1 nov. 2016

LA LLAMADA

Fotograma de La Llamada. Cementerio de Hortaleza. 1965.

La Llamada (1965). Director: Javier Setó.
9m23s. Escena rodada en el cementerio de Hortaleza .
Los actores Emilio Gutiérrez Caba  y Dianik Zurakowska recorren el interior del cementerio viejo; al fondo la iglesia de San Matías.
En la película aparece también la sucursal que tuvo el Mesón del Garnacho cerca de Mostoles. 





La Llamada (1965). Director: Javier Setó.
9m23s. Escena rodada en el cementerio de Hortaleza .
Los actores Emilio Gutiérrez Caba  y Dianik Zurakowska recorren el interior del cementerio viejo; al fondo la iglesia de San Matías.
En la película aparece también la sucursal que tuvo el Mesón del Garnacho cerca de Mostoles. 



22 oct. 2016

GAUDIA SUNT…


   Si hay algo que ha caracterizado la conformación del casco viejo de Hortaleza es la presencia, en su término y trama urbana de lo que se llamaban “casas de recreo” y que hoy calificaríamos como casas de vacaciones. Los usuarios de estas “segundas viviendas” residían, en su mayoría, en Madrid y las utilizaban para pasar los calurosos meses del verano, reposar por largas temporadas para curar de alguna enfermedad, o simplemente para retirarse de la corte a tomar el saludable aire del campo.
     No todas estas residencias eran en propiedad, algunas se arrendaban para la ocasión. Las había de todos los tamaños: desde el sencillo cuarto para el menos pudiente, hasta las hermosas villas, pasando por las casas con jardincillo. 
     Las más importantes solían tener integradas en su perímetro una granja o casa de labor que aportaba buenos réditos a sus propietarios y daba trabajo a muchos vecinos.
     Esta actividad, comparable al turismo rural de nuestros días, era practicada por las clases sociales más adineradas, y aunque se mantuvo hasta bien entrado el siglo pasado, tuvo su época más gloriosa durante el siglo XVIII cuando la villa era conocida, sobre todo, por  sus  “hermosas casas de placer, con bellos jardines y buena agua de fuentes; muchos de cuyos edificios son de varios Señores de la corte”.  La ida y venida de cortesanos y aristócratas alcanzó su cumbre en 1778  cuando el rey Carlos III dispuso la compra de la dehesa de la Moraleja en el término de Hortaleza, y emprende obras de embellecimiento de sus jardines y construcción de un nuevo palacio. 

     De aquel mundo ilustrado apenas nos ha quedado un pequeño vestigio que podemos visitar en el Parque de la Huerta de la Salud, se trata de la puerta monumental que daba acceso a la finca y que se halla en su actual ubicación desde 1999. Para su traslado, la puerta sufrió un catastrófico desmontaje que le causó daños irreparables e hicieron necesaria la restauración y sustitución de algunos elementos. En esta intervención se introdujo un error en la fecha de la inscripción de su dintel, grabando 1749 donde debería figurar 1744, cambiando el texto original que decía así:

GAUDIA SUNT NOSTRO PLUSQUAM REGALIA RURI;
URBE HOMINES REGNANT, VIVERE RURE DATUR 1744

     Esta composición en latín nos habla de lo placentera que es la vida en el campo para el hombre de ciudad y viene a decir lo siguiente:

“Son mis placeres en el campo más que reales:
 reinen otros en la ciudad; en el campo es realmente posible vivir”

     Dª María Ruiz Sánchez, de la Universidad de Murcia, nos da la clave del origen de ese texto en su tesis doctoral sobre la obra de Juan de Iriarte.

     Iriarte, poeta, latinista, bibliotecario real, miembro de las Academias de la Lengua y de las Bellas Artes, compuso este epigrama en 1744 a petición de su amigo y paisano don José Álvarez de Abreu para colocar en las puertas de su villa en Hortaleza. 


RETRATO DE JUAN DE IRIARTE. ANTONIO DE ESPINOSA. 1771. BNE
     El autor introdujo en el texto, con cierto sentido del humor, el título que ostentaba el propietario de la quinta: REGALÍA -Marqués de la Regalía-, para que así quedara, sobre el pórtico,  a la vista de todo el mundo. 
     El poeta pasó, al menos, un verano en la villa del marqués, convaleciente de algún achaque, componiendo varias obras dedicadas a la campiña hortaleceña.

      Muchos nos hemos preguntado, a lo largo de los años, quien mandó grabar esas letras, sin saber que la respuesta estaba, ante nuestros ojos, grabada en la piedra.

