17 dic. 2009

LA VILLA. 1792




HORTALEZA, Villa bien nombrada y conocida de Castilla la nueva en la Provincia de Madrid. Está situada en buen clima, y su territorio abunda en granos y frutas, algún vino, y especialmente legumbres y hortalizas, de que tiene muchas huertas, que parece haberla dado el nombre que hoy goza. Habitanla 400 vecinos, con una Iglesia Parroquial. Tiene hermosas casas de placer, con bellos jardines y buena agua de fuentes; muchos de cuyos edificios son de varios Señores de la Corte, que allí pasan á recrearse y divertirse. Dista Hortaleza de Madrid, cinco quartos de legua: dos leguas cortas de Ballecas, legua y media de Vicalvaro, media legua larga de Foncarral, legua y media de Alcobendas; y dos leguas escasas al sitio del. Pardo.

 ENCYCLOPEDIA METÓDICA. GEOGRAFÍA MODERNA. 1792

21 nov. 2009

EL AGUA DE LOZOYA

Desde tiempo inmemorial, los habitantes de Hortaleza se habían abastecido de agua de los manantiales que había por la zona, de los pozos particulares y de las fuentes públicas. Estas últimas que eran de chorro libre y se proveían del agua del subsuelo, fueron perdiendo caudal paulatinamente, obligando a los diferentes ayuntamientos a realizar las obras necesarias para intentar aumentar y mejorar el suministro.
A principios del siglo XX, sin contar los lavaderos, eran tres las fuentes públicas que podíamos encontrar en el casco urbano. Dos de ellas se hallaban en las salidas de la población y estaban protegidas por sendas casetas de ladrillo de buena factura.
Al este, y arrimada al camino Viejo de Burgos, se encontraba la “Charca Juana”. Tenía un entorno muy apreciado, la sombra de los árboles y el frescor que proporcionaba su abrevadero, hacían muy agradable el lugar.
Al oeste, el “Pozo de la villa”, que estaba frente a las tapias del Hogar Infantil Clara Eugenia, casi en la actual glorieta de Santos de la Humosa. Este pozo se complementaba con la conocida popularmente como la “Mina de Vinagre”. Situada a unos pasos de él, y dentro de una cueva formada por ladrillos, surgía este manantial que mantenía un caudal suficiente, incluso en las grandes sequías, pues allí acudían las lavanderas a por agua, cuando el líquido elemento escaseaba en los lavaderos.
La tercera fuente, más céntrica, daba nombre al espacio donde se ubicaba: “Plaza de la fuente”, era de un caño y tenía acoplado un pilón de buen tamaño, como abrevadero del ganado. Fue desmontada en los años 60 del siglo XX y sustituida por otra ornamental, de fundición, que aún se conserva. Las dos primeras y la mina fueron destruidas con la urbanización de los barrios de San Lorenzo y de Orisa.
Pero lo que supuso una verdadera revolución en el abastecimiento de agua de la población fue la traída del agua de Lozoya desde el depósito de la Casa de Máquinas de la Ciudad Lineal. Este gran avance en la calidad de vida de los vecinos vino de la mano de la “Compañía Urbanizadora Madrileña”, la entidad encargada del desarrollo del gran proyecto del urbanista D. Arturo Soria Mata.

En noviembre de 1913 finalizaron las acometidas a los dos grandes conventos de Hortaleza, el de las monjas de la Sagrada Familia y el de los Padres Paúles. Seis meses después se inauguró la primera fuente pública con agua de Lozoya, fruto de un convenio entre la compañía y la corporación municipal, a la cabeza de la cual se encontraba uno de los alcaldes más diligentes de los que tenemos noticias: D. Eduardo Núñez Marques.

A continuación reproducimos el acta de la inauguración de esta fuente:

Acta de la inauguración de una fuente pública en Hortaleza
En la villa de Hortaleza , a las cinco de la tarde del día once de mayo de 1914, hallándose en la Plaza de la Constitución de este pueblo el Sr. Alcalde D. Eduardo Núñez Marqués, acompañado de los individuos que componen el Ayuntamiento y de los Sres. D. P. Vicente Buendía y García, ex Diputado á Cortes, D. Arturo Soria y Hernández, Diputado Provincial y D. Eugenio López Quiroga Somoza, Juez Municipal; D. Francisco Campos, cura párroco y D. Mariano Larra , cabo de la Guardia Civil, con asistencia también del infrascrito secretario de este Ayuntamiento y la presencia además de un buen número de vecinos de esta localidad, hizo uso de la palabra y manifestó: Que como hecho memorable y por todo el vecindario apetecido motivaba la presente reunión el acto solemne de inaugurar una fuente pública en esta localidad muy necesaria en la misma por la grande escasez que de dicho elemento se sentía. Y cuyo éxito, conseguido al fin, se debía muy principalmente a la constante labor realizada por todos los señores Concejales, al valioso concurso prestado por la Compañía Madrileña de Urbanización de la Ciudad Lineal y a la muy grata y eficaz cooperación de los de los señores Buendía y Soria, que con su poderosa influencia han venido a contribuir a tan benéfica obra. Hallándose ya construida dicha fuente en la Plaza de la Constitución de este pueblo, como sitio más céntrico para el consumo del vecindario y la cual, como es sabido, se ha costeado por suscripción voluntaria entre todos los vecinos mediante donativos de estos, y con los que también han cedido otras personas de alta y distinguida estimación social.

En su consecuencia se procedió acto seguido a la inauguración de dicha fuente, habiéndola bendecido el honorable párroco de esta localidad. D. Francisco Campos haciendo girar inmediatamente las llaves de paso y apertura del caño, hasta verlo correr y después pronunciadas por los Sres. Alcalde, Buendía y Soria las frases más elocuentes y alusivas al acto, y de haber hecho patente de un modo muy ostensible el referido Sr Alcalde su profundo agradecimiento y el de la Corporación que representa hacia cuantas personas y entidades han contribuido a tan hermosa mejora. Se dio el acto por terminado, del que se extiende la presente que firman todos los señores concurrentes conmigo, el secretario de que certifico.

Sello: Alcaldía Constitucional de Hortaleza.

