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1 feb 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA V. Las Monjas.


Condesa Delphine  de Casamajor.
 Una de las fundadoras del noviciado de Hortaleza.

En 1880 la congregación francesa de la Sagrada Familia de Burdeos compró, a través de su sociedad comercial Viuda Clavier y Cía, el Palacio de Buenavista de Hortaleza, para fundar en él su noviciado general de España. Inmediatamente comenzaron las obras para adaptar la propiedad a su nueva función, sacando a pública subasta las 23 estatuas de mármol de Carrara y de temática pagana que adornaban los jardines, sustituyendo a los dioses mitológicos por imágenes religiosas cristianas, colocadas en:  fuentes, capillas, y hornacinas.

Ante la afluencia cada día más numerosa de postulantas, se vieron en la necesidad de ampliar las instalaciones con la construcción de nuevos edificios. En 1885 el obispo de Salamanca inauguró  la nueva residencia con capacidad para 200 monjas, que acogía en su interior  la capilla del convento.  También se levantó la “Casa de los Padres”, cuyas funciones  eran de alojamiento para los religiosos oblatos capellanes, y lugar de retiro de los miembros ancianos de la orden de María Inmaculada. Ambos fueron fabricados con una fachada muy decorada al estilo de otras edificaciones europeas del siglo XIX de ladrillo visto.  De estos dos edificios solo se conserva el primero en la calle Mar del Kara, tiene cuatro alturas y está conectado por un corredor con el antiguo palacio;  el segundo fue demolido en la posguerra y había servido como sede del Comité Republicano de Hortaleza.



Casa de los Padres  Residencia de los Oblatos Capellanes.
1936-1939 Sede del Consejo Municipal Republicano de Hortaleza.

El convento funcionó 57 años ininterrumpidamente como noviciado y escuela de niñas, hasta el alzamiento militar contra la República el 18 de julio de1936. En esos días las religiosas fueron trasladadas, bajo la protección de las autoridades municipales, al palacio de la Moraleja, a la espera de que cesaran los tumultos provocados por grupos de milicianos provenientes de Madrid. Al final el convento fue ocupado, los objetos artísticos depositados en el Tesoro Nacional, y las ropas y utensilios repartidos, por orden de la madre superiora, entre los necesitados del pueblo. Las monjas se dispersaron vestidas de civiles, refugiándose durante la guerra en la casa que tiene la orden en Oharriz, Navarra.

16 ene 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA IV. El Carlista.



En el siglo XIX aparecen en la lista de propietarios del Palacio de Buenavista  los ricos burgueses.
40 años estuvo en manos del gallego Juan José Marcó del Pont. Perteneciente a una familia de origen catalán que amasó una inmensa fortuna, en el comercio con la América española y asaltando naves, de naciones enemigas, con una flota de barcos corsarios que tenía su sede en el puerto de Vigo. Banquero y acaudalado hombre de negocios, invirtió gran parte de su capital, en financiar  la causa absolutista, primero, y carlista, después, llegando a ser ministro de hacienda del gobierno del pretendiente al trono.
  Tras la ocupación francesa la quinta fue expropiada  por gobierno de José Napoleón I y sufrió los avatares y destrozos de la guerra de la independencia, siendo cuartel de tropas francesas, inglesas, y del  regimiento de infantería de línea Castilla nº 16. Marcó la recuperó en 1813 emprendiendo la restauración del edificio, la modernización de las instalaciones agrícolas y el embellecimiento de los jardines.
Vallejo. "Asesinato de Quesada".1845
ÁLBUM DEL SIGLO XIX. MUSEO ZUMALAKARREGI.DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA.

En una propiedad anexa al palacio fue donde en 1836 se produjo la reclusión y posterior linchamiento del General Quesada, hechos en los que intervino la guardia nacional de Hortaleza, que había sido armada y uniformada por Marcó del Pont. Este señor terminó con sus huesos en el Castillo de Peñiscola por su participación en varias conspiraciones ultra-absolutistas contra el gobierno. Murió exiliado en Francia y la posesión pasó, por un litigio judicial, a manos de la familia de Godoy, que se deshizo de ella en cuanto pudo.

Después  perteneció 25 años a los Urzaiz, familia de la “high-life” madrileña, (o como decían los castizos: del “ay gilí”) acaparadora de todo tipo de propiedades en Hortaleza, incluida la Huerta de la Salúd, y que llegó a comprar al Patrimonio Real el palacio de la Moraleja.

(Continuará)

2 nov 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA III. La Austriaca.



 
Marquesa de Santa Cruz de Francisco de Goya
Museo del Louvre.


    Don José de Silva contrajo matrimonio en Viena con Mariana von Waldstein, una aristócrata de 18 años a la que sacaba la friolera de 30 años. Después de pasar por Versalles para visitar a la Reina María Antonieta emprendieron viaje a Madrid, llegando en pleno mes de julio de 1781. De inmediato se trasladaron a su casa de campo, donde la joven austriaca disfrutó de su primer veraneo en Hortaleza [1] .

     La nueva marquesa de Santa Cruz causó onda impresión en la corte madrileña por su inteligencia, belleza y alegría. De grandes dotes para la pintura, fue académica y directora honoraria de la Real Academia de San Fernando. Trabó amistad  con Goya siendo retratada por el pintor en un lienzo que hoy  cuelga de las paredes del museo del Louvre. En la pintura vemos a la señora vestida de maja, sobre un fondo campestre, mirando al espectador entre desafiante y risueña.


     El matrimonio tuvo cuatro hijos: tres niños y una niña. Esta última, María Ana de Silva Bazán y Waldstein, se casó a los 15 años con el futuro Duque de Frías, de la familia que fue propietaria de la vecina Huerta de la Salud  y  es la adolescente que pintó Goya en el cuadro titulado la Condesita de Haro.

