba en los lavaderos.
La tercera fuente, más céntrica, daba nombre al espacio donde se ubicaba: “Plaza de la fuente”, era de un caño y tenía acoplado un pilón de buen tamaño, como abrevadero del ganado. Fue desmontada en los años 60 del siglo XX y sustituida por otra ornamental, de fundición, que aún se conserva. Las dos primeras y la mina fueron destruidas con la urbanización de los barrios de San Lorenzo y de Orisa.
Pero lo que supuso una verdadera revolución en el abastecimiento de agua de la población fue la traída del agua de Lozoya desde el depósito de la Casa de Máquinas de la Ciudad Lineal. Este gran avance en la calidad de vida de los vecinos vino de la mano de la “Compañía Urbanizadora Madrileña”, la entidad encargada del desarrollo del gran proyecto del urbanista D. Arturo Soria Mata.

En noviembre de 1913 finalizaron las acometidas a los dos grandes conventos de Hortaleza, el de las monjas de la Sagrada Familia y el de los Padres Paúles. Seis meses después se inauguró la primera fuente pública con agua de Lozoya, fruto de un convenio entre la compañía y la corporación municipal, a la cabeza de la cual se encontraba uno de los alcaldes más diligentes de los que tenemos noticias: D. Eduardo Núñez Marques.

A continuación reproducimos el acta de la inauguración de esta fuente:

Acta de la inauguración de una fuente pública en Hortaleza
En la villa de Hortaleza , a las cinco de la tarde del día once de mayo de 1914, hallándose en la Plaza de la Constitución de este pueblo el Sr. Alcalde D. Eduardo Núñez Marqués, acompañado de los individuos que componen el Ayuntamiento y de los Sres. D. P. Vicente Buendía y García, ex Diputado á Cortes, D. Arturo Soria y Hernández, Diputado Provincial y D. Eugenio López Quiroga Somoza, Juez Municipal; D. Francisco Campos, cura párroco y D. Mariano Larra , cabo de la Guardia Civil, con asistencia también del infrascrito secretario de este Ayuntamiento y la presencia además de un buen número de vecinos de esta localidad, hizo uso de la palabra y manifestó: Que como hecho memorable y por todo el vecindario apetecido motivaba la presente reunión el acto solemne de inaugurar una fuente pública en esta localidad muy necesaria en la misma por la grande escasez que de dicho elemento se sentía. Y cuyo éxito, conseguido al fin, se debía muy principalmente a la constante labor realizada por todos los señores Concejales, al valioso concurso prestado por la Compañía Madrileña de Urbanización de la Ciudad Lineal y a la muy grata y eficaz cooperación de los de los señores Buendía y Soria, que con su poderosa influencia han venido a contribuir a tan benéfica obra. Hallándose ya construida dicha fuente en la Plaza de la Constitución de este pueblo, como sitio más céntrico para el consumo del vecindario y la cual, como es sabido, se ha costeado por suscripción voluntaria entre todos los vecinos mediante donativos de estos, y con los que también han cedido otras personas de alta y distinguida estimación social.

En su consecuencia se procedió acto seguido a la inauguración de dicha fuente, habiéndola bendecido el honorable párroco de esta localidad. D. Francisco Campos haciendo girar inmediatamente las llaves de paso y apertura del caño, hasta verlo correr y después pronunciadas por los Sres. Alcalde, Buendía y Soria las frases más elocuentes y alusivas al acto, y de haber hecho patente de un modo muy ostensible el referido Sr Alcalde su profundo agradecimiento y el de la Corporación que representa hacia cuantas personas y entidades han contribuido a tan hermosa mejora. Se dio el acto por terminado, del que se extiende la presente que firman todos los señores concurrentes conmigo, el secretario de que certifico.

Sello: Alcaldía Constitucional de Hortaleza.

Eduardo Núñez, Francisco Campos, Arturo Soria y Hernández,
Vicente Buendía, Eugenio López Quiroga Somoza, Cipriano Molpeceres,
José Aragoneses, Eusebio Sánchez, Saturnino Plaza, Julián Morales,
Ildefonso Sanz de la Torre, Doctor Chamorro Telle, José Obispo, A. Carnicero, Jesús Municio, Román Martínez, Teodoro Martín, Pedro Vitón, Juan Álvarez, Simeón Morales, Bernabé Morales, Rafael Ortega, Ramón García,
Mariano Parra Escamilla y Florentino González, secretario.