Eduardo Núñez, Francisco Campos, Arturo Soria y Hernández,
Vicente Buendía, Eugenio López Quiroga Somoza, Cipriano Molpeceres,
José Aragoneses, Eusebio Sánchez, Saturnino Plaza, Julián Morales,
Ildefonso Sanz de la Torre, Doctor Chamorro Telle, José Obispo, A. Carnicero, Jesús Municio, Román Martínez, Teodoro Martín, Pedro Vitón, Juan Álvarez, Simeón Morales, Bernabé Morales, Rafael Ortega, Ramón García,
Mariano Parra Escamilla y Florentino González, secretario.

Esta fuente, que representó un hito histórico en el suministro de agua a la zona, ha sufrido este mismo año, una “restauración” que ha desfigurado su imagen completamente y borrado su inscripción. Es desoladora la falta de sensibilidad de los responsables de las obras de reforma del Casco Histórico de Hortaleza y del Ayuntamiento de Madrid.


Otra fuente olvidada es la de la antigua Plazuela de La Rusia.
                                     
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1 ago. 2009

QUESADA


Vallejo. "Vicente de Quesada".1845
ÁLBUM DEL SIGLO XIX. MUSEO ZUMALAKARREGI.
DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA.


En un caluroso agosto de hace 173 años, Hortaleza se vio envuelta en un terrible suceso que, desde entonces, invariablemente, es mencionado cada vez que se habla de su historia.


El hecho en cuestión fue el linchamiento, a manos de una multitud furiosa, del Capitán General de Castilla la Nueva, el general habanero Don Vicente Genaro de Quesada.
Como siempre que se menciona este caso no se suele entrar en detalles, (cosa comprensible por lo escabroso del asunto), vamos a intentar resumir los acontecimientos que llevaron a aquella barbaridad y como fueron los hechos.

Corría el año de 1836 y en aquellos días se extendía, por el país, un movimiento revolucionario a favor del retorno de la constitución de 1812 y en contra del gobierno que defendía la permanencia de un estatuto de 1834 en el que no se reconocía, ni la soberanía popular, ni la libertad de prensa.

Desde el 25 de julio, en que un enfrentamiento entre la Guardia Nacional de Málaga y las autoridades terminó con la muerte de los gobernadores militar y civil, la constitución de 1812 se fue publicando en las principales ciudades de España, con gran contento de la población. Pero en la capital, el gobierno quiso mantener su autoridad por encima de todo, y para ello contaba con una fuerza de unos 8000 hombres al mando del General Quesada, quién promulgó una serie de duras medidas para contener a los alborotadores, ordenando que se desarmara a los cinco mil guardias nacionales que había en la provincia, aplicando la pena de muerte a aquel que se negase a entregar las armas.

Mientras, la reina regente María Cristina y su hija Isabel II, se habían retirado a la Granja de San Ildefonso y fue precisamente allí, en la noche del 13 de Agosto, donde estalló la revuelta conocida como la “Sargentada de la Granja”. Una comisión encabezada por dos sargentos de las tropas que protegían el palacio, exigió la vuelta a la constitución de 1812, consiguiendo, hacia las tres de la mañana, que la reina firmara un decreto por el cual se adoptaba dicha constitución como norma fundamental, hasta la formación de nuevas cortes constituyentes.

En Madrid, a pesar de las noticias que llegaban de la Granja, seguía la represión de las pacíficas manifestaciones populares, bajo la dirección implacable de Quesada, que cumplía así la promesa dada a la reina de mantener el orden. El mismo, al ver que los oficiales no estaban por la labor de derramar sangre y que los soldados se unían a los ciudadanos al grito de ¡Viva la Constitución!, salió del Palacio Real al frente de un escuadrón de coraceros, para dispersar a los madrileños, que ya comenzaban a levantar barricadas en la Puerta del sol.

El balance de estas refriegas y encontronazos con los guardias nacionales, fue de algún muerto, numerosos heridos, y un disparo dirigido a Quesada, que aunque no llego a acertarle, si consiguió enfurecerle aun más. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el capitán general mando sacar los cañones a la calle, colocando piezas de artillería en lugares estratégicos del centro de Madrid, poniendo a la ciudad en un verdadero estado de sitio. 

Todo esto y algunas otras humillaciones hicieron que creciera el odio popular hacia este militar al que los nacionales llamaban ya “El Liberticida”.

Fue en la mañana del día 15, mientras se afeitaba, cuando recibió la noticia de que había sido destituido con todo el gobierno y se nombraba en su lugar al general Seoane. En ese momento se sintió confuso y engañado, pues los mensajes que recibía de un “informante” en el entorno de la reina, no se atenían a los hechos y se dio cuenta que estuvo manteniendo, con mano de hierro, un régimen que hacía dos días había desaparecido. 
Parsimonioso, se vistió de civil, con levita y pantalones blancos, e hizo llamar a su mujer para despedirse y ponerla en guardia ante posibles altercados. Tomó su bastón, el sombrero de copa, y se despidió de todos diciendo que se marchaba a su casa de Hortaleza en compañía de un amigo de la casa.
Con toda tranquilidad y aplomo fue recorriendo las calles que se encontraban atestadas de guardias nacionales, intentó salir por la puerta de Bilbao pero notó que levantaba sospechas en los guardias y se marchó a la de Santa Barbara,para allí tomar el camino a Hortaleza.

Quiso el destino que, en el camino, los dos personajes se cruzaran con un muchacho de 13 años llamado Lorenzo Iborte, mozo de una tienda de la calle Fuencarral, de la que era cliente Don Vicente. El chico, que volvía de entregar un recado, le reconoció, observó donde se dirigían y regresó a todo correr a Hortaleza para contárselo a la autoridad. 

Avisado el alcalde y en unión de dos nacionales, salió en su busca; se dice que para protegerle, pues los ánimos también se encontraban exaltados en la población. En una casa apartada del pueblo, que era propiedad de un platero, se produjo la detención: 

…preguntado si era el general Quesada respondió con la negativa. Preguntado otra vez con más instancia, vio claramente que estaba descubierto, y respondió con mucho desenfado: “Yo soy, qué le importa a vuestra merced”. 