María Ana Silva-Bazán y Waldstein, condesa de Haro.
 Francisco de Goya.


      Mientras el marques se dedicaba a sus quehaceres, Doña Mariana vivió la vida intensamente, cultivando la amistad con gran discreción. Entre sus “íntimos” figuran: El banquero Cabarrús, creador del Banco de San Carlos, embrión del Banco de España; los embajadores de Francia Felix Guillermardet y Lucien Bonaparte; y el escritor inglés  William Beckford. Algunos de ellos gozaron de la tranquilidad de la quinta hortaleceña.

     En 1802 muere Don José, y los herederos ponen a la venta la posesión para no tener que asumir el alto coste de su mantenimiento, que se cifraba en tres veces lo que se obtenía por su explotación como granja.

    La marquesa viuda marcha a Italia, donde recibe los honores como pintora de las academias de Florencia y Roma. En esta capital falleció en 1807 Mariana von Waldstein última gran aristócrata que habitó el palacio de Buenavista de Hortaleza.

(Continuará)



[1]  Viera y Clavijo, José de . Cartas Familiares...Santa Cruz de Tenerife, Imprenta, Litografía y Librería Isleña, 1849

7 sept 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA II. La Gran Reforma


José de Silva Bazán. Marqués de Santa Cruz

Al morir el Duque de Alburquerque en 1757, la quinta que ocupaba lo que hoy conocemos como Parque Isabel Clara Eugenia, pasó a manos de la única hija que le sobrevivió: María de la Soledad. Ella se había casado hacía apenas dos años con José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz.
Don José era el prototipo de hombre culto e ilustrado de aquel tiempo, amante de las artes y la ciencia. Eran famosos en Madrid los experimentos que realizaba en su laboratorio de química y su gabinete de Física. Seguramente el más concurrido fue la ascensión, desde los jardines de su casa, de uno de los primeros globos aerostáticos que surcaron los cielos de la capital. Nombrado director de la Real Academia de la Lengua se afanó en la construcción de una nueva sede. Muy cercano a la familia real, ejerció de mayordomo mayor en palacio con Carlos III y Carlos IV, y también fue ayo del futuro rey Fernando VII, sin duda una ardua labor visto los resultados.
En Hortaleza, los marqueses iniciaron enseguida las obras para transformar la vieja casa de campo en un lujoso palacio al gusto de la época. El edificio se encontraba en la parte más alta de la huerta, ocupando una superficie aproximada de 1.700 m2,  tenía dos plantas con patios interiores y una torre en la fachada de poniente. De fábrica de ladrillo y mampostería, estaban labrados en granito los zócalos, las jambas y los arcos.



Además de renovar la vivienda, también se modificaron los paseos que recorrían la alameda y se trazó un nuevo jardín de parterres, con dos fuentes y un estanque dedicado al dios Baco. Todo el espacio estaba  adornado con numerosos bustos y esculturas sobre sus pedestales, destacando los conjuntos de las Cuatro Estaciones y Los Continentes, a las que acompañaban, entre otras figuras mitológicas, el dios del comercio: Mercurio, la diosa de la agricultura: Ceres;  y dos magníficos Hércules.
Estando las obras en marcha murió la esposa, permaneciendo viudo el marqués durante 20 largos años, hasta que, acuciado por la mala salud de su hijo primogénito, emprendió viaje por las cortes europeas en busca de nueva esposa.


11 oct 2016

JORNADAS SOBRE HISTORIA DE HORTALEZA, OTOÑO 2016



     Queremos saludar, desde nuestro blog, la iniciativa de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid, por la programación de unas jornadas para la divulgación de la historia de Hortaleza. Bajo el impulso y organización del director de la biblioteca de Huerta de la Salud -nuestro amigo Juan Jiménez Mancha-  tendrán lugar, del 22 de octubre al 25 de noviembre, conferencias, debates, visitas guiadas por el casco antiguo y la emisión especial de un programa de radio.


     Nos adherimos a las jornadas con la publicación de nuevos artículos, entre los que destaca uno especialmente importante, y cuyo contenido hemos proporcionado a la organización de los actos para que se dé a conocer, al mismo tiempo, en este blog y en la conferencia del día 22 de octubre.  Este pequeño descubrimiento supone una novedad que cambiaría  muchos de los textos escritos sobre la historia de nuestro distrito. 

     Aquí tenéis la programación:


















24 abr 2013

EL MESÓN EL GARNACHO


GRUPO DE JOVENES EN LA BODEGA .AÑOS 50

Hubo un tiempo en que la palabra Hortaleza era sinónimo de buen comer y buen beber, gracias en parte a la familia Colino y su establecimiento, mitad bodega, mitad restaurante.

Los Colino ya explotaban la antigua tahona de la calle del Mesón y se decidieron a ampliar el negocio adquiriendo a los Padres Paúles una viejísima casa de labor situada en la plaza del pueblo.

El caserón tenía 25 metros de fachada a la calle de La Taberna, con dos puertas y balcones en la segunda planta, y otra de 18 metros a la plaza, con balcones y un portalón por el que se accedía a un patio en el que había unos originales pesebres. En el interior destacaba, entre otras estancias, el amplio espacio de la bodega en donde se alineaban 10 grandes tinajas, y una impresionante cueva, con otras 12, y que, según se decía, tenía más de 400 años.

Pronto los caldos que se elaboraban allí adquirieron notoriedad, especialmente un vino denso color cereza, un pelín dulce, que se fabricaba pisando las uvas garnachas de las viñas del término, y se fue popularizando en la capital acudir para degustar unas jarritas, y proveerse para la semana de alguna garrafa de garnacho, de moscatel o de riquísimo vino “corriente” que se vendía a granel.

