28 mar. 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA VI. El Incendio.


Durante la guerra civil el noviciado de la Sagrada Familia había sido cuartel de la CNT-FAI, cuartel de “el Campesino” (famoso jefe militar comunista) y academia de Carabineros. Tras la rebelión del coronel Segismundo Casado se sucedieron varios días de fuertes combates entre las dos facciones republicanas, hasta el 11 de marzo de 1939, en que las tropas de Casado entran en Hortaleza, poniendo en desbandada a sus oponentes y aplastando el último foco de resistencia en la Huerta de la Salud. La huida  precipitada de los cuarteles dejó desperdigado todo tipo de armamento y pertrechos militares, que sirvieron a los chavales del pueblo como peligroso entretenimiento, hasta que las Divisiones de Requisa franquistas se hicieron cargo.  El día 28 el Comandante Militar de la Plaza destituyó a los vocales del Consejo Municipal republicano y los encarceló, junto a otros vecinos, en “La Casa de los Padres” del convento. Dieciséis de los detenidos fueron fusilados en los siguientes meses.

Casa de los Padres. 
1936-1939 Sede del Consejo Municipal Republicano de Hortaleza.

                En la posguerra, la finca era Parque de Automovilismo del Ejército cuando el Auxilio Social de Falange Española y de las JONS le echó el ojo, con la primera intención de poner allí la sede principal de su movimiento. Aunque las monjas se negaron a cederla inicialmente, recibieron presiones de las “más altas” esferas del régimen y terminaron por claudicar. En octubre de 1941 el general Franco inauguró el Hogar Clara Eugenia para niñas.

Ocho años más tarde, el 25 de octubre de 1949 a las 5:30 de la tarde, una chispa prendió en una de las chimeneas del palacio, declarándose un voraz incendio. A pesar de la pronta intervención de los vecinos -que arrojaron por las ventanas muebles, máquinas de coser y pianos-,  y de la labor de tres parques de bomberos de la capital, la acción continuada del fuego durante 6 horas, lo redujo todo a cenizas.  Este fue el final del palacio, que junto a sus hermosos jardines; su cuidada huerta de árboles frutales; sus  fuentes, estanques y acequias; y su frondosa alameda,  había proporcionado tanto placer a los que lo conocieron. Como el escritor William Beckford, que comparando a nuestro pueblo con un elitista barrio londinense proclamó:
“Yo prefiero las tierras de Hortaleza al verdor del  West-end”

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