Entonces le condujeron al pueblo, que en esa época no tenía cárcel, y le encerraron en una dependencia de una casa de labor, amurallada, a la entrada de la villa, que pertenecía al rico e influyente mercader Don Juan José Marcó del Pont ,que residía por temporadas en el que fuera palacio de los Marqueses de Santa Cruz (2), también de su propiedad (1). 
En esta casa se le puso una guardia de carabineros de costas y fronteras, cuyo oficial se ofreció a proteger al general, y otra de milicianos del pueblo.
De inmediato se mando un emisario a la corte, para comunicar el arresto a las nuevas autoridades, pero fue precisamente este hombre el que, sin quererlo, puso en marcha la locura colectiva.
Entrando el mensajero a Madrid, por la puerta de Santa Bárbara, se encontró con la calle de Hortaleza atestada de ciudadanos que celebraban el cambio de gobierno, al ver el pobre, que se le hacía imposible llegar a la Puerta del Sol, pidió paso a voz en grito, diciendo que tenía que informar urgentemente del arresto de Quesada en Hortaleza. 
La noticia corrió como reguero de pólvora, por las calles de Madrid. Unos marcharon hacia la calle Alcalá y Recoletos, para tomar las calesas de alquiler que allí se estacionaban; otros (los que se encontraban montados) salieron a galope tendido, y los que no tenían medio de transporte enfilaron hacia Hortaleza a pie para ver entre rejas al odiado general.

Sobre las tres de la tarde, alrededor de la improvisada prisión, ya se había congregado una enfurecida turbamulta, que llego a ser, según algunas fuentes, de más de mil personas. 
El detenido preguntó a sus vigilantes si entre los exaltados había guardias nacionales. Al responderle afirmativamente dijo:
“Entonces estoy perdido”.

En este punto algunos autores se refieren a una niña que vivía en la casa y que le preguntó si quería ver al cura párroco, a lo que respondió el detenido:

“Si. Necesito un sacerdote, pues estoy a punto de morir”.

A duras penas los guardianes podían contener a la masa cuando alguien gritó que a lo lejos se divisaban tropas a caballo. Eran los cuarenta coraceros de la reina que había mandado el general Seoane para llevarse al detenido.

Al ver los más exaltados que perdían la oportunidad de la venganza, introdujeron una pistola por entre las rejas de la ventana y descerrajaron un pistoletazo al general. Este, herido, les grito que si deseaban matarle tenían que dispararle una segunda vez; y les dijo:

“Una vez no es suficiente”

Vallejo. "Asesinato de Quesada".1845
ÁLBUM DEL SIGLO XIX. MUSEO ZUMALAKARREGI.DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA.

Entonces la turba, ya sin control, encañonó a los guardianes amenazándoles de muerte y se abalanzó sobre la puerta derribándola. Tras los dos primeros disparos que acabaron con la vida del general, algunos, fuera de sí, se ensañaron con el cadáver. Aquí, unos dicen que le cortaron las manos y otros que las orejas. El caso es que a pesar de algunos relatos terribles, la crueldad no fue a más, pues cuando se disponían a desnudar al difunto, llegaron los coraceros interponiéndose entre él y los agresores.
Mientras los atacantes regresaban a Madrid, después de su bárbara excursión, el cuerpo del general fue custodiado hasta que, hacia las nueve de la noche, el alcalde mando darle sepultura en el cementerio de Hortaleza.



Este crimen absurdo, que fue utilizado por las potencias europeas absolutistas para denigrar al nuevo gobierno liberal y a la constitución que defendían, también trajo consecuencias nefastas para algunos ciudadanos inocentes, pues como resultado de la investigación que se promovió para esclarecer el suceso, fueron encarcelados el 7 de noviembre de 1839 los siguientes vecinos de Hortaleza:

Pedro Ruiz, soltero de treinta y ocho, herrador.
Ruperto Santos, de treinta y uno
Antonio Rubio, de treinta y seis
José Aguado, de treinta y cuatro
Manuel López de cincuenta y cuatro
Francisco Moris, (aparece en la sentencia como difunto).
Vecinos y nacionales en el pueblo de Hortaleza.

Todos menos uno (para el cual el juicio llego demasiado tarde) fueron puestos en libertad el 7 de octubre de 1841, tras dos años de presidio, al ser absueltos libremente…

… de los cargos contra ellos deducidos en esta causa, sin que pueda perjudicar a su buena opinión y fama el haber sido comprendidos en la misma; los reservamos su derecho para que sobre los daños y perjuicios que por ella se les haya originado puedan deducirlo cómo, dónde y contra quien corresponda; sobreseyéndose respecto de Francisco Moris, difunto; declaramos así mismo no haber habido lugar para la prisión decretada en 7 de noviembre de 1839 contra dichos procesados por el juez de primera instancia don Miguel Renedo, a quien se apercibe que en lo sucesivo para providencias de esta naturaleza en el estado en que en aquella fecha tenía el proceso, obre con más detenimiento y circunspección…
(1)- Añadido el 30 de marzo de 2011.
(2)- Añadido el 24 de febrero de 2012.

29 jul. 2009

PSOE

Sello de la Agrupación Socialista de Hortaleza. 1936

Existen dos formas de conocer la memoria de los pueblos, una es paseando por sus calles y ver como las piedras de sus edificios nos cuentan viejas historias, y otra sumergirse en el estudio de sus documentos históricos. Por desgracia, de la Hortaleza antigua no queda mucho, conservándose el trazado de sus calles y algún vestigio arquitectónico. Por eso, los documentos relacionados con su historia, tienen un gran valor.

Hoy os traigo la transcripción del acta de constitución de la Agrupación Socialista de Hortaleza. Un curioso documento de 1936 en el que figuran los nombres de algunos ciudadanos que se unieron con la ilusión de mejorar la sociedad a través de la libertad y la justicia.



Con mi agradecimiento a D. Luis Casillas



Callejuela del Mediodia
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29 jun. 2009

TOBAR


El otro día me acerqué al casco histórico para charlar con un amigo que conoce bien la Huerta de la Salud, pues quería escribir algo sobre la última época de la finca, y me faltaban algunos datos. La verdad es que no conseguí gran cosa, como ya me imaginaba, sobre todo en lo que se refiere a uno de sus últimos propietarios, Don Pedro Tobar, pues siempre se encuentra un cierto misterio cuando se trata de este personaje.