11 oct. 2016

JORNADAS SOBRE HISTORIA DE HORTALEZA, OTOÑO 2016



     Queremos saludar, desde nuestro blog, la iniciativa de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid, por la programación de unas jornadas para la divulgación de la historia de Hortaleza. Bajo el impulso y organización del director de la biblioteca de Huerta de la Salud -nuestro amigo Juan Jiménez Mancha-  tendrán lugar, del 22 de octubre al 25 de noviembre, conferencias, debates, visitas guiadas por el casco antiguo y la emisión especial de un programa de radio.


     Nos adherimos a las jornadas con la publicación de nuevos artículos, entre los que destaca uno especialmente importante, y cuyo contenido hemos proporcionado a la organización de los actos para que se dé a conocer, al mismo tiempo, en este blog y en la conferencia del día 22 de octubre.  Este pequeño descubrimiento supone una novedad que cambiaría  muchos de los textos escritos sobre la historia de nuestro distrito. 

     Aquí tenéis la programación:


















12 may. 2014

EL CHICO DE LA SEÑORA GENEROSA



Luis Aragonés  formaba parte de ese puñado de madrileños en cuyo DNI figura Hortaleza como lugar de nacimiento. Todos ellos vinieron al mundo antes de 1949, año de anexión a la ciudad de Madrid, en un parto que solía producirse en el hogar familiar, al que ayudaban las vecinas o Don Agustín, el médico del pueblo.

Nació en una casa que poseían sus padres, Hipólito y Generosa, en el numero 9 de la calle de La Juventud de 1931el nombre republicano de la calle de la Taberna, hoy conocida como calle Mar Cantábrico. La vivienda tenía un zaguán con un portalón de madera por el que entraban a las cuadras un par de yuntas  (una de bueyes y otra de mulas) que tenían para cultivar El Artesón, una tierra conocida  por tener enclavado un nido de ametralladoras.

Y es que Luis nació en 1938 en un pueblo completamente transformado por la guerra. La tranquila villa agrícola era entonces un hormiguero humano: los conventos y quintas, convertidos en cuarteles, no eran suficientes para alojar a las tropas, y en cada casa particular se aposentaron soldados, oficiales y caballerías; también se habilitaron lugares para acoger a los numerosos refugiados procedentes de Móstoles, Alcorcón, Torrijos, Novés  y de otros pueblos de Madrid y Toledo. El trasiego de personas, animales y vehículos solo se detenía cuando sonaban las sirenas antiaéreas avisando de la aproximación de las “pavas”. Entonces todos corrían a los refugios. Uno de ellos se encontraba a escasos 90 pasos de la casa de los Aragonés, donde hoy está la oficina de correos. En este ambiente bélico transcurrió el primer año de vida de Luis; luego vinieron la represión y las penurias de la posguerra, y su familia se distinguió en esos difíciles momentos por  su solidaridad. Todavía recuerdan algunos “cuánta hambre quitó la señora Generosa”

Luis fue, algún año, a la escuela de La Humanitaria en Hortaleza, pero continuó sus estudios en un colegio de pago de la Ciudad Lineal.  El tiempo libre lo pasaba como los demás chicos: ayudando a sus padres en el trabajo, correteando por el lavadero viejo o escapándose a la Laguna de Valdebebas a ver pescar anguilas.


Desde muy pequeño comenzó a jugar fútbol. De aquella época le viene el mote de El Plomos, pues era tan larguirucho que sus amigos bromeaban con ponerle plomo en los bolsillos para que no le tumbase el aire.

Muy pronto falleció su padre y tuvo que hacerse cargo, como todos sus hermanos, de los negocios familiares. Conducía la vieja camioneta de Poli, una  Ford con una matrícula de dos números que fue la primera de los alrededores. También trabajaba cortando ladrillos en un rejal que tenían en la calle de Mar de Kara; allí acudían sus amigos para ayudarle a terminar la faena y salir pitando a los bailes con orquesta de la Ciudad Lineal. El Chuletín, La Geltrú, o La Charca, eran los sitios donde movían el esqueleto al son de sambas, boleros y pasodobles. Luis, que era muy buen bailarín, montaba el numero en la pista bailando el twis con mi tío Federe de pareja.


Jugaba al fútbol en el Club Pinar cuando se fijaron en él Ángel Ramos, un carnicero del pueblo, y un tal Sacristán, profesor de gimnasia en la academia de Policía Armada, estos dos hombres fueron sus mentores y los que impulsaron la carrera futbolística de este hortaleceño que figurará para siempre en la historia del deporte español.