Pero el negocio de la restauración comenzó cuando, para pasar el vinillo, se empezó a preparar algún condumio de tapa; y fue en la inmediata posguerra cuando, atraídos por unos sabrosos chorizos asados, se afianzó una numerosa clientela de alemanes que ya nunca dejaría de visitar la bodega, convirtiendo el alemán en el segundo idioma oficial del lugar. Con el tiempo se definió el plato estrella: las chuletitas, acompañadas por una jarra de vino y un excelente pan cocido en la tahona familiar. Se llegaron a asar unos 200 corderos cada fin de semana, convirtiéndose así El Garnacho en el restaurante número uno en su género.

Aunque la mayoría de los clientes venían en coche, se había instaurado una tradición muy típica por la cual algunas personas llegaban al restaurante montadas a caballo. Estos paseos ecuestres se realizaban en los primeros años desde una hípica situada en la Ciudad Lineal y después desde la Moraleja, cuando se instalaron allí los norteamericanos. Este trasiego causaba, a veces, una imagen insólita, cuando coincidían en la plaza los imponentes autos de lujo con los caballos que  permanecían amarrados en hilera a unas argollas de forja que pendían de las fachadas.

Por la vieja bodega empezó a desfilar el “todo Madrid”: políticos, científicos, escritores, artistas; y no había personaje importante que pisara la capital que no fuera al mesón. Especial querencia tenían los mandatarios de las repúblicas americanas: entre otras visitas de presidentes, fue muy comentada la del dictador Stroessner, y era fácil ver en alguna mesa al general Perón acompañado de su hermano. El mundo del cine siempre estaba bien representado, pues se había instituido un nexo entre El Garnacho y la sala de fiestas Villa Rosa, por el cual los clientes cenaban en el mesón y se tomaban las copas y bailaban en el palacete, o viceversa. De las estrellas extranjeras pasaron todas; además, el productor Samuel Bronston organizaba allí sus cenas con los actores y equipo de rodaje, desde que conoció el lugar a través de una familia judeo-española cliente asidua del local. Buenos ratos pasó Ava Gardner cenando al fresco en el patio, que en verano se llenaba de arena de río y se cubría con un enramado traído del arroyo Valdebebas; y de los cómicos españoles también todos pisaban el comedor, menos Fernando Fernán Gómez, que prefería recoger los víveres en la cocina y marcharse con su novia a Los Cenagales a leer novelas debajo de los pinos. Los toreros también iban todos, pero especial amigo de la casa era Antoñete, que dio sus primeros capotazos en los encierros de Hortaleza. Y del fútbol el Real Madrid al completo, con Di Stéfano, Navarro, Olsen, y los demás. Entre todos estos personajes famosos, pasaban desapercibidos algunos altos directivos del mundo de la empresa y las finanzas internacionales.

Sobre los manteles del Garnacho se hicieron negocios, se tramaron conspiraciones políticas y nació algún que otro amorío;  mientras los rincones del vetusto edificio servían como decorado natural para el rodaje de, al menos, tres largometrajes.

Pero no solamente trajo fama y animación al pueblo, también trajo prosperidad, porque de su existencia se beneficiaban los 20 empleados, los suministradores, y prácticamente en cada casa había alguna persona que, de una u otra forma, sacaba provecho del mesón. Y por si eso no bastara, al llegar la navidad las familias del lugar iban a recoger un litro de garnacho y otro de moscatel que los Colino regalaban generosamente, ayudando así a que en todos los hogares se pasaran las fiestas con alegría, saboreando ese vino al que Salvador Rueda dedicó un poema cuyos primeros versos dicen así:
 
 


“Este es el grato vino de Hortaleza
embeleso del alma y los sentidos,
que acelera del pecho los latidos
y enciende en alegrías la cabeza.”
 
A finales de los años 70, dos personas  me abordaron en la plaza, y me preguntaron por el Mesón,  les dije que hacia algunos años que lo habían cerrado, y les señale un montón de escombros en el lugar donde se alzaba la bodega  que  había sido derribada unos días antes. Los pobres se quedaron de piedra,  eran técnicos del Ayuntamiento que se proponía proteger el edificio para su conservación. Demasiado tarde para uno de los últimos vestigios de la tradición vitivinícola de la comarca de las Lomas de Madrid.
 
 
CON MI AGRADECIMIENTO A MI BUEN AMIGO ANDRES COLINO


 


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1 ago 2009

QUESADA


Vallejo. "Vicente de Quesada".1845
ÁLBUM DEL SIGLO XIX. MUSEO ZUMALAKARREGI.
DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA.


En un caluroso agosto de hace 173 años, Hortaleza se vio envuelta en un terrible suceso que, desde entonces, invariablemente, es mencionado cada vez que se habla de su historia.


El hecho en cuestión fue el linchamiento, a manos de una multitud furiosa, del Capitán General de Castilla la Nueva, el general habanero Don Vicente Genaro de Quesada.
Como siempre que se menciona este caso no se suele entrar en detalles, (cosa comprensible por lo escabroso del asunto), vamos a intentar resumir los acontecimientos que llevaron a aquella barbaridad y como fueron los hechos.

Corría el año de 1836 y en aquellos días se extendía, por el país, un movimiento revolucionario a favor del retorno de la constitución de 1812 y en contra del gobierno que defendía la permanencia de un estatuto de 1834 en el que no se reconocía, ni la soberanía popular, ni la libertad de prensa.

Desde el 25 de julio, en que un enfrentamiento entre la Guardia Nacional de Málaga y las autoridades terminó con la muerte de los gobernadores militar y civil, la constitución de 1812 se fue publicando en las principales ciudades de España, con gran contento de la población. Pero en la capital, el gobierno quiso mantener su autoridad por encima de todo, y para ello contaba con una fuerza de unos 8000 hombres al mando del General Quesada, quién promulgó una serie de duras medidas para contener a los alborotadores, ordenando que se desarmara a los cinco mil guardias nacionales que había en la provincia, aplicando la pena de muerte a aquel que se negase a entregar las armas.