Por entonces se publicó en los periódicos la noticia de la aparición, en perfecto estado, de una película de los comienzos de la II República Española. No perdí tiempo y busque el video en Internet.
Es un documento impresionante con una extraordinaria calidad de imagen y sonido. Andaba yo pensando en la frescura que destilaba el reportaje a pesar de los años y en como aquellos personajes históricos volvían a la vida por la magia del cine, cuando de repente, apareció él, el mismísimo don Pedro Tobar, con sus largas barbas. Ahí estaba levantando acta de la cesión de la Casa de Campo al pueblo de Madrid el 6 de mayo de 1931, entre el ministro de hacienda Don Indalecio Prieto y el alcalde Don Pedro Rico. Ceremonioso y con cierto nerviosismo, Tobar inicia el aplauso a los discursos de los políticos. ¡Vaya papelón!, él, que había donado 25 pesetas para un monumento a Alfonso XIII, rodeado de tan altas autoridades de la República.





El caso, es que “la aparición” me ha animado a escribiros este pequeño texto sobre el “duque de Tobar” ( como le llamaban en Hortaleza) y su gran proyecto. Fue abogado y decano del Colegio de Notarios de Madrid, refundador de la antigua quinta de la Huerta de la Salud, que adquirió, junto con las tierras que de ella dependían, en 1894. Esta abultada hacienda fue acrecentándose de manera sistemática a lo largo de los años, unas veces mediante la compra de tierras, otras veces las propiedades se adquirían como la garantía de pago de préstamos que él mismo concedía a agricultores, que finalmente no podían satisfacer su deuda, y otras aplicando sus conocimientos de las leyes, como así fue en el famoso pleito que ganó en el juzgado de Colmenar Viejo (sentencia del 10 de septiembre de 1925), contra el Ayuntamiento de la villa de Hortaleza, por el cual, el Arroyo Valdebebas y su entorno paso a ser de su propiedad. La cuestión es que, de una u otra forma, reunió una inmensa extensión de terreno para alimentar su gran proyecto, la que fue una de las industrias agropecuarias más avanzadas de su tiempo, donde se aplicaban las últimas tecnologías tanto en sistemas de producción como en maquinaria agrícola, y en la que trabajaban, en diferentes oficios, numerosas familias.
 

El corazón de esta industria que, según las estaciones del año, llegaba a tener una actividad febril, se encontraba en una de las propiedades que pertenecieron al Duque de Frías, la Huerta de la Salud. Allí alrededor de la vivienda familiar se fue edificando, en el primer cuarto del siglo XX, un gran complejo, en el que podíamos encontrar: almacenes de todo tipo, graneros, un silo, caballerizas y cuadras, una gran alberca, abrevaderos para el ganado, norias de abundante agua, viviendas para los empleados, etc... También, fuera del recinto, esparcidos por el término, se contaban algunas construcciones para la guarda del ganado y el almacenamiento de aperos de labranza.
 

Pero entre todos los edificios que mando construir el que mas destacaba era el conocido como “mirador”, una altísima torre palomar donde según dicen, se guarecían las palomas de los contornos y hasta de la Plaza de Cibeles. Esta magnifica torre que marcó el perfil del pueblo durante casi todo el siglo XX, se divisaba desde muchos kilómetros a la redonda y desde lo alto Tobar, además de vigilar sus propiedades, se entretenía divisando el torreón de unas casas que poseía en la Puerta del Sol.
 

 
Tanto los innovadores métodos constructivos que se aplicaron, a base de hierro y hormigón, como la concepción estética de los edificios, hacían que hortaleza pudiera presumir de tener en su trama urbana un conjunto situado a la vanguardia arquitectónica de esos años.
Por desgracia el "Plan Especial de Protección y Conservación de Edificios Histórico-Artísticos de la villa de Madrid", ya en democracia, no salvó estas edificaciones que daban carácter al casco histórico, obra de este terrateniente,que fue figura omnipresente en la Hortaleza de finales del XIX y principios del XX.
Fuentes: Madrid (Hortaleza-Vicalvaro) / Teresa Perez Higuera. Historia de Hortaleza /Francisco Javier Pastor Muñoz.

31 may. 2009

ARNICHES

Retrato de Don Carlos Arniches

Entre los personajes que tuvieron el privilegio de disfrutar de la belleza y la quietud de la “Huerta de Mena” se encuentra uno de los dramaturgos mas populares del siglo XX, Don Carlos Arniches.

La familia Arniches fue una de las propietarias que tuvo esta Quinta a lo largo de su historia, utilizándola como segunda residencia de 1922 a 1927, año en que toda la familia, excepto los hijos José María y Fernando, ya casados, partió a un largo viaje por gran parte de Europa, a la vuelta del cual, en 1930, cambian Hortaleza por El Escorial como lugar de veraneo.

Durante sus estancias en Hortaleza,a Don Carlos, además de dar paseos por el campo, le gustaba recibir visitas en su casa, llegando a hacerse famosas las reuniones y fiestas a las que acudían personajes del mundo del teatro y la literatura. Don Valeriano León, actor de teatro y cine, que cosecho grandes éxitos interpretando obras de Arniches, nos relata en una entrevista para Radio Nacional de España en 1946 como eran las meriendas en la finca, que años más tarde fue rebautizada como “Los Almendros”:

«Pródigo con los suyos y generoso con todos. Las meriendas de su finca de Hortaleza eran famosas. Filetes para unos; tortilla o huevos fritos para otros; chocolate, café o té con leche; quesos de todas clases: lo que cada cual de los veinte o treinta deseara. La merienda suya por aquel entonces se reducía a una cucharada de bicarbonato, que, naturalmente, degustaba rápidamente, y, entre cuento y cuento, un paseíto alrededor de la mesa con un abanico (sombra y aire) para ahuyentar los mosquitos»

Don Carlos que, según se cuenta, era un hombre cariñoso y simpático, tuvo relación y trato, a lo largo de esos años, con algunos vecinos del pueblo, a los que observaba con atención buscando inspiración para sus personajes.
El doctor Enrique Calvo Grediaga, hijo del médico Titular del pueblo de Hortaleza en aquella época, (el reconocido Don Agustín Calvo), me contó que, según su padre, a Arniches le gustaba poner a sus personajes los nombres mas sonoros de los vecinos de Hortaleza y particularmente le divertía recoger la expresiones mas castizas de estos para trasladarlas a sus obras.


