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1 feb 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA V. Las Monjas.


Condesa Delphine  de Casamajor.
 Una de las fundadoras del noviciado de Hortaleza.

En 1880 la congregación francesa de la Sagrada Familia de Burdeos compró, a través de su sociedad comercial Viuda Clavier y Cía, el Palacio de Buenavista de Hortaleza, para fundar en él su noviciado general de España. Inmediatamente comenzaron las obras para adaptar la propiedad a su nueva función, sacando a pública subasta las 23 estatuas de mármol de Carrara y de temática pagana que adornaban los jardines, sustituyendo a los dioses mitológicos por imágenes religiosas cristianas, colocadas en:  fuentes, capillas, y hornacinas.

Ante la afluencia cada día más numerosa de postulantas, se vieron en la necesidad de ampliar las instalaciones con la construcción de nuevos edificios. En 1885 el obispo de Salamanca inauguró  la nueva residencia con capacidad para 200 monjas, que acogía en su interior  la capilla del convento.  También se levantó la “Casa de los Padres”, cuyas funciones  eran de alojamiento para los religiosos oblatos capellanes, y lugar de retiro de los miembros ancianos de la orden de María Inmaculada. Ambos fueron fabricados con una fachada muy decorada al estilo de otras edificaciones europeas del siglo XIX de ladrillo visto.  De estos dos edificios solo se conserva el primero en la calle Mar del Kara, tiene cuatro alturas y está conectado por un corredor con el antiguo palacio;  el segundo fue demolido en la posguerra y había servido como sede del Comité Republicano de Hortaleza.



Casa de los Padres  Residencia de los Oblatos Capellanes.
1936-1939 Sede del Consejo Municipal Republicano de Hortaleza.

El convento funcionó 57 años ininterrumpidamente como noviciado y escuela de niñas, hasta el alzamiento militar contra la República el 18 de julio de1936. En esos días las religiosas fueron trasladadas, bajo la protección de las autoridades municipales, al palacio de la Moraleja, a la espera de que cesaran los tumultos provocados por grupos de milicianos provenientes de Madrid. Al final el convento fue ocupado, los objetos artísticos depositados en el Tesoro Nacional, y las ropas y utensilios repartidos, por orden de la madre superiora, entre los necesitados del pueblo. Las monjas se dispersaron vestidas de civiles, refugiándose durante la guerra en la casa que tiene la orden en Oharriz, Navarra.

28 abr 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA I. La Torre de los Alburquerque.

Ilustración del libro La Proserpina con el escudo del Duque de Alburquerque
Universidade de Santiago de Compostela 


     “Y por la hermosa carretera nos dirigimos a la localidad, objeto de nuestras investigaciones. Cruzamos la divisoria entre las cuencas de los ríos Jarama y Manzanares, y poco después llegamos al pueblo de Hortaleza, fundado sobre una colina, y que tiene a sus pies una alfombra de plantas y flores hasta besar las márgenes del Arroyo del Quinto”.

      Así  nos describe el arquitecto Vicente Muzás, en un cuento de 1907,  la primera imagen que se encontraban los viajeros al llegar a nuestro pueblo y que ha permanecido casi invariable hasta hace pocos años. 
     En la silueta de la población se recortaban sobre el cielo 4 torres: a un lado el granero, el silo y el palomar de la Huerta de la Salud; y  al otro el campanario neomudejar de la iglesia de San Matías. Destacaban también, sobre el caserío, dos grandes edificios conventuales: el seminario provincial de los padres paules y el noviciado de las ursulinas, enclavados ambos en antiguas quintas agrícolas y de recreo, cuya fundación se pierde en los orígenes de la población.

     Fueron las monjas francesas de la Sagrada Familia de Burdeos las que se instalaron en  la más hermosa de las quintas, que aún conservaba restos del  esplendor que había tenido en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando era la casa-palacio de los Marqueses de Santa Cruz [1], una de las familias más poderosas y ricas del país.

     Don José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz de Mudela, había adquirido la propiedad a través de la herencia de su primera esposa Doña María de la Soledad, hija del Duque de Alburquerque. Este duque era Francisco Fernández de la Cueva, último descendiente por línea primogénita de Beltrán de la Cueva -aquel de “La Beltraneja”-, y vivía retirado en su casa de Hortaleza, donde habían fallecido sus dos hijos varones y donde, años después, moriría él también enfermo de melancolía. Autor del poema “La Proserpina”[2], dedicó sus últimos años a la creación literaria bajo el rústico seudónimo de Pedro Silvestre del Campo.
     Sobre la puerta monumental que daba acceso al recinto, un dragón de piedra, símbolo de esta familia, vigiló durante muchos años la entrada a la huerta.                                                                                                                                                                                                                      (continuará)






[2] José María de Cossío. Fábulas Mitológicas en España. ISTMO,S.A. 1998. Vol.1.p.384

11 oct 2016

JORNADAS SOBRE HISTORIA DE HORTALEZA, OTOÑO 2016



     Queremos saludar, desde nuestro blog, la iniciativa de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid, por la programación de unas jornadas para la divulgación de la historia de Hortaleza. Bajo el impulso y organización del director de la biblioteca de Huerta de la Salud -nuestro amigo Juan Jiménez Mancha-  tendrán lugar, del 22 de octubre al 25 de noviembre, conferencias, debates, visitas guiadas por el casco antiguo y la emisión especial de un programa de radio.