Mientras, la reina regente María Cristina y su hija Isabel II, se habían retirado a la Granja de San Ildefonso y fue precisamente allí, en la noche del 13 de Agosto, donde estalló la revuelta conocida como la “Sargentada de la Granja”. Una comisión encabezada por dos sargentos de las tropas que protegían el palacio, exigió la vuelta a la constitución de 1812, consiguiendo, hacia las tres de la mañana, que la reina firmara un decreto por el cual se adoptaba dicha constitución como norma fundamental, hasta la formación de nuevas cortes constituyentes.

En Madrid, a pesar de las noticias que llegaban de la Granja, seguía la represión de las pacíficas manifestaciones populares, bajo la dirección implacable de Quesada, que cumplía así la promesa dada a la reina de mantener el orden. El mismo, al ver que los oficiales no estaban por la labor de derramar sangre y que los soldados se unían a los ciudadanos al grito de ¡Viva la Constitución!, salió del Palacio Real al frente de un escuadrón de coraceros, para dispersar a los madrileños, que ya comenzaban a levantar barricadas en la Puerta del sol.

El balance de estas refriegas y encontronazos con los guardias nacionales, fue de algún muerto, numerosos heridos, y un disparo dirigido a Quesada, que aunque no llego a acertarle, si consiguió enfurecerle aun más. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el capitán general mando sacar los cañones a la calle, colocando piezas de artillería en lugares estratégicos del centro de Madrid, poniendo a la ciudad en un verdadero estado de sitio. 

Todo esto y algunas otras humillaciones hicieron que creciera el odio popular hacia este militar al que los nacionales llamaban ya “El Liberticida”.

Fue en la mañana del día 15, mientras se afeitaba, cuando recibió la noticia de que había sido destituido con todo el gobierno y se nombraba en su lugar al general Seoane. En ese momento se sintió confuso y engañado, pues los mensajes que recibía de un “informante” en el entorno de la reina, no se atenían a los hechos y se dio cuenta que estuvo manteniendo, con mano de hierro, un régimen que hacía dos días había desaparecido. 
Parsimonioso, se vistió de civil, con levita y pantalones blancos, e hizo llamar a su mujer para despedirse y ponerla en guardia ante posibles altercados. Tomó su bastón, el sombrero de copa, y se despidió de todos diciendo que se marchaba a su casa de Hortaleza en compañía de un amigo de la casa.
Con toda tranquilidad y aplomo fue recorriendo las calles que se encontraban atestadas de guardias nacionales, intentó salir por la puerta de Bilbao pero notó que levantaba sospechas en los guardias y se marchó a la de Santa Barbara,para allí tomar el camino a Hortaleza.

Quiso el destino que, en el camino, los dos personajes se cruzaran con un muchacho de 13 años llamado Lorenzo Iborte, mozo de una tienda de la calle Fuencarral, de la que era cliente Don Vicente. El chico, que volvía de entregar un recado, le reconoció, observó donde se dirigían y regresó a todo correr a Hortaleza para contárselo a la autoridad. 

Avisado el alcalde y en unión de dos nacionales, salió en su busca; se dice que para protegerle, pues los ánimos también se encontraban exaltados en la población. En una casa apartada del pueblo, que era propiedad de un platero, se produjo la detención: 

…preguntado si era el general Quesada respondió con la negativa. Preguntado otra vez con más instancia, vio claramente que estaba descubierto, y respondió con mucho desenfado: “Yo soy, qué le importa a vuestra merced”. 

Entonces le condujeron al pueblo, que en esa época no tenía cárcel, y le encerraron en una dependencia de una casa de labor, amurallada, a la entrada de la villa, que pertenecía al rico e influyente mercader Don Juan José Marcó del Pont ,que residía por temporadas en el que fuera palacio de los Marqueses de Santa Cruz (2), también de su propiedad (1). 
En esta casa se le puso una guardia de carabineros de costas y fronteras, cuyo oficial se ofreció a proteger al general, y otra de milicianos del pueblo.
De inmediato se mando un emisario a la corte, para comunicar el arresto a las nuevas autoridades, pero fue precisamente este hombre el que, sin quererlo, puso en marcha la locura colectiva.
Entrando el mensajero a Madrid, por la puerta de Santa Bárbara, se encontró con la calle de Hortaleza atestada de ciudadanos que celebraban el cambio de gobierno, al ver el pobre, que se le hacía imposible llegar a la Puerta del Sol, pidió paso a voz en grito, diciendo que tenía que informar urgentemente del arresto de Quesada en Hortaleza. 
La noticia corrió como reguero de pólvora, por las calles de Madrid. Unos marcharon hacia la calle Alcalá y Recoletos, para tomar las calesas de alquiler que allí se estacionaban; otros (los que se encontraban montados) salieron a galope tendido, y los que no tenían medio de transporte enfilaron hacia Hortaleza a pie para ver entre rejas al odiado general.

Sobre las tres de la tarde, alrededor de la improvisada prisión, ya se había congregado una enfurecida turbamulta, que llego a ser, según algunas fuentes, de más de mil personas. 
El detenido preguntó a sus vigilantes si entre los exaltados había guardias nacionales. Al responderle afirmativamente dijo:
“Entonces estoy perdido”.

En este punto algunos autores se refieren a una niña que vivía en la casa y que le preguntó si quería ver al cura párroco, a lo que respondió el detenido:

“Si. Necesito un sacerdote, pues estoy a punto de morir”.

A duras penas los guardianes podían contener a la masa cuando alguien gritó que a lo lejos se divisaban tropas a caballo. Eran los cuarenta coraceros de la reina que había mandado el general Seoane para llevarse al detenido.