Cartel de la pelicula el Padre Pitillo


El mismo don Carlos Arniches nos lo cuenta refiriéndose a uno de sus personajes mas famosos: “El Padre Pitillo”, que da nombre a la obra que se estreno en el Teatro Cómico de Buenos Aires en 1937,y que obtuvo tal éxito, que se llegó a las 400 representaciones:

«El padre Pitillo existe. Yo lo conocí en Hortaleza, un pueblecito próximo a Madrid, adonde iba a descansar, algunos días, entre árboles y flores, para buscar el aislamiento y la paz del campo. Era un sacerdote castellano, algo mas joven que el personaje de la comedia, pero con el mismo carácter. De una gran bondad, inspirado por un verdadero espíritu cristiano, este cura se desvivía por crear en el pueblo un ambiente de tolerancia, aplacando a los exaltados de uno y de otro ideario, para que todos lograran vivir y trabajar en paz.» (La nación, 2 de junio de 1937)

La obra fue “retocada” para suavizar al personaje y cambiar algunos diálogos, para así poder pasar la censura de la dictadura franquista. Estrenándose en el Teatro Lara de Madrid el 6 octubre 1939, fue llevada al cine por Juan de Orduña en 1954.

Cuántos de nosotros hemos visto esta película, sin adivinar que el verdadero Padre Pitillo se paseaba por las calles del viejo pueblo de Hortaleza.

Vista aérea de parte de la Huerta Mena.
A la derecha casa de Arniches, a la izquierda
 casa de los guardeses de la finca.







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La parte mas frondosa de la "Huerta Mena" fue mutilada por la M-40.

30 abr. 2009

MATALOBOS

Dios nos libre de tan amargo lance. Goya.
Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

Aquí tenéis el caso de dos pobres diablos que abandonaron su honrado trabajo de albañiles para dedicarse al floreciente negocio de los salteadores de caminos. Puede que les obligara la necesidad, dada la penuria en que se encontraba la población a causa de la guerra, o les movió la búsqueda del “dinero fácil”, el caso es que sus nombres terminaron en letra impresa en el Diario de Madrid del 18 de Julio de 1810, como podéis leer a continuación:

Diario de Madrid
Miércoles 18 de julio de 1810


Francisco Mateo, natural de S. Sebastian de los Reyes, de 28 años, soltero, jornalero, y residente en esta corte. Tomas de la Cruz, conocido por Matalobos, de 27 años, casado, peón de albañil, vecino de esta villa; estos hombres abandonaron sus respectivos destinos a principios de mayo próximo pasado; y habiéndose dedicado a cometer insultos en los caminos públicos, han sido presos y acusados de los crímenes siguientes:
En la tarde del día 12 de dicho mes, caminando Eusebio Aguado desde esta corte para su pueblo de Hortaleza, poco antes de llegar a el le asaltaron, sorprendieron, y amenazaron con un arma de fuego y otra blanca; y habiéndole registrado, le robaron quanto dinero llevaba.
En el siguiente día 13 cometieron iguales insultos, con las propias armas y en el mismo camino, con Juan Torrejón y su sobrina Francisca Palomar, vecinos de dicho lugar de Hortaleza, a quienes después de haberles registrado y robado el dinero que llevaban, lo executaron también de diferentes ropas, con las quales han sido aprehendidos los agresores.
El 19 de dicho mes, dirigiéndose desde esta corte á la villa de Hortaleza Esteban Rodríguez y D. Juan Rubio, alcalde y escribano en este pueblo, fueron igualmente sorprendidos, y amenazados con las armas indicadas; por no llevar dinero alguno, les robaron una capa de paño fino y dos pañuelo, que vendieron posteriormente en esta corte; cuyos efectos pudieron ser recogidos, resultando su procedencia de los mismos agresores.
Todos estos hechos aparecen plenisimamente justificados por las declaraciones y reconocimientos de los robados, por la confesión del Tomas de la Cruz, (alias Matalobos), y por otros convencimientos que resultan de la causa que se les formó; acreditándose además en la misma la mala conducta é inaplicación de ambos cómplices, y el haber sido con anterioridad el expresado Matalobos procesado y castigado por ladrón en tres distintas ocasiones.
Por todos estos méritos la junta criminal extraordinaria de esta corte, con audiencia de los mismos reos, les ha condenado en la pena ordinaria de muerte, que han sufrido en el dia10 del corriente mes, llevando al suplicio pendiente del cuello un letrero que manifestaba al publico sus delitos.


Seguro que habréis apreciado la desproporción entre la condena y el delito, pero tenéis que tener en cuenta que estaba prohibida terminantemente la posesión de cualquier tipo de arma, pues se encontraba en vigor la orden de 29 de diciembre de 1808 que decía así:

“todo vecino de Madrid o español, que se encuentre en las calles con un puñal u otra arma cualquiera y todo habitante que hubiese atentado contra la vida de un individuo del exército francés o aliado, o de un español, será arrestado, entregado a una comisión militar y castigado con pena de muerte”

Además en el real decreto de 12 de Abril de 1810 el crimen de robo en camino se condenaba con la pena de muerte.

No se puede saber por qué. Desastres de la Guerra. Goya.


Los desgraciados murieron como veis en la ilustración, pues un real decreto del rey José I “democratizó” la forma de ser ejecutado, dando acceso a todo condenado a muerte a “recibir garrote”, un instrumento del que antes solo podían “disfrutar” las clases más acomodadas, y que según les parecía proporcionaba una muerte más dulce y civilizada.
Entre 1810 y 1812 podemos encontrar en el diario de Madrid más de 40 noticias de ejecuciones. Alguno murió por la tenencia de la típica navaja que servía para picar tabaco o para cortarse unas lonchas de queso. ¡Qué Barbaridad!

Por una navaja. Desastres de la Guerra. Goya


Y lo más sorprendente de todo este asunto es que los hechos tuvieron lugar en algún tramo de la actual Calle de López de Hoyos, el camino que desde siempre ha unido Madrid con Hortaleza.