     Nos adherimos a las jornadas con la publicación de nuevos artículos, entre los que destaca uno especialmente importante, y cuyo contenido hemos proporcionado a la organización de los actos para que se dé a conocer, al mismo tiempo, en este blog y en la conferencia del día 22 de octubre.  Este pequeño descubrimiento supone una novedad que cambiaría  muchos de los textos escritos sobre la historia de nuestro distrito. 

     Aquí tenéis la programación:


















12 may 2014

EL CHICO DE LA SEÑORA GENEROSA



Luis Aragonés  formaba parte de ese puñado de madrileños en cuyo DNI figura Hortaleza como lugar de nacimiento. Todos ellos vinieron al mundo antes de 1949, año de anexión a la ciudad de Madrid, en un parto que solía producirse en el hogar familiar, al que ayudaban las vecinas o Don Agustín, el médico del pueblo.

Nació en una casa que poseían sus padres, Hipólito y Generosa, en el numero 9 de la calle de La Juventud de 1931,  el nombre republicano de la calle de la Taberna, hoy conocida como calle Mar Cantábrico. La vivienda tenía un zaguán con un portalón de madera por el que entraban a las cuadras un par de yuntas  (una de bueyes y otra de mulas) que tenían para cultivar El Artesón, una tierra conocida  por tener enclavado un nido de ametralladoras.

Y es que Luis nació en 1938 en un pueblo completamente transformado por la guerra. La tranquila villa agrícola era entonces un hormiguero humano: los conventos y quintas, convertidos en cuarteles, no eran suficientes para alojar a las tropas, y en cada casa particular se aposentaron soldados, oficiales y caballerías; también se habilitaron lugares para acoger a los numerosos refugiados procedentes de Móstoles, Alcorcón, Torrijos, Novés  y de otros pueblos de Madrid y Toledo. El trasiego de personas, animales y vehículos solo se detenía cuando sonaban las sirenas antiaéreas avisando de la aproximación de las “pavas”. Entonces todos corrían a los refugios. Uno de ellos se encontraba a escasos 90 pasos de la casa de los Aragonés, donde hoy está la oficina de correos. En este ambiente bélico transcurrió el primer año de vida de Luis; luego vinieron la represión y las penurias de la posguerra, y su familia se distinguió en esos difíciles momentos por  su solidaridad. Todavía recuerdan algunos “cuánta hambre quitó la señora Generosa”

Luis fue, algún año, a la escuela de La Humanitaria en Hortaleza, pero continuó sus estudios en un colegio de pago de la Ciudad Lineal.  El tiempo libre lo pasaba como los demás chicos: ayudando a sus padres en el trabajo, correteando por el lavadero viejo o escapándose a la Laguna de Valdebebas a ver pescar anguilas.


Desde muy pequeño comenzó a jugar fútbol. De aquella época le viene el mote de El Plomos, pues era tan larguirucho que sus amigos bromeaban con ponerle plomo en los bolsillos para que no le tumbase el aire.

Muy pronto falleció su padre y tuvo que hacerse cargo, como todos sus hermanos, de los negocios familiares. Conducía la vieja camioneta de Poli, una  Ford con una matrícula de dos números que fue la primera de los alrededores. También trabajaba cortando ladrillos en un rejal que tenían en la calle de Mar de Kara; allí acudían sus amigos para ayudarle a terminar la faena y salir pitando a los bailes con orquesta de la Ciudad Lineal. El Chuletín, La Geltrú, o La Charca, eran los sitios donde movían el esqueleto al son de sambas, boleros y pasodobles. Luis, que era muy buen bailarín, montaba el numero en la pista bailando el twis con mi tío Federe de pareja.


Jugaba al fútbol en el Club Pinar cuando se fijaron en él Ángel Ramos, un carnicero del pueblo, y un tal Sacristán, profesor de gimnasia en la academia de Policía Armada, estos dos hombres fueron sus mentores y los que impulsaron la carrera futbolística de este hortaleceño que figurará para siempre en la historia del deporte español.

30 dic 2013

EL ÚLTIMO AGRICULTOR

Nemesio Aguado (primero por la derecha) acarreando mies .

Muy pocos saben hoy que la comarca a la que pertenece Hortaleza se llama “Los Lomos de Madrid”. Este nombre describe la topografía, formada por una sucesión de lomas y pequeños valles, sobre la que se fundaron los pueblos del contorno. Así, los barrios de nuestro distrito están construidos en torno a una gran loma, que lo recorre desde Fuencarral hasta la Ciudad Lineal, y que forma la divisoria entre las aguas que van a parar al río Jarama y las que van al río Manzanares.

Los cronistas antiguos nos hablan, en sus escritos, de la excelencia de esta comarca,  apreciada desde la edad media por sus buenos cazaderos, la fertilidad de las tierras y la abundancia de sus arroyos.

Aunque en todos sus términos se podían encontrar cultivos de cereal y olivar, era conocida sobre todo por sus buenos vinos, a los que había que añadir las sabrosas hortalizas que se producían en nuestras huertas.