Al ver los más exaltados que perdían la oportunidad de la venganza, introdujeron una pistola por entre las rejas de la ventana y descerrajaron un pistoletazo al general. Este, herido, les grito que si deseaban matarle tenían que dispararle una segunda vez; y les dijo:

“Una vez no es suficiente”

Vallejo. "Asesinato de Quesada".1845
ÁLBUM DEL SIGLO XIX. MUSEO ZUMALAKARREGI.DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA.

Entonces la turba, ya sin control, encañonó a los guardianes amenazándoles de muerte y se abalanzó sobre la puerta derribándola. Tras los dos primeros disparos que acabaron con la vida del general, algunos, fuera de sí, se ensañaron con el cadáver. Aquí, unos dicen que le cortaron las manos y otros que las orejas. El caso es que a pesar de algunos relatos terribles, la crueldad no fue a más, pues cuando se disponían a desnudar al difunto, llegaron los coraceros interponiéndose entre él y los agresores.
Mientras los atacantes regresaban a Madrid, después de su bárbara excursión, el cuerpo del general fue custodiado hasta que, hacia las nueve de la noche, el alcalde mando darle sepultura en el cementerio de Hortaleza.



Este crimen absurdo, que fue utilizado por las potencias europeas absolutistas para denigrar al nuevo gobierno liberal y a la constitución que defendían, también trajo consecuencias nefastas para algunos ciudadanos inocentes, pues como resultado de la investigación que se promovió para esclarecer el suceso, fueron encarcelados el 7 de noviembre de 1839 los siguientes vecinos de Hortaleza:

Pedro Ruiz, soltero de treinta y ocho, herrador.
Ruperto Santos, de treinta y uno
Antonio Rubio, de treinta y seis
José Aguado, de treinta y cuatro
Manuel López de cincuenta y cuatro
Francisco Moris, (aparece en la sentencia como difunto).
Vecinos y nacionales en el pueblo de Hortaleza.

Todos menos uno (para el cual el juicio llego demasiado tarde) fueron puestos en libertad el 7 de octubre de 1841, tras dos años de presidio, al ser absueltos libremente…

… de los cargos contra ellos deducidos en esta causa, sin que pueda perjudicar a su buena opinión y fama el haber sido comprendidos en la misma; los reservamos su derecho para que sobre los daños y perjuicios que por ella se les haya originado puedan deducirlo cómo, dónde y contra quien corresponda; sobreseyéndose respecto de Francisco Moris, difunto; declaramos así mismo no haber habido lugar para la prisión decretada en 7 de noviembre de 1839 contra dichos procesados por el juez de primera instancia don Miguel Renedo, a quien se apercibe que en lo sucesivo para providencias de esta naturaleza en el estado en que en aquella fecha tenía el proceso, obre con más detenimiento y circunspección…
(1)- Añadido el 30 de marzo de 2011.
(2)- Añadido el 24 de febrero de 2012.

29 jun 2009

TOBAR


El otro día me acerqué al casco histórico para charlar con un amigo que conoce bien la Huerta de la Salud, pues quería escribir algo sobre la última época de la finca, y me faltaban algunos datos. La verdad es que no conseguí gran cosa, como ya me imaginaba, sobre todo en lo que se refiere a uno de sus últimos propietarios, Don Pedro Tobar, pues siempre se encuentra un cierto misterio cuando se trata de este personaje.




Por entonces se publicó en los periódicos la noticia de la aparición, en perfecto estado, de una película de los comienzos de la II República Española. No perdí tiempo y busque el video en Internet.
Es un documento impresionante con una extraordinaria calidad de imagen y sonido. Andaba yo pensando en la frescura que destilaba el reportaje a pesar de los años y en como aquellos personajes históricos volvían a la vida por la magia del cine, cuando de repente, apareció él, el mismísimo don Pedro Tobar, con sus largas barbas. Ahí estaba levantando acta de la cesión de la Casa de Campo al pueblo de Madrid el 6 de mayo de 1931, entre el ministro de hacienda Don Indalecio Prieto y el alcalde Don Pedro Rico. Ceremonioso y con cierto nerviosismo, Tobar inicia el aplauso a los discursos de los políticos. ¡Vaya papelón!, él, que había donado 25 pesetas para un monumento a Alfonso XIII, rodeado de tan altas autoridades de la República.





El caso, es que “la aparición” me ha animado a escribiros este pequeño texto sobre el “duque de Tobar” ( como le llamaban en Hortaleza) y su gran proyecto. Fue abogado y decano del Colegio de Notarios de Madrid, refundador de la antigua quinta de la Huerta de la Salud, que adquirió, junto con las tierras que de ella dependían, en 1894. Esta abultada hacienda fue acrecentándose de manera sistemática a lo largo de los años, unas veces mediante la compra de tierras, otras veces las propiedades se adquirían como la garantía de pago de préstamos que él mismo concedía a agricultores, que finalmente no podían satisfacer su deuda, y otras aplicando sus conocimientos de las leyes, como así fue en el famoso pleito que ganó en el juzgado de Colmenar Viejo (sentencia del 10 de septiembre de 1925), contra el Ayuntamiento de la villa de Hortaleza, por el cual, el Arroyo Valdebebas y su entorno paso a ser de su propiedad. La cuestión es que, de una u otra forma, reunió una inmensa extensión de terreno para alimentar su gran proyecto, la que fue una de las industrias agropecuarias más avanzadas de su tiempo, donde se aplicaban las últimas tecnologías tanto en sistemas de producción como en maquinaria agrícola, y en la que trabajaban, en diferentes oficios, numerosas familias.
 

El corazón de esta industria que, según las estaciones del año, llegaba a tener una actividad febril, se encontraba en una de las propiedades que pertenecieron al Duque de Frías, la Huerta de la Salud. Allí alrededor de la vivienda familiar se fue edificando, en el primer cuarto del siglo XX, un gran complejo, en el que podíamos encontrar: almacenes de todo tipo, graneros, un silo, caballerizas y cuadras, una gran alberca, abrevaderos para el ganado, norias de abundante agua, viviendas para los empleados, etc... También, fuera del recinto, esparcidos por el término, se contaban algunas construcciones para la guarda del ganado y el almacenamiento de aperos de labranza.
 