Esta fuente, que representó un hito histórico en el suministro de agua a la zona, ha sufrido este mismo año, una “restauración” que ha desfigurado su imagen completamente y borrado su inscripción. Es desoladora la falta de sensibilidad de los responsables de las obras de reforma del Casco Histórico de Hortaleza y del Ayuntamiento de Madrid.


Otra fuente olvidada es la de la antigua Plazuela de La Rusia.
                                     
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29 mar 2009

EL ARBOL DEL REY

. Reina María Cristina y su hijo Alfonso XIII.

Corrían los años setenta del pasado siglo, cuando la asociación de vecinos “La Unión Hortaleza” organizó, con cierta urgencia, una merienda campestre.
El motivo era que el viejo pinar de la calle López de Hoyos se encontraba en serio peligro de desaparición, los especuladores habían puesto sus ojos en él y querían talarlo para construir unos bloques de viviendas.
Llegado el día nos fuimos a la arboleda con la bota de vino y la tortilla de patatas. La concurrencia formaba un grupo no demasiado numeroso pero realmente festivo y se respiraba cierto aire de romería popular.
Entre nosotros se encontraban los cantantes Ana Belén y Víctor Manuel que también querían solidarizarse con la causa del pinar, pues vivían no muy lejos en una de las colonias de “La Prospe”. Como ya podéis imaginar después de comer, nuestros amigos los artistas agarraron la guitarra y sobre un pequeño escenario que se había improvisado interpretaron sus canciones, que todos acompañamos a coro.
Como ese día vino con nosotros mi abuelo Jonás, decidimos alejarnos del bullicio para dar un paseo entre los pinos centenarios, y en la conversación surgió mi pregunta: ¿Abuelo, por qué este bosque se llama “Pinar del Rey”?. El me contesto que no sabia el origen de ese nombre, pero que siempre se había oído, que uno de aquellos arboles había sido plantado por el rey Alfonso XIII.
Desde aquel día, “El Árbol del Rey” quedo como un mito grabado en mi imaginación y tuvieron que pasar muchos años para descubrir que no se trataba de ninguna leyenda.
La historia de ese árbol, es la historia del nacimiento de nuestro querido pinar, en el dia de la celebración de la "Fiesta del Árbol” más multitudinaria de la ciudad de Madrid.

Aquí tenéis uno de los multiples anuncios y avisos que aparecieron en la prensa de aquella época.

La fiesta del árbol

El secretario de la Comisión organizadora de dicha fiesta que, como ya saben nuestros lectores, será costeada por la Diputación y el Ayuntamiento, y fue iniciada por aquella, ha recibido contestaciones de la mayoría de los colegios oficiales y particulares, adhiriéndose a tan hermoso pensamiento.
Ultimados los detalles, solo se espera que S. M. la Reina, patrocinadora desde un principio de la fiesta, señale el día de su celebración.
La plantación, en la cual tomaran parte dos mil niños y en primer término S.M. el Rey D. Alfonso XIII, se verificara en el camino de Hortaleza, en el sitio llamado Cerro del Centinela.
A los niños que concurran a la fiesta, se les obsequiara con una suculenta merienda, entregándoseles también una medalla conmemorativa.
Los señores Fernández Shaw y Chapi han compuesto un himno, que se cantara en este acto.
Se publicara además el día en el que se verifique éste una hoja literaria con artículos que llevaran conocidas y acreditadas firmas.
Con tales preparativos no podrá menos de resultar magnifica y solemne la fiesta del Árbol.


Y esta es, casi en su integridad, la crónica publicada por el periódico : “La Iberia”


LA FIESTA DEL ARBOL

La salida
Desde las ocho de la mañana se veía ya en la Puerta del Sol un movimiento de niños vestidos de gala y luciendo la medalla conmemorativa de la primera Fiesta del Árbol.
Los colegiales, acompañados de sus respectivos profesores, se situaban en las aceras aguardando la hora de marchar.
Los carruajes que habían de conducir a los niños al lugar de la fiesta se situaron en la calle Mayor.
Eran en total 44 jardineras y llevaban en cifras grandes el número de escolares que cada una habría de transportar.
A las diez de la mañana salio la primera expedición infantil.
La banda y orfeón del Hospicio y la banda de San Bernardino, situadas en la acera del café de levante, interpreto mientras los niños subían a las jardineras varias piezas musicales, entre ellas el bonito pasacalle infantil “El Oso y el Madroño”, compuesto expresamente para la fiesta por el maestro Sr. Espinosa.
El aspecto que presentaba la Puerta del Sol en aquellos momentos era animadísimo.
Los balcones estaban llenos de gente, y mucha mas se agrupaba al paso de los coches que conducían a los regocijados chiquitines, muchos de los cuales llevaban hatillos y cestas con merienda.
A cada viajero se le entregaba un plano del punto donde se iba a celebrar el festival.
Cuidaban del buen orden el capitán del cuerpo de seguridad Sr. Borja y el inspector de la delegación de distrito.
Presenciaron la primera expedición, a más de una compacta concurrencia, el presidente de la diputación Sr. España, el secretario de este Sr. La Torre, el diputado provincial y arquitecto Sr. Belmás y el secretario del circulo obrero Sr. Ducazcai.
A las doce aproximadamente acabaron de salir los últimos coches que transportaban escolares, pero no cesó el movimiento de vehículos, sino que, por el contrario, aumento extraordinariamente por los que se dirigían hacia la Prosperidad.

