17 sept 2019

CÓMO PROGRESA EL PUEBLO DE HORTALEZA



    Hace 84 años, el día 21 de septiembre de 1935, se inauguró la primera línea de autobuses que conectaba  Hortaleza con Madrid. Salían  desde la plaza de Alonso Martínez cada hora y desde El Paseo en Hortaleza treinta minutos más tarde. Así iniciaba la Empresa Mixta de Transportes Urbanos el proyecto de comunicar Madrid con todos los pueblos limítrofes, tras muchos años de demandas de los vecinos y el trabajo perseverante de diferentes comisiones de los ayuntamientos implicados. La guerra civil paralizó este plan como algunos de vital importancia para el progreso de la población: como la edificación de otros dos centros escolares, aprobados en el Consejo de Ministros, o la carretera Hortaleza-Barajas, con las obras ya comenzadas.
Además el Ayuntamiento republicano había conseguido, en su primer año, cerrar el ejercicio con superávit que aunque no muy abultado fue suficiente para acometer obras necesarias para el pueblo. Se instalaron nuevas fuentes de agua potable, que aportaban su sobrante al abrevadero de ganado y se construyó un moderno lavadero municipal cómodo y protegido de las inclemencias del tiempo. En proyecto y presupuestado estaba el arreglo de todas las calles y la adquisición de un terreno para un nuevo cementerio. Se incrementó el gasto en educación con la construcción de una escuela y el acondicionamiento del edificio de "La Humanitaria" para dar clases. Se dieron regalos a los niños y se organizaron salidas a museos y otros edificios públicos en Madrid.
El saneamiento de la hacienda municipal permitió sobrellevar como se pudo las consecuencias de la crisis del 29 que se prolongó durante aquellos años.  La beneficencia atendió a 20 familias, proporcionándoles ayuda económica, asistencia sanitaria y medicinas.  A los parados, que llegaron a rozar en algún año el 50% de los que estaban en edad de trabajar, se les dio un sueldo de socorro y se les busco faena en obras públicas y en casas particulares de vecinos que colaboraron en remediar la situación.
Fueron tiempos duros pero llenos de esperanza y de progreso para los hortaleceños. Una de las personas que contribuyeron a estas mejoras fue el maestro Don Ladislao Santos, admirado y querido por todos, era conocido como Don Ladis por sus alumnos, gran benefactor de la enseñanza pública, secretario de la Confederación Nacional de Maestros y administrador del periódico  "El Ideal del Magisterio", en cuya labor era ayudado por su hijo y su mujer Doña Flora. De ese periódico reproducimos el artículo que escribió Don Ladis sobre la inauguración de la línea de autobuses a Madrid que representa muy bien el ambiente que se vivía en el pueblo.



Las fotos que ilustran el artículo son del año 1936.



Cómo progresa el
 pueblo de Hortaleza.

Inauguración de una línea
 de autobuses.

…Y llegó el último día del verano. Sol a raudales, alegría en abundancia. Por todos los sitios veíanse rostros resplandecientes de júbilo, como las grandes festividades. Y no era para menos. A las cuatro de la tarde tuvo lugar la inauguración solemne del servicio de autobuses entre Madrid y Hortaleza por la Prosperidad. Esta mejora la ha acogido el pueblo con entusiasmo y aplauso.
Las características de tan importante servicio público son las siguientes: Salida de Madrid, Plaza de Alonso Martínez, cada hora, desde las seis de la mañana a las nueve de la noche. Regreso Hortaleza, también cada hora, desde las seis y media de la mañana a las nueve y media de la noche. Precio por viajero, cincuenta céntimos de peseta. Recorrido: de la Plaza de Alonso Martínez, ya nombrada, a la calle de Almagro, Miguel Ángel, Francisco Giner, Travesía de la Castellana a López de Hoyos, Ventorro del Chaleco, Travesía de la Ciudad Lineal y Hortaleza. En resumen, unos seis kilómetros desde el punto más céntrico de la capital de la República, tardando solo, incluyendo las paradas, etc., de quince a veinte minutos.





Hortaleza, punto de excursión
 para multitud de madrileños.