Con el tiempo los viñedos fueron cediendo terreno a los trigales, pero mantuvieron cierta importancia hasta principios del siglo pasado, cuando: con la llegada de la plaga de la filoxera, muchos propietarios se vieron obligados a arrancar las vides; a pesar de ello, se ha podido beber buen garnacho y moscatel hasta hace pocos años.

En cuanto a las huertas, también fueron menguando su superficie en la medida en que se reducía el caudal de fuentes y arroyos, como consecuencia de la deforestación. Tuvieron un gran auge en el siglo XVIII, época de exuberantes huertas-jardín que la aristocracia mantenía en sus casas de campo, y en las que se aplicaban las últimas invenciones para la extracción de agua del subsuelo.

La decadencia de este mundo basado en la agricultura comenzó, tras la guerra civil, con el real decreto del general Franco, que anexionaba nuestros pueblos a Madrid. Los campos y caminos quedaron sin el control de ninguna autoridad local, aparecieron asentamientos desordenados alrededor de los antiguos núcleos de población, y la ciudad avanzaba inexorablemente hacia estos parajes naturales. En los últimos años, los paisajes se fueron degradando ante una incontrolable y creciente afluencia de excursionistas de fin de semana; pronto, numerosos actos vandálicos terminaron por causar daños en los cultivos y en el arbolado. Así fue como desapareció la vegetación de ribera del arroyo Valdebebas: Álamos, Chopos y Fresnos -algunos de ellos con diámetros mayores de un metro y medio- sucumbieron a la tala salvaje. Luego, para rematar la faena, vinieron las escombreras ilegales con la connivencia del Ayuntamiento de Madrid.

Las labores del campo se fueron abandonando, y en 1989 se cultivó por última vez una tierra en Hortaleza. Fueron 500 fanegas en los parajes de Valdecarros, Cerro de Cabeza Gorda y Valdefuentes, y quien arrendó esas tierras para sembrarlas de trigo fue Don Nemesio Aguado Santos.
El último tractor de Nemesio Aguado.

Nemesio nació en Hortaleza hace 88 años y vive jubilado junto a su mujer Margarita Casado Aguado, que vino al mundo en Canillas. Se conocieron en la romería que se celebra en la ermita de San Blas, templo que ellos mismos tuvieron que adecentar para casarse allí al acabar la guerra civil. Los dos llevan el Aguado en su nombre: un viejo apellido hortalezeño, que desde 1579, cuando dio el primer salto a Canillas, no ha parado de hacer el viaje de ida y vuelta entre las dos poblaciones. Podíamos decir que esta pareja es el ejemplo de lo que siempre he oído en mi casa, aquello de que: “Hortaleza y Canillas somos uno”

Nemesio es pura historia viva de Hortaleza, un hombre emprendedor, honrado y trabajador, al que no le ha pasado nada desapercibido, y que relata con detalle su vida, desde su primer trabajo a los 14 años como hortelano en la Huerta de la Salud, hasta su paso por el cuerpo de bomberos, en el que sobrevivió al hundimiento de un edificio incendiado en Vallecas, que se llevo la vida de varios de sus compañeros. Tras 15 años de servicio pidió la excedencia para dedicarse a labrar la tierra.

En su cabeza están todos los nombres y las tierras de una sociedad rural que ya ha desaparecido para siempre. Este hombre, que hoy añora aquellos horizontes cubiertos de mieses, olivos y viñedos, pasará a la historia como el último agricultor de Hortaleza.

Gracias Margarita y Nemesio por vuestra generosidad.

21 may 2013

EL ESTANQUE DE ALBERTI

RAFAEL ALBERTI CON UNAS AMIGAS (1928)


Rafael Alberti, nuestro autor de la generación del 27, escribió un libro de poemas titulado “Sobre los Ángeles”, en el que expresaba su estado anímico, sumido en una profunda crisis sentimental. José María Amado, el que fuera director de la revista Litoral, recordó en varias ocasiones que fue en Hortaleza donde tuvo lugar el noviazgo imposible del que luego nacieron aquellos versos. Alberti había recibido el premio nacional de literatura en 1925 y decidió hacer una visita de agradecimiento a cada uno de los miembros del jurado, entre los que estaba Carlos Arniches, con cuya familia trabó amistad.



Carta de Rafael Alberti , sobre las reuniones de la Huerta de Mena. Ministerio de Cultura

Amado era sobrino nieto de Arniches y coincidió con el poeta en la “Huerta de Mena”, la propiedad hortaleceña de la familia. En sus recuerdos nos describe los juegos de frontón y futbol que se organizaban allí; los paseos a caballo acompañados de un viejo mastín para trillar en las cercanas eras del barrio de La Rusia; una curiosa celebración con el equipo del Atlético de Madrid del 1929 por su llegada a la final de Copa; las visitas de actores y músicos, y las reuniones, que calificaba de signo intelectual y poético, a las que acudían tres de los hijos de Arniches: Carlos, arquitecto de la Residencia de Estudiantes; Rosario, con su futuro marido, el escritor José Bergamín, y Pilar, con su novio, Eduardo Ugarte, fundador junto a Federico García Lorca, del grupo de teatro “La Barraca”.  También estaban, entre otros, el director de cine José López Rubio; el compositor Gustavo Pittaluga; el ingeniero Eduardo Rodrigáñez, al que Alberti dedicó el poema “El ángel de los números”, y Victoria Amado, de la que se había enamorado el poeta, al que todos ellos hacían corro sentados en el suelo, mientras él les mostraba sus dibujos y recitaba poemas. Solía ser al atardecer y a la orilla de un estanque con patos que había en el jardín y que aparece en su poema “el cuerpo deshabitado”:

