En 1880 la congregación francesa
de la Sagrada Familia de Burdeos compró, a través de su sociedad comercial Viuda
Clavier y Cía, el Palacio de Buenavista de Hortaleza, para fundar en él su
noviciado general de España. Inmediatamente comenzaron las obras para adaptar la
propiedad a su nueva función, sacando a pública subasta las 23 estatuas de
mármol de Carrara y de temática pagana que adornaban los jardines, sustituyendo
a los dioses mitológicos por imágenes religiosas cristianas, colocadas en: fuentes, capillas, y hornacinas.
Ante la afluencia cada día más
numerosa de postulantas, se vieron en la necesidad de ampliar las instalaciones
con la construcción de nuevos edificios. En 1885 el obispo de Salamanca inauguró la nueva residencia con capacidad para 200 monjas,
que acogía en su interior la capilla del
convento. También se levantó la “Casa de
los Padres”, cuyas funciones eran de alojamiento
para los religiosos oblatos capellanes, y lugar de retiro de los miembros ancianos
de la orden de María Inmaculada. Ambos
fueron fabricados con una fachada muy decorada al estilo de otras edificaciones
europeas del siglo XIX de ladrillo visto. De estos dos edificios solo se conserva el primero en la calle Mar del Kara, tiene cuatro
alturas y está conectado por un corredor con el antiguo palacio; el segundo fue demolido en la posguerra y había
servido como sede del Comité Republicano de Hortaleza.
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Casa de los Padres Residencia de los Oblatos Capellanes. 1936-1939 Sede del Consejo Municipal Republicano de Hortaleza. |
El convento funcionó 57 años
ininterrumpidamente como noviciado y escuela de niñas, hasta el alzamiento
militar contra la República el 18 de julio de1936. En esos días las religiosas
fueron trasladadas, bajo la protección de las autoridades municipales, al palacio
de la Moraleja, a la espera de que cesaran los tumultos provocados por grupos
de milicianos provenientes de Madrid. Al final el convento fue ocupado, los
objetos artísticos depositados en el Tesoro Nacional, y las ropas y utensilios
repartidos, por orden de la madre superiora, entre los necesitados del pueblo. Las
monjas se dispersaron vestidas de civiles, refugiándose durante la guerra en la
casa que tiene la orden en Oharriz, Navarra.