Plantando los árboles. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

En el cerro del Centinela
Verdaderas avalanchas de vehículos y de peatones engrosaban a cada momento los compactos grupos que se dirigían por la falda del cerro y por los caminos que a el conducen.
A uno y otro lado de la carretera, en el cerro y en todos aquellos dilatados terrenos, había multitud de familias merendando y haciendo caso omiso del vendaval que soplaba y del polvo que convertía el aire en irrespirable.
Los niños manifestaron ruidosamente su alegría al contemplar aun desde larga distancia las banderas y gallardetes del cerro, adivinando que allí estaban los respectivos arbolitos.
Así es que al llegar, lo primero de que se ocuparon fue de buscar el que a cada uno le correspondía plantar.
En el terreno donde ha de enclavarse la barriada que proyecta la compañía Madrileña de Urbanización, veíanse porción de banderitas y gallardetes.
Casi todas las casas del barrio de la Prosperidad lucían colgaduras y banderas, y la multitud de merenderos, despachos de refrescos y bebidas, buñolerias y otros tenderetes improvisados por las inmediaciones del cerro, lucían también banderas y adornos de colores vivos que abrillantaban el conjunto…

…en la cumbre del cerro se había hecho una meseta, instalándose en la parte norte de ella un pabellón de madera, destinado para que la Real Familia asistiera al acto.
Constaba el pabellón de tres cuerpos; pórtico, al cual daba acceso una gradería, un salón largo y un gabinete con tocador. Las paredes estaban cubiertas con hermosos tapices.
En el salón principal habla una mesa con bouquets de flores y una bandeja con dulces para obsequiar á las augustas personas. Frente a esta mesa otra de escritorio, con tintero y pluma comprada exproceso para que se firmara el acta, que se hallaba en una elegante cubierta de papel…

Desde la puerta de la caseta hasta el árbol del rey, cubrían el suelo preciosas alfombras.

El árbol del rey
Estaba frente por frente a la caseta y ostentaba en su cartela el numero uno.
El árbol del rey es un lindo bonetero de metro y medio de altura; a ambos lados había dos pequeños montones de tierra.
Limitaban la meseta dos filas de sillas formando herraduras, y distribuidos por aquella y la falda del cerro, estaban todos los arbolitos con estacas guiones indicando los números de los de cada sección y además con su numero correspondiente cada uno.


El reparto de las provisiones. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

Las meriendas
Transportadas en dos camiones, desde los cuales se les entregó á los pasantes y éstos las distribuían a los colegiales.
Estos obsequios, costeados por la Diputación y el Ayuntamiento, se componían de unas rajitas de salchichón, otras de lengua, de jamón, un pastel, una naranja y un panecillo, todo encerrado en una cajita de cartulina.
Los niños se esparcieron alegremente, y aquellos, que poco antes sólo se ocupaban de los arbolillos, se pusieron a merendar.
El efecto entonces era delicioso. Por donde quiera que se dirigía la mirada había encantadores grupos de niños sentados en el césped, consumiendo el contenido de la cajita pero sin alejarse mucho de sus respectivos árboles y palas.
Los niños del colegio de San Ildefonso formaron un gran corro en torno de sus profesores y comieron también la merienda, consistente en tortilla de jamón, dulces y fruta.
Las dos bandas, la del Hospicio y la de San Bernardino, amenizaron la comida campestre…

Distribuidos convenientemente para el buen orden de la fiesta había en aquellos lugares 572 agentes de seguridad a las órdenes del coronel Morera, 200 guardias civiles de infantería y muchas parejas de caballería del 14º tercio.