TÚ. Yo. (luna.) Al estanque.
Brazos verdes y sombras
Te apretaban el talle.
Recuerdo. No recuerdo.
¡Ah, sí! Pasaba un traje
Deshabitado, hueco,
Cal muerta, entre los árboles.
Yo seguía…Dos voces
Me dijeron que a nadie.

Tras la guerra, la finca cambió de dueño y las reuniones cambiaron de signo. El nuevo propietario, el Doctor Manzanete, agasajaba a la élite del régimen de Franco. De niño, yo conocí aquel estanque: tenía el aire misterioso y bucólico del abandono. Por aquel entonces ocupaba la casa una pequeña congregación de monjas. Atrás habían quedado las elegantes fiestas de la posguerra y no se veía rastro de los aristocráticos cisnes que reemplazaron a los patos.
Ya en democracia, el estanque y la alameda circundante fueron arrasados para la construcción de la M40, quedando la “Huerta de Mena” seriamente amputada. Curiosamente se bautizó una avenida del barrio de Las Cárcavas, a pocos metros de la huerta, con el nombre de la que fuera compañera de Alberti en los años veinte: la pintora Maruja Mallo. ¡Contradicciones del sistema!

24 abr 2013

EL MESÓN EL GARNACHO


GRUPO DE JOVENES EN LA BODEGA .AÑOS 50

Hubo un tiempo en que la palabra Hortaleza era sinónimo de buen comer y buen beber, gracias en parte a la familia Colino y su establecimiento, mitad bodega, mitad restaurante.

Los Colino ya explotaban la antigua tahona de la calle del Mesón y se decidieron a ampliar el negocio adquiriendo a los Padres Paúles una viejísima casa de labor situada en la plaza del pueblo.

El caserón tenía 25 metros de fachada a la calle de La Taberna, con dos puertas y balcones en la segunda planta, y otra de 18 metros a la plaza, con balcones y un portalón por el que se accedía a un patio en el que había unos originales pesebres. En el interior destacaba, entre otras estancias, el amplio espacio de la bodega en donde se alineaban 10 grandes tinajas, y una impresionante cueva, con otras 12, y que, según se decía, tenía más de 400 años.

Pronto los caldos que se elaboraban allí adquirieron notoriedad, especialmente un vino denso color cereza, un pelín dulce, que se fabricaba pisando las uvas garnachas de las viñas del término, y se fue popularizando en la capital acudir para degustar unas jarritas, y proveerse para la semana de alguna garrafa de garnacho, de moscatel o de riquísimo vino “corriente” que se vendía a granel.

Pero el negocio de la restauración comenzó cuando, para pasar el vinillo, se empezó a preparar algún condumio de tapa; y fue en la inmediata posguerra cuando, atraídos por unos sabrosos chorizos asados, se afianzó una numerosa clientela de alemanes que ya nunca dejaría de visitar la bodega, convirtiendo el alemán en el segundo idioma oficial del lugar. Con el tiempo se definió el plato estrella: las chuletitas, acompañadas por una jarra de vino y un excelente pan cocido en la tahona familiar. Se llegaron a asar unos 200 corderos cada fin de semana, convirtiéndose así El Garnacho en el restaurante número uno en su género.

Aunque la mayoría de los clientes venían en coche, se había instaurado una tradición muy típica por la cual algunas personas llegaban al restaurante montadas a caballo. Estos paseos ecuestres se realizaban en los primeros años desde una hípica situada en la Ciudad Lineal y después desde la Moraleja, cuando se instalaron allí los norteamericanos. Este trasiego causaba, a veces, una imagen insólita, cuando coincidían en la plaza los imponentes autos de lujo con los caballos que  permanecían amarrados en hilera a unas argollas de forja que pendían de las fachadas.

Por la vieja bodega empezó a desfilar el “todo Madrid”: políticos, científicos, escritores, artistas; y no había personaje importante que pisara la capital que no fuera al mesón. Especial querencia tenían los mandatarios de las repúblicas americanas: entre otras visitas de presidentes, fue muy comentada la del dictador Stroessner, y era fácil ver en alguna mesa al general Perón acompañado de su hermano. El mundo del cine siempre estaba bien representado, pues se había instituido un nexo entre El Garnacho y la sala de fiestas Villa Rosa, por el cual los clientes cenaban en el mesón y se tomaban las copas y bailaban en el palacete, o viceversa. De las estrellas extranjeras pasaron todas; además, el productor Samuel Bronston organizaba allí sus cenas con los actores y equipo de rodaje, desde que conoció el lugar a través de una familia judeo-española cliente asidua del local. Buenos ratos pasó Ava Gardner cenando al fresco en el patio, que en verano se llenaba de arena de río y se cubría con un enramado traído del arroyo Valdebebas; y de los cómicos españoles también todos pisaban el comedor, menos Fernando Fernán Gómez, que prefería recoger los víveres en la cocina y marcharse con su novia a Los Cenagales a leer novelas debajo de los pinos. Los toreros también iban todos, pero especial amigo de la casa era Antoñete, que dio sus primeros capotazos en los encierros de Hortaleza. Y del fútbol el Real Madrid al completo, con Di Stéfano, Navarro, Olsen, y los demás. Entre todos estos personajes famosos, pasaban desapercibidos algunos altos directivos del mundo de la empresa y las finanzas internacionales.