Situado Hortaleza a tres kilómetros del límite de Madrid, por sus aires sanos, por su clima agradable, por lo acogedor de sus habitantes, siempre se vio concurridísimo por excursionistas a pie y en automóviles, presentando su carretera una animación inmensa, especialmente los días festivos de sol en las alturas y alegría en los corazones. Además, ¿cómo no ir a probar sus afamados vinos moscatel y garnacho?

Ahora, con el servicio de autobuses inaugurado, la concurrencia ha aumentado considerablemente, pudiéndose asegurar que muy pronto ha de ser el simpático pueblo de Hortaleza uno de los sitios preferidos por todos los madrileños, ya que por su situación topográfica ofrece grandes atractivos, formando un conjunto vistosísimo y alegre con la Ciudad Lineal, Chamartín y Canillas.
 A este servicio hay que agregar el que ya tenía de tranvías a muy poca distancia, entre Cuatro Caminos y Ventas del Espíritu Santo, en cuyo recorrido se tarda unos veinte minutos, y solo cuesta 25 y 30 céntimos.


Hortaleza y la enseñanza.
Solo así los pueblos
 pueden ser grandes.

         Una de las notas más interesantes es la que se refiere a la enseñanza. Hortaleza sabe lo que significa la Escuela y el Maestro para el progreso material y espiritual de los pueblos, para el porvenir de sus hijos, y nada escatima en este aspecto tan importante. Sus centros culturales, sus colegios, sus Escuelas, todo, todo pone de manifiesto cómo este pueblo siente profundamente una preocupación constante por la enseñanza y por los problemas educativos. Y como si esto aún fuera poco, en Hortaleza se encuentran establecidas las oficinas de la Confederación Nacional de Maestros y la administración de EL IDEAL DE MAGISTERIO, periódico semanal independiente, siendo, con tal motivo, visitadisimo el pueblo por Maestros de toda España.


Palabras finales.
 Gratitud a todos en nombre
 del vecindario de Hortaleza.

Voy a terminar estas líneas informativas que me ha sugerido la inauguración del servicio de autobuses establecido por la Compañía de Tranvías de Madrid. Es una mejora tan evidente para el progreso y bienestar de Hortaleza, que bien merece haga aquí público el agradecimiento de todo el vecindario a dicha empresa, a la Comisión que durante varios meses, incansable y entusiasta, ha realizado acertadas gestiones hasta verse coronada por el éxito más rotundo, a las autoridades, que siempre se desviven por cuanto de alguna forma redunda en beneficio del pueblo, con su caballeroso Alcalde, D. Mariano Morales, y Juez Municipal, D. Miguel Morales, y a cuantos nos visitan, aumentando la alegría de esta tierra castellana y madrileña, por añadidura.

Gratitud, y ¡viva Madrid y Hortaleza!

28 mar 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA VI. El Incendio.



Guion del Cuerpo de Carabineroselinfante.es

   Durante la guerra civil el noviciado de la Sagrada Familia había sido cuartel de la CNT-FAI, cuartel de “el Campesino” (famoso jefe militar comunista) y academia de Carabineros.
 Tras la rebelión del coronel Segismundo Casado se sucedieron varios días de fuertes combates entre las dos facciones republicanas, hasta el 11 de marzo de 1939, en que las tropas de Casado entran en Hortaleza, poniendo en desbandada a sus oponentes y aplastando el último foco de resistencia en la Huerta de la Salud. La huida  precipitada de los cuarteles dejó desperdigado todo tipo de armamento y pertrechos militares, que sirvieron a los chavales del pueblo como peligroso entretenimiento, hasta que las Divisiones de Requisa franquistas se hicieron cargo. 
 El día 28 el Comandante Militar de la Plaza destituyó a los vocales del Consejo Municipal republicano y los encarceló, junto a otros vecinos, en “La Casa de los Padres” del convento. Dieciséis de los detenidos fueron fusilados en los siguientes meses.

Casa de los Padres. Foto de 1914. 
1936-1939 Sede del Consejo Municipal Republicano de Hortaleza.

     En la posguerra, la finca era Parque de Automovilismo del Ejército cuando el Auxilio Social de Falange Española y de las JONS le echó el ojo, con la primera intención de poner allí la sede principal de su movimiento. Aunque las monjas se negaron a cederla inicialmente, recibieron presiones de las “más altas” esferas del régimen y terminaron por claudicar. En octubre de 1941 el general Franco inauguró el Hogar Clara Eugenia para niñas.