Fuentes: http://goya.unizar.es/


29 mar. 2009

EL ARBOL DEL REY

. Reina María Cristina y su hijo Alfonso XIII.

Corrían los años setenta del pasado siglo, cuando la asociación de vecinos “La Unión Hortaleza” organizó, con cierta urgencia, una merienda campestre.
El motivo era que el viejo pinar de la calle López de Hoyos se encontraba en serio peligro de desaparición, los especuladores habían puesto sus ojos en él y querían talarlo para construir unos bloques de viviendas.
Llegado el día nos fuimos a la arboleda con la bota de vino y la tortilla de patatas. La concurrencia formaba un grupo no demasiado numeroso pero realmente festivo y se respiraba cierto aire de romería popular.
Entre nosotros se encontraban los cantantes Ana Belén y Víctor Manuel que también querían solidarizarse con la causa del pinar, pues vivían no muy lejos en una de las colonias de “La Prospe”. Como ya podéis imaginar después de comer, nuestros amigos los artistas agarraron la guitarra y sobre un pequeño escenario que se había improvisado interpretaron sus canciones, que todos acompañamos a coro.
Como ese día vino con nosotros mi abuelo Jonás, decidimos alejarnos del bullicio para dar un paseo entre los pinos centenarios, y en la conversación surgió mi pregunta: ¿Abuelo, por qué este bosque se llama “Pinar del Rey”?. El me contesto que no sabia el origen de ese nombre, pero que siempre se había oído, que uno de aquellos arboles había sido plantado por el rey Alfonso XIII.
Desde aquel día, “El Árbol del Rey” quedo como un mito grabado en mi imaginación y tuvieron que pasar muchos años para descubrir que no se trataba de ninguna leyenda.
La historia de ese árbol, es la historia del nacimiento de nuestro querido pinar, en el dia de la celebración de la "Fiesta del Árbol” más multitudinaria de la ciudad de Madrid.

Aquí tenéis uno de los multiples anuncios y avisos que aparecieron en la prensa de aquella época.

La fiesta del árbol

El secretario de la Comisión organizadora de dicha fiesta que, como ya saben nuestros lectores, será costeada por la Diputación y el Ayuntamiento, y fue iniciada por aquella, ha recibido contestaciones de la mayoría de los colegios oficiales y particulares, adhiriéndose a tan hermoso pensamiento.
Ultimados los detalles, solo se espera que S. M. la Reina, patrocinadora desde un principio de la fiesta, señale el día de su celebración.
La plantación, en la cual tomaran parte dos mil niños y en primer término S.M. el Rey D. Alfonso XIII, se verificara en el camino de Hortaleza, en el sitio llamado Cerro del Centinela.
A los niños que concurran a la fiesta, se les obsequiara con una suculenta merienda, entregándoseles también una medalla conmemorativa.
Los señores Fernández Shaw y Chapi han compuesto un himno, que se cantara en este acto.
Se publicara además el día en el que se verifique éste una hoja literaria con artículos que llevaran conocidas y acreditadas firmas.
Con tales preparativos no podrá menos de resultar magnifica y solemne la fiesta del Árbol.


Y esta es, casi en su integridad, la crónica publicada por el periódico : “La Iberia”


LA FIESTA DEL ARBOL

La salida
Desde las ocho de la mañana se veía ya en la Puerta del Sol un movimiento de niños vestidos de gala y luciendo la medalla conmemorativa de la primera Fiesta del Árbol.
Los colegiales, acompañados de sus respectivos profesores, se situaban en las aceras aguardando la hora de marchar.
Los carruajes que habían de conducir a los niños al lugar de la fiesta se situaron en la calle Mayor.
Eran en total 44 jardineras y llevaban en cifras grandes el número de escolares que cada una habría de transportar.
A las diez de la mañana salio la primera expedición infantil.
La banda y orfeón del Hospicio y la banda de San Bernardino, situadas en la acera del café de levante, interpreto mientras los niños subían a las jardineras varias piezas musicales, entre ellas el bonito pasacalle infantil “El Oso y el Madroño”, compuesto expresamente para la fiesta por el maestro Sr. Espinosa.
El aspecto que presentaba la Puerta del Sol en aquellos momentos era animadísimo.
Los balcones estaban llenos de gente, y mucha mas se agrupaba al paso de los coches que conducían a los regocijados chiquitines, muchos de los cuales llevaban hatillos y cestas con merienda.
A cada viajero se le entregaba un plano del punto donde se iba a celebrar el festival.
Cuidaban del buen orden el capitán del cuerpo de seguridad Sr. Borja y el inspector de la delegación de distrito.
Presenciaron la primera expedición, a más de una compacta concurrencia, el presidente de la diputación Sr. España, el secretario de este Sr. La Torre, el diputado provincial y arquitecto Sr. Belmás y el secretario del circulo obrero Sr. Ducazcai.
A las doce aproximadamente acabaron de salir los últimos coches que transportaban escolares, pero no cesó el movimiento de vehículos, sino que, por el contrario, aumento extraordinariamente por los que se dirigían hacia la Prosperidad.

Plantando los árboles. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

En el cerro del Centinela
Verdaderas avalanchas de vehículos y de peatones engrosaban a cada momento los compactos grupos que se dirigían por la falda del cerro y por los caminos que a el conducen.
A uno y otro lado de la carretera, en el cerro y en todos aquellos dilatados terrenos, había multitud de familias merendando y haciendo caso omiso del vendaval que soplaba y del polvo que convertía el aire en irrespirable.
Los niños manifestaron ruidosamente su alegría al contemplar aun desde larga distancia las banderas y gallardetes del cerro, adivinando que allí estaban los respectivos arbolitos.
Así es que al llegar, lo primero de que se ocuparon fue de buscar el que a cada uno le correspondía plantar.
En el terreno donde ha de enclavarse la barriada que proyecta la compañía Madrileña de Urbanización, veíanse porción de banderitas y gallardetes.
Casi todas las casas del barrio de la Prosperidad lucían colgaduras y banderas, y la multitud de merenderos, despachos de refrescos y bebidas, buñolerias y otros tenderetes improvisados por las inmediaciones del cerro, lucían también banderas y adornos de colores vivos que abrillantaban el conjunto…

…en la cumbre del cerro se había hecho una meseta, instalándose en la parte norte de ella un pabellón de madera, destinado para que la Real Familia asistiera al acto.
Constaba el pabellón de tres cuerpos; pórtico, al cual daba acceso una gradería, un salón largo y un gabinete con tocador. Las paredes estaban cubiertas con hermosos tapices.
En el salón principal habla una mesa con bouquets de flores y una bandeja con dulces para obsequiar á las augustas personas. Frente a esta mesa otra de escritorio, con tintero y pluma comprada exproceso para que se firmara el acta, que se hallaba en una elegante cubierta de papel…

Desde la puerta de la caseta hasta el árbol del rey, cubrían el suelo preciosas alfombras.