Sobre los manteles del Garnacho se hicieron negocios, se tramaron conspiraciones políticas y nació algún que otro amorío;  mientras los rincones del vetusto edificio servían como decorado natural para el rodaje de, al menos, tres largometrajes.

Pero no solamente trajo fama y animación al pueblo, también trajo prosperidad, porque de su existencia se beneficiaban los 20 empleados, los suministradores, y prácticamente en cada casa había alguna persona que, de una u otra forma, sacaba provecho del mesón. Y por si eso no bastara, al llegar la navidad las familias del lugar iban a recoger un litro de garnacho y otro de moscatel que los Colino regalaban generosamente, ayudando así a que en todos los hogares se pasaran las fiestas con alegría, saboreando ese vino al que Salvador Rueda dedicó un poema cuyos primeros versos dicen así:
 
 


“Este es el grato vino de Hortaleza
embeleso del alma y los sentidos,
que acelera del pecho los latidos
y enciende en alegrías la cabeza.”
 
A finales de los años 70, dos personas  me abordaron en la plaza, y me preguntaron por el Mesón,  les dije que hacia algunos años que lo habían cerrado, y les señale un montón de escombros en el lugar donde se alzaba la bodega  que  había sido derribada unos días antes. Los pobres se quedaron de piedra,  eran técnicos del Ayuntamiento que se proponía proteger el edificio para su conservación. Demasiado tarde para uno de los últimos vestigios de la tradición vitivinícola de la comarca de las Lomas de Madrid.
 
 
CON MI AGRADECIMIENTO A MI BUEN AMIGO ANDRES COLINO


 


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21 nov 2009

EL AGUA DE LOZOYA

Desde tiempo inmemorial, los habitantes de Hortaleza se habían abastecido de agua de los manantiales que había por la zona, de los pozos particulares y de las fuentes públicas. Estas últimas que eran de chorro libre y se proveían del agua del subsuelo, fueron perdiendo caudal paulatinamente, obligando a los diferentes ayuntamientos a realizar las obras necesarias para intentar aumentar y mejorar el suministro.
A principios del siglo XX, sin contar los lavaderos, eran tres las fuentes públicas que podíamos encontrar en el casco urbano. Dos de ellas se hallaban en las salidas de la población y estaban protegidas por sendas casetas de ladrillo de buena factura.
Al este, y arrimada al camino Viejo de Burgos, se encontraba la “Charca Juana”. Tenía un entorno muy apreciado, la sombra de los árboles y el frescor que proporcionaba su abrevadero, hacían muy agradable el lugar.
Al oeste, el “Pozo de la villa”, que estaba frente a las tapias del Hogar Infantil Clara Eugenia, casi en la actual glorieta de Santos de la Humosa. Este pozo se complementaba con la conocida popularmente como la “Mina de Vinagre”. Situada a unos pasos de él, y dentro de una cueva formada por ladrillos, surgía este manantial que mantenía un caudal suficiente, incluso en las grandes sequías, pues allí acudían las lavanderas a por agua, cuando el líquido elemento escaseaba en los lavaderos.
La tercera fuente, más céntrica, daba nombre al espacio donde se ubicaba: “Plaza de la fuente”, era de un caño y tenía acoplado un pilón de buen tamaño, como abrevadero del ganado. Fue desmontada en los años 60 del siglo XX y sustituida por otra ornamental, de fundición, que aún se conserva. Las dos primeras y la mina fueron destruidas con la urbanización de los barrios de San Lorenzo y de Orisa.
Pero lo que supuso una verdadera revolución en el abastecimiento de agua de la población fue la traída del agua de Lozoya desde el depósito de la Casa de Máquinas de la Ciudad Lineal. Este gran avance en la calidad de vida de los vecinos vino de la mano de la “Compañía Urbanizadora Madrileña”, la entidad encargada del desarrollo del gran proyecto del urbanista D. Arturo Soria Mata.

En noviembre de 1913 finalizaron las acometidas a los dos grandes conventos de Hortaleza, el de las monjas de la Sagrada Familia y el de los Padres Paúles. Seis meses después se inauguró la primera fuente pública con agua de Lozoya, fruto de un convenio entre la compañía y la corporación municipal, a la cabeza de la cual se encontraba uno de los alcaldes más diligentes de los que tenemos noticias: D. Eduardo Núñez Marques.