William Beckford por Sir Joshua Reynolds. 1782. 

NPG 5340 © National Portrait Gallery, Londres.




Ocho años más tarde, el 25 de octubre de 1949 a las 5:30 de la tarde, una chispa prendió en una de las chimeneas del palacio, declarándose un voraz incendio. A pesar de la pronta intervención de los vecinos -que arrojaron por las ventanas muebles, máquinas de coser y pianos-,  y de la labor de tres parques de bomberos de la capital, la acción continuada del fuego durante 6 horas, lo redujo todo a cenizas.  Este fue el final del palacio, que junto a sus hermosos jardines; su cuidada huerta de árboles frutales; sus  fuentes, estanques y acequias; y su frondosa alameda,  había proporcionado tanto placer a los que lo conocieron. Como el escritor William Beckford, que comparando a nuestro pueblo con un elitista barrio londinense proclamó:

“Yo prefiero las tierras de Hortaleza al verdor del  West-end”

1 feb 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA V. Las Monjas.


Condesa Delphine  de Casamajor.
 Una de las fundadoras del noviciado de Hortaleza.

En 1880 la congregación francesa de la Sagrada Familia de Burdeos compró, a través de su sociedad comercial Viuda Clavier y Cía, el Palacio de Buenavista de Hortaleza, para fundar en él su noviciado general de España. Inmediatamente comenzaron las obras para adaptar la propiedad a su nueva función, sacando a pública subasta las 23 estatuas de mármol de Carrara y de temática pagana que adornaban los jardines, sustituyendo a los dioses mitológicos por imágenes religiosas cristianas, colocadas en:  fuentes, capillas, y hornacinas.

Ante la afluencia cada día más numerosa de postulantas, se vieron en la necesidad de ampliar las instalaciones con la construcción de nuevos edificios. En 1885 el obispo de Salamanca inauguró  la nueva residencia con capacidad para 200 monjas, que acogía en su interior  la capilla del convento.  También se levantó la “Casa de los Padres”, cuyas funciones  eran de alojamiento para los religiosos oblatos capellanes, y lugar de retiro de los miembros ancianos de la orden de María Inmaculada. Ambos fueron fabricados con una fachada muy decorada al estilo de otras edificaciones europeas del siglo XIX de ladrillo visto.  De estos dos edificios solo se conserva el primero en la calle Mar del Kara, tiene cuatro alturas y está conectado por un corredor con el antiguo palacio;  el segundo fue demolido en la posguerra y había servido como sede del Comité Republicano de Hortaleza.



Casa de los Padres  Residencia de los Oblatos Capellanes.
1936-1939 Sede del Consejo Municipal Republicano de Hortaleza.

El convento funcionó 57 años ininterrumpidamente como noviciado y escuela de niñas, hasta el alzamiento militar contra la República el 18 de julio de1936. En esos días las religiosas fueron trasladadas, bajo la protección de las autoridades municipales, al palacio de la Moraleja, a la espera de que cesaran los tumultos provocados por grupos de milicianos provenientes de Madrid. Al final el convento fue ocupado, los objetos artísticos depositados en el Tesoro Nacional, y las ropas y utensilios repartidos, por orden de la madre superiora, entre los necesitados del pueblo. Las monjas se dispersaron vestidas de civiles, refugiándose durante la guerra en la casa que tiene la orden en Oharriz, Navarra.

16 ene 2018

UN PALACIO EN HORTALEZA IV. El Carlista.



En el siglo XIX aparecen en la lista de propietarios del Palacio de Buenavista  los ricos burgueses.
40 años estuvo en manos del gallego Juan José Marcó del Pont. Perteneciente a una familia de origen catalán que amasó una inmensa fortuna, en el comercio con la América española y asaltando naves, de naciones enemigas, con una flota de barcos corsarios que tenía su sede en el puerto de Vigo. Banquero y acaudalado hombre de negocios, invirtió gran parte de su capital, en financiar  la causa absolutista, primero, y carlista, después, llegando a ser ministro de hacienda del gobierno del pretendiente al trono.
  Tras la ocupación francesa la quinta fue expropiada  por gobierno de José Napoleón I y sufrió los avatares y destrozos de la guerra de la independencia, siendo cuartel de tropas francesas, inglesas, y del  regimiento de infantería de línea Castilla nº 16. Marcó la recuperó en 1813 emprendiendo la restauración del edificio, la modernización de las instalaciones agrícolas y el embellecimiento de los jardines.
Vallejo. "Asesinato de Quesada".1845
ÁLBUM DEL SIGLO XIX. MUSEO ZUMALAKARREGI.DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA.