El árbol del rey
Estaba frente por frente a la caseta y ostentaba en su cartela el numero uno.
El árbol del rey es un lindo bonetero de metro y medio de altura; a ambos lados había dos pequeños montones de tierra.
Limitaban la meseta dos filas de sillas formando herraduras, y distribuidos por aquella y la falda del cerro, estaban todos los arbolitos con estacas guiones indicando los números de los de cada sección y además con su numero correspondiente cada uno.


El reparto de las provisiones. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

Las meriendas
Transportadas en dos camiones, desde los cuales se les entregó á los pasantes y éstos las distribuían a los colegiales.
Estos obsequios, costeados por la Diputación y el Ayuntamiento, se componían de unas rajitas de salchichón, otras de lengua, de jamón, un pastel, una naranja y un panecillo, todo encerrado en una cajita de cartulina.
Los niños se esparcieron alegremente, y aquellos, que poco antes sólo se ocupaban de los arbolillos, se pusieron a merendar.
El efecto entonces era delicioso. Por donde quiera que se dirigía la mirada había encantadores grupos de niños sentados en el césped, consumiendo el contenido de la cajita pero sin alejarse mucho de sus respectivos árboles y palas.
Los niños del colegio de San Ildefonso formaron un gran corro en torno de sus profesores y comieron también la merienda, consistente en tortilla de jamón, dulces y fruta.
Las dos bandas, la del Hospicio y la de San Bernardino, amenizaron la comida campestre…

Distribuidos convenientemente para el buen orden de la fiesta había en aquellos lugares 572 agentes de seguridad a las órdenes del coronel Morera, 200 guardias civiles de infantería y muchas parejas de caballería del 14º tercio.

A las dos de la tarde
Los ministros de Gracia y Justicia y Fomento llegaron a la hora indicada, al propio tiempo que el arzobispo de Madrid –Alcalá, el gobernador civil, señor conde de Peña Ramiro, los embajadores de Francia, Italia, Austria y Alemania, el alcalde, el señor conde de Montarco, y el rector de la universidad central, que juntamente con el presidente de la diputación, señor España; los señores…

También se hallaba la ambulancia de la cruz roja entre las personas que aguardaban a los reyes…

Llegada de SS. AA.
A las tres en punto llegaron las infantas doña Isabel y doña Eulalia, siendo recibidas por el elemento oficial.
S.A. la infanta doña Isabel participó que su majestad la Reina no podía asistir por hallarse ligeramente indispuesto su augusto hijo.
SS. AA. pasaron al pabellón, en donde fueron obsequiadas con dulces y preciosos ramos de flores.
Transcurridos diez minutos, SS. AA., seguidas del elemento oficial, se dirigieron al ciprés destinado a S. M. el Rey y echaron dos paletadas de tierra, interin las bandas y escolares entonaban el magnifico himno de Chapi y Fernández Shaw. (Compuesto para la ocasión)
Seguidamente se levanto acta de la ceremonia, cuyo documento había redactado el secretario de la diputación Sr. Pozzi, firmando sus altezas y después Varias distinguidas personas que habían concurrido.
SS. AA. RR. Las infantas Dª Isabel y Dª Eulalia disponiéndose a plantar un árbol en representación de S. M. el Rey. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896.

El acta.
En la villa de Madrid, a 26 días del mes de Marzo de 1896, y a la hora de las dos de la tarde, congregadas las ilustres personas que firman este documento en el lugar denominado “El Cerro del Centinela”, designado para la fiesta del árbol, se procedió por 2000 niños alumnos de los colegios particulares de la capital, escuelas municipales, establecimientos de beneficencia y sociedades y centros a la plantación de los árboles que en adelante han de quedar encomendados a sus cuidados.
Y para que la mencionada fiesta iniciada por la Excma. Diputación provincial, bajo la augusta protección de SS. MM. El Rey D. Alfonso XIII y la Reina regente del reino (que Dios guarde), el concurso del Excmo. Ayuntamiento de Madrid y el de respetables personalidades, se perpetúe recuerdo tan grato, el secretario de la Excma. Diputación provincial levanta la presente acta.

Final
El acto termino a las cuatro, calculándose que habrán asistido a el mas de 50.000 personas.
Tomaron parte en la fiesta 2.117 niños de 46 colegios particulares de Madrid, del Hospicio provincial, de las Escuelas superiores Municipales de los diez distritos de Madrid y de las Escuelas elementales municipales.



Y así fue como desde aquel día se conoce al “Cerro del Centinela” como “Pinar del Rey”. Un día feliz para muchos niños en un tiempo en el que ya se atisbaba la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica.




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28 feb. 2009

ORTEGA

Retrato de Francisco Ortega

Hoy queremos recordar a un hijo de Hortaleza que fue héroe de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial y que como tantos otros compatriotas encontró su último reposo en Francia, donde se le rinde merecido homenaje. Para ello reproducimos a continuación un texto publicado en el periódico “Unión de Hortaleza” en Octubre de 1979.

A NUESTRO COMPAÑERO ORTEGA

Aviador durante la guerra civil, exiliado en Francia y asesinado por los nazis, tiene un monumento como héroe de guerra en un pueblecito francés.

Naces en Hortaleza un 20 de marzo de mil novecientos diecinueve. Como otros chiquillos te imagino corriendo por nuestros secos campos o en ese prado vuestro salpicado de azucenas, donde pastaban vuestras vacas o yendo a beber agua al viejo lavadero, o paseando al lado del convento, pensando junto a sus viejas rejas el futuro que no tardaría en llegar. Sólo tienes 20 años cuando un día, por todos los medios de comunicación se anuncia que la guerra civil ha comenzado y tu como tantos otros ingresas como aviador de nuestra República.