Pero entre todos los edificios que mando construir el que mas destacaba era el conocido como “mirador”, una altísima torre palomar donde según dicen, se guarecían las palomas de los contornos y hasta de la Plaza de Cibeles. Esta magnifica torre que marcó el perfil del pueblo durante casi todo el siglo XX, se divisaba desde muchos kilómetros a la redonda y desde lo alto Tobar, además de vigilar sus propiedades, se entretenía divisando el torreón de unas casas que poseía en la Puerta del Sol.
 

 
Tanto los innovadores métodos constructivos que se aplicaron, a base de hierro y hormigón, como la concepción estética de los edificios, hacían que hortaleza pudiera presumir de tener en su trama urbana un conjunto situado a la vanguardia arquitectónica de esos años.
Por desgracia el "Plan Especial de Protección y Conservación de Edificios Histórico-Artísticos de la villa de Madrid", ya en democracia, no salvó estas edificaciones que daban carácter al casco histórico, obra de este terrateniente,que fue figura omnipresente en la Hortaleza de finales del XIX y principios del XX.
Fuentes: Madrid (Hortaleza-Vicalvaro) / Teresa Perez Higuera. Historia de Hortaleza /Francisco Javier Pastor Muñoz.

30 abr 2009

MATALOBOS

Dios nos libre de tan amargo lance. Goya.
Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

Aquí tenéis el caso de dos pobres diablos que abandonaron su honrado trabajo de albañiles para dedicarse al floreciente negocio de los salteadores de caminos. Puede que les obligara la necesidad, dada la penuria en que se encontraba la población a causa de la guerra, o les movió la búsqueda del “dinero fácil”, el caso es que sus nombres terminaron en letra impresa en el Diario de Madrid del 18 de Julio de 1810, como podéis leer a continuación:

Diario de Madrid
Miércoles 18 de julio de 1810


Francisco Mateo, natural de S. Sebastian de los Reyes, de 28 años, soltero, jornalero, y residente en esta corte. Tomas de la Cruz, conocido por Matalobos, de 27 años, casado, peón de albañil, vecino de esta villa; estos hombres abandonaron sus respectivos destinos a principios de mayo próximo pasado; y habiéndose dedicado a cometer insultos en los caminos públicos, han sido presos y acusados de los crímenes siguientes:
En la tarde del día 12 de dicho mes, caminando Eusebio Aguado desde esta corte para su pueblo de Hortaleza, poco antes de llegar a el le asaltaron, sorprendieron, y amenazaron con un arma de fuego y otra blanca; y habiéndole registrado, le robaron quanto dinero llevaba.
En el siguiente día 13 cometieron iguales insultos, con las propias armas y en el mismo camino, con Juan Torrejón y su sobrina Francisca Palomar, vecinos de dicho lugar de Hortaleza, a quienes después de haberles registrado y robado el dinero que llevaban, lo executaron también de diferentes ropas, con las quales han sido aprehendidos los agresores.
El 19 de dicho mes, dirigiéndose desde esta corte á la villa de Hortaleza Esteban Rodríguez y D. Juan Rubio, alcalde y escribano en este pueblo, fueron igualmente sorprendidos, y amenazados con las armas indicadas; por no llevar dinero alguno, les robaron una capa de paño fino y dos pañuelo, que vendieron posteriormente en esta corte; cuyos efectos pudieron ser recogidos, resultando su procedencia de los mismos agresores.
Todos estos hechos aparecen plenisimamente justificados por las declaraciones y reconocimientos de los robados, por la confesión del Tomas de la Cruz, (alias Matalobos), y por otros convencimientos que resultan de la causa que se les formó; acreditándose además en la misma la mala conducta é inaplicación de ambos cómplices, y el haber sido con anterioridad el expresado Matalobos procesado y castigado por ladrón en tres distintas ocasiones.
Por todos estos méritos la junta criminal extraordinaria de esta corte, con audiencia de los mismos reos, les ha condenado en la pena ordinaria de muerte, que han sufrido en el dia10 del corriente mes, llevando al suplicio pendiente del cuello un letrero que manifestaba al publico sus delitos.


Seguro que habréis apreciado la desproporción entre la condena y el delito, pero tenéis que tener en cuenta que estaba prohibida terminantemente la posesión de cualquier tipo de arma, pues se encontraba en vigor la orden de 29 de diciembre de 1808 que decía así:

“todo vecino de Madrid o español, que se encuentre en las calles con un puñal u otra arma cualquiera y todo habitante que hubiese atentado contra la vida de un individuo del exército francés o aliado, o de un español, será arrestado, entregado a una comisión militar y castigado con pena de muerte”

Además en el real decreto de 12 de Abril de 1810 el crimen de robo en camino se condenaba con la pena de muerte.

No se puede saber por qué. Desastres de la Guerra. Goya.


Los desgraciados murieron como veis en la ilustración, pues un real decreto del rey José I “democratizó” la forma de ser ejecutado, dando acceso a todo condenado a muerte a “recibir garrote”, un instrumento del que antes solo podían “disfrutar” las clases más acomodadas, y que según les parecía proporcionaba una muerte más dulce y civilizada.
Entre 1810 y 1812 podemos encontrar en el diario de Madrid más de 40 noticias de ejecuciones. Alguno murió por la tenencia de la típica navaja que servía para picar tabaco o para cortarse unas lonchas de queso. ¡Qué Barbaridad!

Por una navaja. Desastres de la Guerra. Goya


Y lo más sorprendente de todo este asunto es que los hechos tuvieron lugar en algún tramo de la actual Calle de López de Hoyos, el camino que desde siempre ha unido Madrid con Hortaleza.