A continuación reproducimos el acta de la inauguración de esta fuente:

Acta de la inauguración de una fuente pública en Hortaleza
En la villa de Hortaleza , a las cinco de la tarde del día once de mayo de 1914, hallándose en la Plaza de la Constitución de este pueblo el Sr. Alcalde D. Eduardo Núñez Marqués, acompañado de los individuos que componen el Ayuntamiento y de los Sres. D. P. Vicente Buendía y García, ex Diputado á Cortes, D. Arturo Soria y Hernández, Diputado Provincial y D. Eugenio López Quiroga Somoza, Juez Municipal; D. Francisco Campos, cura párroco y D. Mariano Larra , cabo de la Guardia Civil, con asistencia también del infrascrito secretario de este Ayuntamiento y la presencia además de un buen número de vecinos de esta localidad, hizo uso de la palabra y manifestó: Que como hecho memorable y por todo el vecindario apetecido motivaba la presente reunión el acto solemne de inaugurar una fuente pública en esta localidad muy necesaria en la misma por la grande escasez que de dicho elemento se sentía. Y cuyo éxito, conseguido al fin, se debía muy principalmente a la constante labor realizada por todos los señores Concejales, al valioso concurso prestado por la Compañía Madrileña de Urbanización de la Ciudad Lineal y a la muy grata y eficaz cooperación de los de los señores Buendía y Soria, que con su poderosa influencia han venido a contribuir a tan benéfica obra. Hallándose ya construida dicha fuente en la Plaza de la Constitución de este pueblo, como sitio más céntrico para el consumo del vecindario y la cual, como es sabido, se ha costeado por suscripción voluntaria entre todos los vecinos mediante donativos de estos, y con los que también han cedido otras personas de alta y distinguida estimación social.

En su consecuencia se procedió acto seguido a la inauguración de dicha fuente, habiéndola bendecido el honorable párroco de esta localidad. D. Francisco Campos haciendo girar inmediatamente las llaves de paso y apertura del caño, hasta verlo correr y después pronunciadas por los Sres. Alcalde, Buendía y Soria las frases más elocuentes y alusivas al acto, y de haber hecho patente de un modo muy ostensible el referido Sr Alcalde su profundo agradecimiento y el de la Corporación que representa hacia cuantas personas y entidades han contribuido a tan hermosa mejora. Se dio el acto por terminado, del que se extiende la presente que firman todos los señores concurrentes conmigo, el secretario de que certifico.

Sello: Alcaldía Constitucional de Hortaleza.

Eduardo Núñez, Francisco Campos, Arturo Soria y Hernández,
Vicente Buendía, Eugenio López Quiroga Somoza, Cipriano Molpeceres,
José Aragoneses, Eusebio Sánchez, Saturnino Plaza, Julián Morales,
Ildefonso Sanz de la Torre, Doctor Chamorro Telle, José Obispo, A. Carnicero, Jesús Municio, Román Martínez, Teodoro Martín, Pedro Vitón, Juan Álvarez, Simeón Morales, Bernabé Morales, Rafael Ortega, Ramón García,
Mariano Parra Escamilla y Florentino González, secretario.

Esta fuente, que representó un hito histórico en el suministro de agua a la zona, ha sufrido este mismo año, una “restauración” que ha desfigurado su imagen completamente y borrado su inscripción. Es desoladora la falta de sensibilidad de los responsables de las obras de reforma del Casco Histórico de Hortaleza y del Ayuntamiento de Madrid.


Otra fuente olvidada es la de la antigua Plazuela de La Rusia.
                                     
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29 jul 2009

PSOE

Sello de la Agrupación Socialista de Hortaleza. 1936

Existen dos formas de conocer la memoria de los pueblos, una es paseando por sus calles y ver como las piedras de sus edificios nos cuentan viejas historias, y otra sumergirse en el estudio de sus documentos históricos. Por desgracia, de la Hortaleza antigua no queda mucho, conservándose el trazado de sus calles y algún vestigio arquitectónico. Por eso, los documentos relacionados con su historia, tienen un gran valor.

Hoy os traigo la transcripción del acta de constitución de la Agrupación Socialista de Hortaleza. Un curioso documento de 1936 en el que figuran los nombres de algunos ciudadanos que se unieron con la ilusión de mejorar la sociedad a través de la libertad y la justicia.



Con mi agradecimiento a D. Luis Casillas



Callejuela del Mediodia
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29 jun 2009

TOBAR


El otro día me acerqué al casco histórico para charlar con un amigo que conoce bien la Huerta de la Salud, pues quería escribir algo sobre la última época de la finca, y me faltaban algunos datos. La verdad es que no conseguí gran cosa, como ya me imaginaba, sobre todo en lo que se refiere a uno de sus últimos propietarios, Don Pedro Tobar, pues siempre se encuentra un cierto misterio cuando se trata de este personaje.




Por entonces se publicó en los periódicos la noticia de la aparición, en perfecto estado, de una película de los comienzos de la II República Española. No perdí tiempo y busque el video en Internet.
Es un documento impresionante con una extraordinaria calidad de imagen y sonido. Andaba yo pensando en la frescura que destilaba el reportaje a pesar de los años y en como aquellos personajes históricos volvían a la vida por la magia del cine, cuando de repente, apareció él, el mismísimo don Pedro Tobar, con sus largas barbas. Ahí estaba levantando acta de la cesión de la Casa de Campo al pueblo de Madrid el 6 de mayo de 1931, entre el ministro de hacienda Don Indalecio Prieto y el alcalde Don Pedro Rico. Ceremonioso y con cierto nerviosismo, Tobar inicia el aplauso a los discursos de los políticos. ¡Vaya papelón!, él, que había donado 25 pesetas para un monumento a Alfonso XIII, rodeado de tan altas autoridades de la República.