En una propiedad anexa al palacio fue donde en 1836 se produjo la reclusión y posterior linchamiento del General Quesada, hechos en los que intervino la guardia nacional de Hortaleza, que había sido armada y uniformada por Marcó del Pont. Este señor terminó con sus huesos en el Castillo de Peñiscola por su participación en varias conspiraciones ultra-absolutistas contra el gobierno. Murió exiliado en Francia y la posesión pasó, por un litigio judicial, a manos de la familia de Godoy, que se deshizo de ella en cuanto pudo.

Después  perteneció 25 años a los Urzaiz, familia de la “high-life” madrileña, (o como decían los castizos: del “ay gilí”) acaparadora de todo tipo de propiedades en Hortaleza, incluida la Huerta de la Salúd, y que llegó a comprar al Patrimonio Real el palacio de la Moraleja.

(Continuará)

2 nov 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA III. La Austriaca.



 
Marquesa de Santa Cruz de Francisco de Goya
Museo del Louvre.


    Don José de Silva contrajo matrimonio en Viena con Mariana von Waldstein, una aristócrata de 18 años a la que sacaba la friolera de 30 años. Después de pasar por Versalles para visitar a la Reina María Antonieta emprendieron viaje a Madrid, llegando en pleno mes de julio de 1781. De inmediato se trasladaron a su casa de campo, donde la joven austriaca disfrutó de su primer veraneo en Hortaleza [1] .

     La nueva marquesa de Santa Cruz causó onda impresión en la corte madrileña por su inteligencia, belleza y alegría. De grandes dotes para la pintura, fue académica y directora honoraria de la Real Academia de San Fernando. Trabó amistad  con Goya siendo retratada por el pintor en un lienzo que hoy  cuelga de las paredes del museo del Louvre. En la pintura vemos a la señora vestida de maja, sobre un fondo campestre, mirando al espectador entre desafiante y risueña.


     El matrimonio tuvo cuatro hijos: tres niños y una niña. Esta última, María Ana de Silva Bazán y Waldstein, se casó a los 15 años con el futuro Duque de Frías, de la familia que fue propietaria de la vecina Huerta de la Salud  y  es la adolescente que pintó Goya en el cuadro titulado la Condesita de Haro.

María Ana Silva-Bazán y Waldstein, condesa de Haro.
 Francisco de Goya.


      Mientras el marques se dedicaba a sus quehaceres, Doña Mariana vivió la vida intensamente, cultivando la amistad con gran discreción. Entre sus “íntimos” figuran: El banquero Cabarrús, creador del Banco de San Carlos, embrión del Banco de España; los embajadores de Francia Felix Guillermardet y Lucien Bonaparte; y el escritor inglés  William Beckford. Algunos de ellos gozaron de la tranquilidad de la quinta hortaleceña.

     En 1802 muere Don José, y los herederos ponen a la venta la posesión para no tener que asumir el alto coste de su mantenimiento, que se cifraba en tres veces lo que se obtenía por su explotación como granja.

    La marquesa viuda marcha a Italia, donde recibe los honores como pintora de las academias de Florencia y Roma. En esta capital falleció en 1807 Mariana von Waldstein última gran aristócrata que habitó el palacio de Buenavista de Hortaleza.

(Continuará)



[1]  Viera y Clavijo, José de . Cartas Familiares...Santa Cruz de Tenerife, Imprenta, Litografía y Librería Isleña, 1849

7 sept 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA II. La Gran Reforma