Fuentes: http://goya.unizar.es/


29 mar 2009

EL ARBOL DEL REY

. Reina María Cristina y su hijo Alfonso XIII.

Corrían los años setenta del pasado siglo, cuando la asociación de vecinos “La Unión Hortaleza” organizó, con cierta urgencia, una merienda campestre.
El motivo era que el viejo pinar de la calle López de Hoyos se encontraba en serio peligro de desaparición, los especuladores habían puesto sus ojos en él y querían talarlo para construir unos bloques de viviendas.
Llegado el día nos fuimos a la arboleda con la bota de vino y la tortilla de patatas. La concurrencia formaba un grupo no demasiado numeroso pero realmente festivo y se respiraba cierto aire de romería popular.
Entre nosotros se encontraban los cantantes Ana Belén y Víctor Manuel que también querían solidarizarse con la causa del pinar, pues vivían no muy lejos en una de las colonias de “La Prospe”. Como ya podéis imaginar después de comer, nuestros amigos los artistas agarraron la guitarra y sobre un pequeño escenario que se había improvisado interpretaron sus canciones, que todos acompañamos a coro.
Como ese día vino con nosotros mi abuelo Jonás, decidimos alejarnos del bullicio para dar un paseo entre los pinos centenarios, y en la conversación surgió mi pregunta: ¿Abuelo, por qué este bosque se llama “Pinar del Rey”?. El me contesto que no sabia el origen de ese nombre, pero que siempre se había oído, que uno de aquellos arboles había sido plantado por el rey Alfonso XIII.
Desde aquel día, “El Árbol del Rey” quedo como un mito grabado en mi imaginación y tuvieron que pasar muchos años para descubrir que no se trataba de ninguna leyenda.
La historia de ese árbol, es la historia del nacimiento de nuestro querido pinar, en el dia de la celebración de la "Fiesta del Árbol” más multitudinaria de la ciudad de Madrid.

Aquí tenéis uno de los multiples anuncios y avisos que aparecieron en la prensa de aquella época.

La fiesta del árbol

El secretario de la Comisión organizadora de dicha fiesta que, como ya saben nuestros lectores, será costeada por la Diputación y el Ayuntamiento, y fue iniciada por aquella, ha recibido contestaciones de la mayoría de los colegios oficiales y particulares, adhiriéndose a tan hermoso pensamiento.
Ultimados los detalles, solo se espera que S. M. la Reina, patrocinadora desde un principio de la fiesta, señale el día de su celebración.
La plantación, en la cual tomaran parte dos mil niños y en primer término S.M. el Rey D. Alfonso XIII, se verificara en el camino de Hortaleza, en el sitio llamado Cerro del Centinela.
A los niños que concurran a la fiesta, se les obsequiara con una suculenta merienda, entregándoseles también una medalla conmemorativa.
Los señores Fernández Shaw y Chapi han compuesto un himno, que se cantara en este acto.
Se publicara además el día en el que se verifique éste una hoja literaria con artículos que llevaran conocidas y acreditadas firmas.
Con tales preparativos no podrá menos de resultar magnifica y solemne la fiesta del Árbol.


Y esta es, casi en su integridad, la crónica publicada por el periódico : “La Iberia”


LA FIESTA DEL ARBOL

La salida
Desde las ocho de la mañana se veía ya en la Puerta del Sol un movimiento de niños vestidos de gala y luciendo la medalla conmemorativa de la primera Fiesta del Árbol.
Los colegiales, acompañados de sus respectivos profesores, se situaban en las aceras aguardando la hora de marchar.
Los carruajes que habían de conducir a los niños al lugar de la fiesta se situaron en la calle Mayor.
Eran en total 44 jardineras y llevaban en cifras grandes el número de escolares que cada una habría de transportar.
A las diez de la mañana salio la primera expedición infantil.
La banda y orfeón del Hospicio y la banda de San Bernardino, situadas en la acera del café de levante, interpreto mientras los niños subían a las jardineras varias piezas musicales, entre ellas el bonito pasacalle infantil “El Oso y el Madroño”, compuesto expresamente para la fiesta por el maestro Sr. Espinosa.
El aspecto que presentaba la Puerta del Sol en aquellos momentos era animadísimo.
Los balcones estaban llenos de gente, y mucha mas se agrupaba al paso de los coches que conducían a los regocijados chiquitines, muchos de los cuales llevaban hatillos y cestas con merienda.
A cada viajero se le entregaba un plano del punto donde se iba a celebrar el festival.
Cuidaban del buen orden el capitán del cuerpo de seguridad Sr. Borja y el inspector de la delegación de distrito.
Presenciaron la primera expedición, a más de una compacta concurrencia, el presidente de la diputación Sr. España, el secretario de este Sr. La Torre, el diputado provincial y arquitecto Sr. Belmás y el secretario del circulo obrero Sr. Ducazcai.
A las doce aproximadamente acabaron de salir los últimos coches que transportaban escolares, pero no cesó el movimiento de vehículos, sino que, por el contrario, aumento extraordinariamente por los que se dirigían hacia la Prosperidad.