El caso, es que “la aparición” me ha animado a escribiros este pequeño texto sobre el “duque de Tobar” ( como le llamaban en Hortaleza) y su gran proyecto. Fue abogado y decano del Colegio de Notarios de Madrid, refundador de la antigua quinta de la Huerta de la Salud, que adquirió, junto con las tierras que de ella dependían, en 1894. Esta abultada hacienda fue acrecentándose de manera sistemática a lo largo de los años, unas veces mediante la compra de tierras, otras veces las propiedades se adquirían como la garantía de pago de préstamos que él mismo concedía a agricultores, que finalmente no podían satisfacer su deuda, y otras aplicando sus conocimientos de las leyes, como así fue en el famoso pleito que ganó en el juzgado de Colmenar Viejo (sentencia del 10 de septiembre de 1925), contra el Ayuntamiento de la villa de Hortaleza, por el cual, el Arroyo Valdebebas y su entorno paso a ser de su propiedad. La cuestión es que, de una u otra forma, reunió una inmensa extensión de terreno para alimentar su gran proyecto, la que fue una de las industrias agropecuarias más avanzadas de su tiempo, donde se aplicaban las últimas tecnologías tanto en sistemas de producción como en maquinaria agrícola, y en la que trabajaban, en diferentes oficios, numerosas familias.
 

El corazón de esta industria que, según las estaciones del año, llegaba a tener una actividad febril, se encontraba en una de las propiedades que pertenecieron al Duque de Frías, la Huerta de la Salud. Allí alrededor de la vivienda familiar se fue edificando, en el primer cuarto del siglo XX, un gran complejo, en el que podíamos encontrar: almacenes de todo tipo, graneros, un silo, caballerizas y cuadras, una gran alberca, abrevaderos para el ganado, norias de abundante agua, viviendas para los empleados, etc... También, fuera del recinto, esparcidos por el término, se contaban algunas construcciones para la guarda del ganado y el almacenamiento de aperos de labranza.
 

Pero entre todos los edificios que mando construir el que mas destacaba era el conocido como “mirador”, una altísima torre palomar donde según dicen, se guarecían las palomas de los contornos y hasta de la Plaza de Cibeles. Esta magnifica torre que marcó el perfil del pueblo durante casi todo el siglo XX, se divisaba desde muchos kilómetros a la redonda y desde lo alto Tobar, además de vigilar sus propiedades, se entretenía divisando el torreón de unas casas que poseía en la Puerta del Sol.
 

 
Tanto los innovadores métodos constructivos que se aplicaron, a base de hierro y hormigón, como la concepción estética de los edificios, hacían que hortaleza pudiera presumir de tener en su trama urbana un conjunto situado a la vanguardia arquitectónica de esos años.
Por desgracia el "Plan Especial de Protección y Conservación de Edificios Histórico-Artísticos de la villa de Madrid", ya en democracia, no salvó estas edificaciones que daban carácter al casco histórico, obra de este terrateniente,que fue figura omnipresente en la Hortaleza de finales del XIX y principios del XX.
Fuentes: Madrid (Hortaleza-Vicalvaro) / Teresa Perez Higuera. Historia de Hortaleza /Francisco Javier Pastor Muñoz.

31 may 2009

ARNICHES

Retrato de Don Carlos Arniches

Entre los personajes que tuvieron el privilegio de disfrutar de la belleza y la quietud de la “Huerta de Mena” se encuentra uno de los dramaturgos mas populares del siglo XX, Don Carlos Arniches.

La familia Arniches fue una de las propietarias que tuvo esta Quinta a lo largo de su historia, utilizándola como segunda residencia de 1922 a 1927, año en que toda la familia, excepto los hijos José María y Fernando, ya casados, partió a un largo viaje por gran parte de Europa, a la vuelta del cual, en 1930, cambian Hortaleza por El Escorial como lugar de veraneo.

Durante sus estancias en Hortaleza,a Don Carlos, además de dar paseos por el campo, le gustaba recibir visitas en su casa, llegando a hacerse famosas las reuniones y fiestas a las que acudían personajes del mundo del teatro y la literatura. Don Valeriano León, actor de teatro y cine, que cosecho grandes éxitos interpretando obras de Arniches, nos relata en una entrevista para Radio Nacional de España en 1946 como eran las meriendas en la finca, que años más tarde fue rebautizada como “Los Almendros”:

«Pródigo con los suyos y generoso con todos. Las meriendas de su finca de Hortaleza eran famosas. Filetes para unos; tortilla o huevos fritos para otros; chocolate, café o té con leche; quesos de todas clases: lo que cada cual de los veinte o treinta deseara. La merienda suya por aquel entonces se reducía a una cucharada de bicarbonato, que, naturalmente, degustaba rápidamente, y, entre cuento y cuento, un paseíto alrededor de la mesa con un abanico (sombra y aire) para ahuyentar los mosquitos»

Don Carlos que, según se cuenta, era un hombre cariñoso y simpático, tuvo relación y trato, a lo largo de esos años, con algunos vecinos del pueblo, a los que observaba con atención buscando inspiración para sus personajes.
El doctor Enrique Calvo Grediaga, hijo del médico Titular del pueblo de Hortaleza en aquella época, (el reconocido Don Agustín Calvo), me contó que, según su padre, a Arniches le gustaba poner a sus personajes los nombres mas sonoros de los vecinos de Hortaleza y particularmente le divertía recoger la expresiones mas castizas de estos para trasladarlas a sus obras.


