2 nov. 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA III. La Austriaca.



 
Marquesa de Santa Cruz de Francisco de Goya
Museo del Louvre.


    Don José de Silva contrajo matrimonio en Viena con Mariana von Waldstein, una aristócrata de 18 años a la que sacaba la friolera de 30 años. Después de pasar por Versalles para visitar a la Reina María Antonieta emprendieron viaje a Madrid, llegando en pleno mes de julio de 1781. De inmediato se trasladaron a su casa de campo, donde la joven austriaca disfrutó de su primer veraneo en Hortaleza.

     La nueva marquesa de Santa Cruz causó onda impresión en la corte madrileña por su inteligencia, belleza y alegría. De grandes dotes para la pintura, fue académica y directora honoraria de la Real Academia de San Fernando. Trabó amistad  con Goya siendo retratada por el pintor en un lienzo que hoy  cuelga de las paredes del museo del Louvre. En la pintura vemos a la señora vestida de maja, sobre un fondo campestre, mirando al espectador entre desafiante y risueña.


     El matrimonio tuvo cuatro hijos: tres niños y una niña. Esta última, María Ana de Silva Bazán y Waldstein, se casó a los 15 años con el futuro Duque de Frías, de la familia que fue propietaria de la vecina Huerta de la Salud  y  es la adolescente que pintó Goya en el cuadro titulado la Condesita de Haro.

María Ana Silva-Bazán y Waldstein, condesa de Haro.
 Francisco de Goya.



      Mientras el marques se dedicaba a sus quehaceres, Doña Mariana vivió la vida intensamente, cultivando la amistad con gran discreción. Entre sus “íntimos” figuran: El banquero Cabarrús, creador del Banco de San Carlos, embrión del Banco de España; los embajadores de Francia Felix Guillermardet y Lucien Bonaparte; y el escritor inglés  William Beckford. Algunos de ellos gozaron de la tranquilidad de la quinta hortaleceña.

     En 1802 muere Don José, y los herederos ponen a la venta la posesión para no tener que asumir el alto coste de su mantenimiento, que se cifraba en tres veces lo que se obtenía por su explotación como granja.

    La marquesa viuda marcha a Italia, donde recibe los honores como pintora de las academias de Florencia y Roma. En esta capital falleció en 1807 Mariana von Waldstein última gran aristócrata que habitó el palacio de Buenavista de Hortaleza.

(Continuará)

7 sept. 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA II. La Gran Reforma


José de Silva Bazán. Marqués de Santa Cruz

Al morir el Duque de Alburquerque en 1757, la quinta que ocupaba lo que hoy conocemos como Parque Isabel Clara Eugenia, pasó a manos de la única hija que le sobrevivió: María de la Soledad. Ella se había casado hacía apenas dos años con José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz.
Don José era el prototipo de hombre culto e ilustrado de aquel tiempo, amante de las artes y la ciencia. Eran famosos en Madrid los experimentos que realizaba en su laboratorio de química y su gabinete de Física. Seguramente el más concurrido fue la ascensión, desde los jardines de su casa, de uno de los primeros globos aerostáticos que surcaron los cielos de la capital. Nombrado director de la Real Academia de la Lengua se afanó en la construcción de una nueva sede. Muy cercano a la familia real, ejerció de mayordomo mayor en palacio con Carlos III y Carlos IV, y también fue ayo del futuro rey Fernando VII, sin duda una ardua labor visto los resultados.
En Hortaleza, los marqueses iniciaron enseguida las obras para transformar la vieja casa de campo en un lujoso palacio al gusto de la época. El edificio se encontraba en la parte más alta de la huerta, ocupando una superficie aproximada de 1.700 m2,  tenía dos plantas con patios interiores y una torre en la fachada de poniente. De fábrica de ladrillo y mampostería, estaban labrados en granito los zócalos, las jambas y los arcos.
Además de renovar la vivienda, también se modificaron los paseos que recorrían la alameda y se trazó un nuevo jardín de parterres, con dos fuentes y un estanque dedicado al dios Baco. Todo el espacio estaba  adornado con numerosos bustos y esculturas sobre sus pedestales, destacando los conjuntos de las Cuatro Estaciones y Los Continentes, a las que acompañaban, entre otras figuras mitológicas, el dios del comercio: Mercurio, la diosa de la agricultura: Ceres;  y dos magníficos Hércules.
Estando las obras en marcha murió la esposa, permaneciendo viudo el marqués durante 20 largos años, hasta que, acuciado por la mala salud de su hijo primogénito, emprendió viaje por las cortes europeas en busca de nueva esposa.


(Continuará)

28 abr. 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA I. La Torre de los Alburquerque.

Ilustración del libro La Proserpina con el escudo del Duque de Alburquerque
Universidade de Santiago de Compostela 


     “Y por la hermosa carretera nos dirigimos a la localidad, objeto de nuestras investigaciones. Cruzamos la divisoria entre las cuencas de los ríos Jarama y Manzanares, y poco después llegamos al pueblo de Hortaleza, fundado sobre una colina, y que tiene a sus pies una alfombra de plantas y flores hasta besar las márgenes del Arroyo del Quinto”.

      Así  nos describe el arquitecto Vicente Muzás, en un cuento de 1907,  la primera imagen que se encontraban los viajeros al llegar a nuestro pueblo y que ha permanecido casi invariable hasta hace pocos años. 
     En la silueta de la población se recortaban sobre el cielo 4 torres: a un lado el granero, el silo y el palomar de la Huerta de la Salud; y  al otro el campanario neomudejar de la iglesia de San Matías. Destacaban también, sobre el caserío, dos grandes edificios conventuales: el seminario provincial de los padres paules y el noviciado de las ursulinas, enclavados ambos en antiguas quintas agrícolas y de recreo, cuya fundación se pierde en los orígenes de la población.

     Fueron las monjas francesas de la Sagrada Familia de Burdeos las que se instalaron en  la más hermosa de las quintas, que aún conservaba restos del  esplendor que había tenido en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando era la casa-palacio de los Marqueses de Santa Cruz [1], una de las familias más poderosas y ricas del país.

     Don José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz de Mudela, había adquirido la propiedad a través de la herencia de su primera esposa Doña María de la Soledad, hija del Duque de Alburquerque. Este duque era Francisco Fernández de la Cueva, último descendiente por línea primogénita de Beltrán de la Cueva -aquel de “La Beltraneja”-, y vivía retirado en su casa de Hortaleza, donde habían fallecido sus dos hijos varones y donde, años después, moriría él también enfermo de melancolía. Autor del poema “La Proserpina”[2], dedicó sus últimos años a la creación literaria bajo el rústico seudónimo de Pedro Silvestre del Campo.
     Sobre la puerta monumental que daba acceso al recinto, un dragón de piedra, símbolo de esta familia, vigiló durante muchos años la entrada a la huerta.                                                                                                                                                                                                                      (continuará)





[1] Mi agradecimiento a Julio Fernández-Palomero, historiador residente en Berlín, que me descubrió en sus cartas la presencia de los Marqueses de Santa Cruz en Hortaleza.
[2] José María de Cossío. Fábulas Mitológicas en España. ISTMO,S.A. 1998. Vol.1.p.384