José de Silva Bazán. Marqués de Santa Cruz

Al morir el Duque de Alburquerque en 1757, la quinta que ocupaba lo que hoy conocemos como Parque Isabel Clara Eugenia, pasó a manos de la única hija que le sobrevivió: María de la Soledad. Ella se había casado hacía apenas dos años con José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz.
Don José era el prototipo de hombre culto e ilustrado de aquel tiempo, amante de las artes y la ciencia. Eran famosos en Madrid los experimentos que realizaba en su laboratorio de química y su gabinete de Física. Seguramente el más concurrido fue la ascensión, desde los jardines de su casa, de uno de los primeros globos aerostáticos que surcaron los cielos de la capital. Nombrado director de la Real Academia de la Lengua se afanó en la construcción de una nueva sede. Muy cercano a la familia real, ejerció de mayordomo mayor en palacio con Carlos III y Carlos IV, y también fue ayo del futuro rey Fernando VII, sin duda una ardua labor visto los resultados.
En Hortaleza, los marqueses iniciaron enseguida las obras para transformar la vieja casa de campo en un lujoso palacio al gusto de la época. El edificio se encontraba en la parte más alta de la huerta, ocupando una superficie aproximada de 1.700 m2,  tenía dos plantas con patios interiores y una torre en la fachada de poniente. De fábrica de ladrillo y mampostería, estaban labrados en granito los zócalos, las jambas y los arcos.



Además de renovar la vivienda, también se modificaron los paseos que recorrían la alameda y se trazó un nuevo jardín de parterres, con dos fuentes y un estanque dedicado al dios Baco. Todo el espacio estaba  adornado con numerosos bustos y esculturas sobre sus pedestales, destacando los conjuntos de las Cuatro Estaciones y Los Continentes, a las que acompañaban, entre otras figuras mitológicas, el dios del comercio: Mercurio, la diosa de la agricultura: Ceres;  y dos magníficos Hércules.
Estando las obras en marcha murió la esposa, permaneciendo viudo el marqués durante 20 largos años, hasta que, acuciado por la mala salud de su hijo primogénito, emprendió viaje por las cortes europeas en busca de nueva esposa.


28 abr 2017

UN PALACIO EN HORTALEZA I. La Torre de los Alburquerque.

Ilustración del libro La Proserpina con el escudo del Duque de Alburquerque
Universidade de Santiago de Compostela 


     “Y por la hermosa carretera nos dirigimos a la localidad, objeto de nuestras investigaciones. Cruzamos la divisoria entre las cuencas de los ríos Jarama y Manzanares, y poco después llegamos al pueblo de Hortaleza, fundado sobre una colina, y que tiene a sus pies una alfombra de plantas y flores hasta besar las márgenes del Arroyo del Quinto”.

      Así  nos describe el arquitecto Vicente Muzás, en un cuento de 1907,  la primera imagen que se encontraban los viajeros al llegar a nuestro pueblo y que ha permanecido casi invariable hasta hace pocos años. 
     En la silueta de la población se recortaban sobre el cielo 4 torres: a un lado el granero, el silo y el palomar de la Huerta de la Salud; y  al otro el campanario neomudejar de la iglesia de San Matías. Destacaban también, sobre el caserío, dos grandes edificios conventuales: el seminario provincial de los padres paules y el noviciado de las ursulinas, enclavados ambos en antiguas quintas agrícolas y de recreo, cuya fundación se pierde en los orígenes de la población.

     Fueron las monjas francesas de la Sagrada Familia de Burdeos las que se instalaron en  la más hermosa de las quintas, que aún conservaba restos del  esplendor que había tenido en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando era la casa-palacio de los Marqueses de Santa Cruz [1], una de las familias más poderosas y ricas del país.

     Don José de Silva Bazán, marqués de Santa Cruz de Mudela, había adquirido la propiedad a través de la herencia de su primera esposa Doña María de la Soledad, hija del Duque de Alburquerque. Este duque era Francisco Fernández de la Cueva, último descendiente por línea primogénita de Beltrán de la Cueva -aquel de “La Beltraneja”-, y vivía retirado en su casa de Hortaleza, donde habían fallecido sus dos hijos varones y donde, años después, moriría él también enfermo de melancolía. Autor del poema “La Proserpina”[2], dedicó sus últimos años a la creación literaria bajo el rústico seudónimo de Pedro Silvestre del Campo.
     Sobre la puerta monumental que daba acceso al recinto, un dragón de piedra, símbolo de esta familia, vigiló durante muchos años la entrada a la huerta.                                                                                                                                                                                                                      (continuará)






[2] José María de Cossío. Fábulas Mitológicas en España. ISTMO,S.A. 1998. Vol.1.p.384

1 nov 2016

LA LLAMADA

 
Fotograma de La Llamada. Cementerio de Hortaleza. 1965.