A las dos de la tarde
Los ministros de Gracia y Justicia y Fomento llegaron a la hora indicada, al propio tiempo que el arzobispo de Madrid –Alcalá, el gobernador civil, señor conde de Peña Ramiro, los embajadores de Francia, Italia, Austria y Alemania, el alcalde, el señor conde de Montarco, y el rector de la universidad central, que juntamente con el presidente de la diputación, señor España; los señores…

También se hallaba la ambulancia de la cruz roja entre las personas que aguardaban a los reyes…

Llegada de SS. AA.
A las tres en punto llegaron las infantas doña Isabel y doña Eulalia, siendo recibidas por el elemento oficial.
S.A. la infanta doña Isabel participó que su majestad la Reina no podía asistir por hallarse ligeramente indispuesto su augusto hijo.
SS. AA. pasaron al pabellón, en donde fueron obsequiadas con dulces y preciosos ramos de flores.
Transcurridos diez minutos, SS. AA., seguidas del elemento oficial, se dirigieron al ciprés destinado a S. M. el Rey y echaron dos paletadas de tierra, interin las bandas y escolares entonaban el magnifico himno de Chapi y Fernández Shaw. (Compuesto para la ocasión)
Seguidamente se levanto acta de la ceremonia, cuyo documento había redactado el secretario de la diputación Sr. Pozzi, firmando sus altezas y después Varias distinguidas personas que habían concurrido.
SS. AA. RR. Las infantas Dª Isabel y Dª Eulalia disponiéndose a plantar un árbol en representación de S. M. el Rey. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896.

El acta.
En la villa de Madrid, a 26 días del mes de Marzo de 1896, y a la hora de las dos de la tarde, congregadas las ilustres personas que firman este documento en el lugar denominado “El Cerro del Centinela”, designado para la fiesta del árbol, se procedió por 2000 niños alumnos de los colegios particulares de la capital, escuelas municipales, establecimientos de beneficencia y sociedades y centros a la plantación de los árboles que en adelante han de quedar encomendados a sus cuidados.
Y para que la mencionada fiesta iniciada por la Excma. Diputación provincial, bajo la augusta protección de SS. MM. El Rey D. Alfonso XIII y la Reina regente del reino (que Dios guarde), el concurso del Excmo. Ayuntamiento de Madrid y el de respetables personalidades, se perpetúe recuerdo tan grato, el secretario de la Excma. Diputación provincial levanta la presente acta.

Final
El acto termino a las cuatro, calculándose que habrán asistido a el mas de 50.000 personas.
Tomaron parte en la fiesta 2.117 niños de 46 colegios particulares de Madrid, del Hospicio provincial, de las Escuelas superiores Municipales de los diez distritos de Madrid y de las Escuelas elementales municipales.



Y así fue como desde aquel día se conoce al “Cerro del Centinela” como “Pinar del Rey”. Un día feliz para muchos niños en un tiempo en el que ya se atisbaba la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica.




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1 jun 2008

LA VILLA. 1888

“Sobre un alto o pequeña elevación, en terreno cortado por valles y algunos barrancos, se halla edificado este pueblo. Aunque bastante accidentado, tiene algo de alegre y risueño su horizonte; disfruta de cielo despejado, empañado tan solo por las nubes del verano y las escasas nieblas del invierno...

Su clima es benigno y delicioso en primavera y el otoño, padeciéndose algunas pulmonías y varias fiebres catarrales originadas por los intensos fríos del invierno…
Posee dos fuentes de ricas aguas potables, una dentro del pueblo, llamada Bomba, y otra sin nombre propio, en el camino de la Charca Juana. De la primera es de la que se surte el vecindario para su uso ordinario…

En el último censo figura este pueblo con 150 vecinos y 635 almas. Tienen edificadas hoy 168 casas, entre la cuales se distinguen la del Conde de Torre Pilares, la de D. Javier de Quinto, y la de D. Joaquín de la Torre. Hállanse agrupados estos edificios en las calles tituladas Astial, de la Iglesia, Barrionuevo, de la Fuente, del Cuartel, de la Lechuga, de Rusia, de Alcobendas, de las Norias, de la Taberna, del Quinto, de Madrid, de Burgos y Alta, con la plaza denominada de la Constitución. Tiene además fuera del radio del pueblo la casa palacio, rodeada de monte, conocida con el nombre de La Moraleja”

Antonio Marín (1888)


Extraído del libro: “Historia del distrito de Hortaleza”de Fco. Javier Pastor Muñoz



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