Cartel de la pelicula el Padre Pitillo


El mismo don Carlos Arniches nos lo cuenta refiriéndose a uno de sus personajes mas famosos: “El Padre Pitillo”, que da nombre a la obra que se estreno en el Teatro Cómico de Buenos Aires en 1937,y que obtuvo tal éxito, que se llegó a las 400 representaciones:

«El padre Pitillo existe. Yo lo conocí en Hortaleza, un pueblecito próximo a Madrid, adonde iba a descansar, algunos días, entre árboles y flores, para buscar el aislamiento y la paz del campo. Era un sacerdote castellano, algo mas joven que el personaje de la comedia, pero con el mismo carácter. De una gran bondad, inspirado por un verdadero espíritu cristiano, este cura se desvivía por crear en el pueblo un ambiente de tolerancia, aplacando a los exaltados de uno y de otro ideario, para que todos lograran vivir y trabajar en paz.» (La nación, 2 de junio de 1937)

La obra fue “retocada” para suavizar al personaje y cambiar algunos diálogos, para así poder pasar la censura de la dictadura franquista. Estrenándose en el Teatro Lara de Madrid el 6 octubre 1939, fue llevada al cine por Juan de Orduña en 1954.

Cuántos de nosotros hemos visto esta película, sin adivinar que el verdadero Padre Pitillo se paseaba por las calles del viejo pueblo de Hortaleza.

Vista aérea de parte de la Huerta Mena.
A la derecha casa de Arniches, a la izquierda
 casa de los guardeses de la finca.







Ver Historias de Hortaleza en un mapa más grande
La parte mas frondosa de la "Huerta Mena" fue mutilada por la M-40.

28 feb 2009

ORTEGA

Retrato de Francisco Ortega

Hoy queremos recordar a un hijo de Hortaleza que fue héroe de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial y que como tantos otros compatriotas encontró su último reposo en Francia, donde se le rinde merecido homenaje. Para ello reproducimos a continuación un texto publicado en el periódico “Unión de Hortaleza” en Octubre de 1979.

A NUESTRO COMPAÑERO ORTEGA

Aviador durante la guerra civil, exiliado en Francia y asesinado por los nazis, tiene un monumento como héroe de guerra en un pueblecito francés.

Naces en Hortaleza un 20 de marzo de mil novecientos diecinueve. Como otros chiquillos te imagino corriendo por nuestros secos campos o en ese prado vuestro salpicado de azucenas, donde pastaban vuestras vacas o yendo a beber agua al viejo lavadero, o paseando al lado del convento, pensando junto a sus viejas rejas el futuro que no tardaría en llegar. Sólo tienes 20 años cuando un día, por todos los medios de comunicación se anuncia que la guerra civil ha comenzado y tu como tantos otros ingresas como aviador de nuestra República.


Combates en los frentes de Murcia, Valencia y Cataluña, pilotando tu pequeño Mosca (*) en defensa de nuestros sanos ideales, y viajas por distintos países para perfeccionar tu preparación como piloto. Tu familia escribe para preguntar por ti a principios del año 39 sin obtener noticias en ese tiempo. Terminada nuestra guerra; con lo que ello representa para todos, tú y otros muchos engrosasteis esas caravanas interminables de refugiados para huir de la saña fascista; allí en Francia muchos organizan la resistencia y entre ellos tú. Eres capturado por los nazis allá y este seria tu final.
Sin entrar en mas profundidades en tu biografía fuiste héroe de guerra francés y como tu hubo otros que entregaron su vida, y en estas cuatro décadas nadie quiso reconocer vuestro sacrificio. Vuestros nombres nunca salieron en los periódicos ni se reflejan en esas lapidas en las fachadas de las Iglesias o en otros lugares como calles, plazas etcétera. Pero aunque no lo creáis siempre estaréis en nuestro recuerdo. Yo pondría vuestros nombres en los lugares preferentes de los pueblos donde nacisteis con unas palabras que dijeran:
“En honor a todos los que lucharon y entregaron sus vidas en defensa de un Gobierno democrático y por la libertad."


Ilustrador: Briones, J. (1937)
Descansa en paz Francisco Ortega vuestra semilla no fue sembrada en un campo estéril. Esta germinara en aras del bienestar y la libertad de los pueblos.

Pablo AragonesesComisión de Hortaleza (San Matías)

(*) Avión monoplaza construido en la URSS. Podéis ver este avión (Polikarpov I-16) en pleno vuelo en la pagina de la Fundación Infante de Orleáns










Con mi agradecimiento al amigo D. José Luis López Sánchez, director del desaparecido periódico "La Unión de Hortaleza".