Combates en los frentes de Murcia, Valencia y Cataluña, pilotando tu pequeño Mosca (*) en defensa de nuestros sanos ideales, y viajas por distintos países para perfeccionar tu preparación como piloto. Tu familia escribe para preguntar por ti a principios del año 39 sin obtener noticias en ese tiempo. Terminada nuestra guerra; con lo que ello representa para todos, tú y otros muchos engrosasteis esas caravanas interminables de refugiados para huir de la saña fascista; allí en Francia muchos organizan la resistencia y entre ellos tú. Eres capturado por los nazis allá y este seria tu final.
Sin entrar en mas profundidades en tu biografía fuiste héroe de guerra francés y como tu hubo otros que entregaron su vida, y en estas cuatro décadas nadie quiso reconocer vuestro sacrificio. Vuestros nombres nunca salieron en los periódicos ni se reflejan en esas lapidas en las fachadas de las Iglesias o en otros lugares como calles, plazas etcétera. Pero aunque no lo creáis siempre estaréis en nuestro recuerdo. Yo pondría vuestros nombres en los lugares preferentes de los pueblos donde nacisteis con unas palabras que dijeran:
En honor a todos los que lucharon y entregaron sus vidas en defensa de un Gobierno democrático y por la libertad."


Ilustrador: Briones, J. (1937)
Descansa en paz Francisco Ortega vuestra semilla no fue sembrada en un campo estéril. Esta germinara en aras del bienestar y la libertad de los pueblos.

Pablo AragonesesComisión de Hortaleza (San Matías)

(*) Avión monoplaza construido en la URSS. Podéis ver este avión (Polikarpov I-16) en pleno vuelo en la pagina de la Fundación Infante de Orleáns










Con mi agradecimiento al amigo D. José Luis López Sánchez, director del desaparecido periódico "La Unión de Hortaleza".

17 ene. 2009

SR. AMAT

Retrato de Félix Amat.
Autor: Ametller Rotllan, Blas.
1835
Aunque hoy nos parezca mentira, Hortaleza fue siempre un lugar para el retiro, el descanso, e incluso el exilio de la corte.

A lo largo de su historia son numerosas las personas de toda condición, que buscaron aquí, en un principio, el disfrute de la aldea y los buenos aires del campo, y corriendo el tiempo, el frescor de los jardines y las huertas de las quintas de recreo. La mayoría de estas personas venían por voluntad propia, pero algunas se veían obligadas por las circunstancias.

A esta última clase pertenece el personaje del que queremos hablar hoy. Se trata de don Félix Amat, Abad de San Ildefonso y arzobispo de Palmira.

Este clérigo de Sabadell fue confesor del rey Carlos IV y se convirtió en uno de los personajes más influyentes de la corte, justo en los años turbulentos de la invasión francesa, interviniendo directamente en los hechos de El Escorial (octubre-1807), y en el motín de Aranjuez (marzo-1808). Este último acontecimiento fue el principio de una serie de sucesos que acabaron con toda la familia real en Bayona, y el hermano de Napoleón en el trono de España.

Retrato de Rey de España Jose Bonaparte


En marzo de 1810 el Abad es llamado a Madrid por el rey José Napoleón I, al que ya conocía de una visita a La Granja de San Ildefonso. En la capital desempeña un cargo al servicio del gobierno, que le recompensa nombrándole obispo de Osma y concediéndole la Real Orden de España.

Pero el país seguía inmerso en una interminable guerra de desgaste, y el 12 de agosto de 1812 entran en Madrid tropas inglesas y españolas al mando de Wellington y salen las francesas. El nuevo gobierno Nacional ordena al señor Amat que abandone Madrid, y de acuerdo con el obispo auxiliar, se retira a la villa de Hortaleza, alojándose en la casa del cura, en donde espera con preocupación su proceso por afrancesado.

El tiempo que paso en Hortaleza lo dedico a traducir el libro “Le Bonheur de la Mort Chretiénne”, de Pasquier Quesnel, también redacta y envía algunas cartas. Hay una especialmente importante, dirigida a la Regencia del Reino, en la que explica su conducta política durante la dominación francesa, en ella se defiende ante posibles acusaciones por colaboracionista con el enemigo. Esta carta nunca llego a su destino pues el día 2 noviembre supo el Sr. Amat en Hortaleza que había entrado, otra vez, el ejército galo en Madrid, lo que es aprovechado por el abad para regresar a la capital.

En sus escritos podemos encontrar datos que nos sirven para comprender el estado de postración en que se encontraba Hortaleza en aquella época, asolada por la terrible hambruna de 1812 que se extendía por toda la provincia,

“… á mas del reparo de aumento de gasto que antes insinué, se me ofrecen algunos otros, como el triste espectáculo de la miseria de este pueblo,…”

a merced de bandas de ladrones y de grupos incontrolados,

“…el peligro de insultos de rateros y de soldados dispersos no solo en estos caminos, sino también en las casas, como han experimentado esta misma del Cura y otras del pueblo.”

y expuesta a las incursiones de las tropas francesas

“…, y por estar Hortaleza y pueblos inmediatos particularmente expuestos á los atropellamientos de las tropas enemigas, en especial de pequeños destacamentos, creí preciso imitar al cura párroco en cuya casa me hallaba, y á otros sugetos prudentes de los pueblos vecinos, que en semejantes ocasiones buscaban asilo dentro de Madrid.”


También nos presentan al cura párroco de entonces, el Sr. Aznar, al que imaginamos dando encendidos sermones contra el invasor.

“…dicho cura párroco Sr. Aznar, era tenido por un acalorado enemigo del Gobierno intruso…”


Tachado de afrancesado por unos, y por otros de desafecto a Napoleón, este hombre vivió en primera persona algunos de los acontecimientos más relevantes de la España del XIX.

Si queréis saber mas sobre Don Félix Amat podéis encontrar, en la
“Biblioteca Virtual Joan Lluís Vives”, el panegírico que escribió su sobrino Félix Torres Amat. Las referencias a Hortaleza están en la llamada “Cuarta Época”