Plantando los árboles. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

En el cerro del Centinela
Verdaderas avalanchas de vehículos y de peatones engrosaban a cada momento los compactos grupos que se dirigían por la falda del cerro y por los caminos que a el conducen.
A uno y otro lado de la carretera, en el cerro y en todos aquellos dilatados terrenos, había multitud de familias merendando y haciendo caso omiso del vendaval que soplaba y del polvo que convertía el aire en irrespirable.
Los niños manifestaron ruidosamente su alegría al contemplar aun desde larga distancia las banderas y gallardetes del cerro, adivinando que allí estaban los respectivos arbolitos.
Así es que al llegar, lo primero de que se ocuparon fue de buscar el que a cada uno le correspondía plantar.
En el terreno donde ha de enclavarse la barriada que proyecta la compañía Madrileña de Urbanización, veíanse porción de banderitas y gallardetes.
Casi todas las casas del barrio de la Prosperidad lucían colgaduras y banderas, y la multitud de merenderos, despachos de refrescos y bebidas, buñolerias y otros tenderetes improvisados por las inmediaciones del cerro, lucían también banderas y adornos de colores vivos que abrillantaban el conjunto…

…en la cumbre del cerro se había hecho una meseta, instalándose en la parte norte de ella un pabellón de madera, destinado para que la Real Familia asistiera al acto.
Constaba el pabellón de tres cuerpos; pórtico, al cual daba acceso una gradería, un salón largo y un gabinete con tocador. Las paredes estaban cubiertas con hermosos tapices.
En el salón principal habla una mesa con bouquets de flores y una bandeja con dulces para obsequiar á las augustas personas. Frente a esta mesa otra de escritorio, con tintero y pluma comprada exproceso para que se firmara el acta, que se hallaba en una elegante cubierta de papel…

Desde la puerta de la caseta hasta el árbol del rey, cubrían el suelo preciosas alfombras.

El árbol del rey
Estaba frente por frente a la caseta y ostentaba en su cartela el numero uno.
El árbol del rey es un lindo bonetero de metro y medio de altura; a ambos lados había dos pequeños montones de tierra.
Limitaban la meseta dos filas de sillas formando herraduras, y distribuidos por aquella y la falda del cerro, estaban todos los arbolitos con estacas guiones indicando los números de los de cada sección y además con su numero correspondiente cada uno.


El reparto de las provisiones. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896

Las meriendas
Transportadas en dos camiones, desde los cuales se les entregó á los pasantes y éstos las distribuían a los colegiales.
Estos obsequios, costeados por la Diputación y el Ayuntamiento, se componían de unas rajitas de salchichón, otras de lengua, de jamón, un pastel, una naranja y un panecillo, todo encerrado en una cajita de cartulina.
Los niños se esparcieron alegremente, y aquellos, que poco antes sólo se ocupaban de los arbolillos, se pusieron a merendar.
El efecto entonces era delicioso. Por donde quiera que se dirigía la mirada había encantadores grupos de niños sentados en el césped, consumiendo el contenido de la cajita pero sin alejarse mucho de sus respectivos árboles y palas.
Los niños del colegio de San Ildefonso formaron un gran corro en torno de sus profesores y comieron también la merienda, consistente en tortilla de jamón, dulces y fruta.
Las dos bandas, la del Hospicio y la de San Bernardino, amenizaron la comida campestre…

Distribuidos convenientemente para el buen orden de la fiesta había en aquellos lugares 572 agentes de seguridad a las órdenes del coronel Morera, 200 guardias civiles de infantería y muchas parejas de caballería del 14º tercio.

A las dos de la tarde
Los ministros de Gracia y Justicia y Fomento llegaron a la hora indicada, al propio tiempo que el arzobispo de Madrid –Alcalá, el gobernador civil, señor conde de Peña Ramiro, los embajadores de Francia, Italia, Austria y Alemania, el alcalde, el señor conde de Montarco, y el rector de la universidad central, que juntamente con el presidente de la diputación, señor España; los señores…

También se hallaba la ambulancia de la cruz roja entre las personas que aguardaban a los reyes…

Llegada de SS. AA.
A las tres en punto llegaron las infantas doña Isabel y doña Eulalia, siendo recibidas por el elemento oficial.
S.A. la infanta doña Isabel participó que su majestad la Reina no podía asistir por hallarse ligeramente indispuesto su augusto hijo.
SS. AA. pasaron al pabellón, en donde fueron obsequiadas con dulces y preciosos ramos de flores.
Transcurridos diez minutos, SS. AA., seguidas del elemento oficial, se dirigieron al ciprés destinado a S. M. el Rey y echaron dos paletadas de tierra, interin las bandas y escolares entonaban el magnifico himno de Chapi y Fernández Shaw. (Compuesto para la ocasión)
Seguidamente se levanto acta de la ceremonia, cuyo documento había redactado el secretario de la diputación Sr. Pozzi, firmando sus altezas y después Varias distinguidas personas que habían concurrido.
SS. AA. RR. Las infantas Dª Isabel y Dª Eulalia disponiéndose a plantar un árbol en representación de S. M. el Rey. Detalle del grabado de Comba para la Ilustración Española y Americana. 1896.

El acta.
En la villa de Madrid, a 26 días del mes de Marzo de 1896, y a la hora de las dos de la tarde, congregadas las ilustres personas que firman este documento en el lugar denominado “El Cerro del Centinela”, designado para la fiesta del árbol, se procedió por 2000 niños alumnos de los colegios particulares de la capital, escuelas municipales, establecimientos de beneficencia y sociedades y centros a la plantación de los árboles que en adelante han de quedar encomendados a sus cuidados.
Y para que la mencionada fiesta iniciada por la Excma. Diputación provincial, bajo la augusta protección de SS. MM. El Rey D. Alfonso XIII y la Reina regente del reino (que Dios guarde), el concurso del Excmo. Ayuntamiento de Madrid y el de respetables personalidades, se perpetúe recuerdo tan grato, el secretario de la Excma. Diputación provincial levanta la presente acta.

Final
El acto termino a las cuatro, calculándose que habrán asistido a el mas de 50.000 personas.
Tomaron parte en la fiesta 2.117 niños de 46 colegios particulares de Madrid, del Hospicio provincial, de las Escuelas superiores Municipales de los diez distritos de Madrid y de las Escuelas elementales municipales.



Y así fue como desde aquel día se conoce al “Cerro del Centinela” como “Pinar del Rey”. Un día feliz para muchos niños en un tiempo en el que ya se atisbaba la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica.




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