La Llamada (1965). Director: Javier Setó.
9m23s. Escena rodada en el cementerio de Hortaleza .
Los actores Emilio Gutiérrez Caba  y Dianik Zurakowska recorren el interior del cementerio viejo; al fondo la iglesia de San Matías.
En la película aparece también la sucursal que tuvo el Mesón del Garnacho cerca de Mostoles. 




La Llamada (1965). Director: Javier Setó.
9m23s. Escena rodada en el cementerio de Hortaleza .
Los actores Emilio Gutiérrez Caba  y Dianik Zurakowska recorren el interior del cementerio viejo; al fondo la iglesia de San Matías.
En la película aparece también la sucursal que tuvo el Mesón del Garnacho cerca de Mostoles. 



22 oct 2016

GAUDIA SUNT…


   Si hay algo que ha caracterizado la conformación del casco viejo de Hortaleza es la presencia, en su término y trama urbana de lo que se llamaban “casas de recreo” y que hoy calificaríamos como casas de vacaciones. Los usuarios de estas “segundas viviendas” residían, en su mayoría, en Madrid y las utilizaban para pasar los calurosos meses del verano, reposar por largas temporadas para curar de alguna enfermedad, o simplemente para retirarse de la corte a tomar el saludable aire del campo.
     No todas estas residencias eran en propiedad, algunas se arrendaban para la ocasión. Las había de todos los tamaños: desde el sencillo cuarto para el menos pudiente, hasta las hermosas villas, pasando por las casas con jardincillo. 
     Las más importantes solían tener integradas en su perímetro una granja o casa de labor que aportaba buenos réditos a sus propietarios y daba trabajo a muchos vecinos.
     Esta actividad, comparable al turismo rural de nuestros días, era practicada por las clases sociales más adineradas, y aunque se mantuvo hasta bien entrado el siglo pasado, tuvo su época más gloriosa durante el siglo XVIII cuando la villa era conocida, sobre todo, por  sus  “hermosas casas de placer, con bellos jardines y buena agua de fuentes; muchos de cuyos edificios son de varios Señores de la corte”.  La ida y venida de cortesanos y aristócratas alcanzó su cumbre en 1778  cuando el rey Carlos III dispuso la compra de la dehesa de la Moraleja en el término de Hortaleza, y emprende obras de embellecimiento de sus jardines y construcción de un nuevo palacio. 

     De aquel mundo ilustrado apenas nos ha quedado un pequeño vestigio que podemos visitar en el Parque de la Huerta de la Salud, se trata de la puerta monumental que daba acceso a la finca y que se halla en su actual ubicación desde 1999. Para su traslado, la puerta sufrió un catastrófico desmontaje que le causó daños irreparables e hicieron necesaria la restauración y sustitución de algunos elementos. En esta intervención se introdujo un error en la fecha de la inscripción de su dintel, grabando 1749 donde debería figurar 1744, cambiando el texto original que decía así:

GAUDIA SUNT NOSTRO PLUSQUAM REGALIA RURI;
URBE HOMINES REGNANT, VIVERE RURE DATUR 1744

     Esta composición en latín nos habla de lo placentera que es la vida en el campo para el hombre de ciudad y viene a decir lo siguiente:

“Son mis placeres en el campo más que reales:
 reinen otros en la ciudad; en el campo es realmente posible vivir”

     Dª María Ruiz Sánchez, de la Universidad de Murcia, nos da la clave del origen de ese texto en su tesis doctoral sobre la obra de Juan de Iriarte.

     Iriarte, poeta, latinista, bibliotecario real, miembro de las Academias de la Lengua y de las Bellas Artes, compuso este epigrama en 1744 a petición de su amigo y paisano don José Álvarez de Abreu para colocar en las puertas de su villa en Hortaleza. 


RETRATO DE JUAN DE IRIARTE. ANTONIO DE ESPINOSA. 1771. BNE
     El autor introdujo en el texto, con cierto sentido del humor, el título que ostentaba el propietario de la quinta: REGALÍA -Marqués de la Regalía-, para que así quedara, sobre el pórtico,  a la vista de todo el mundo. 
     El poeta pasó, al menos, un verano en la villa del marqués, convaleciente de algún achaque, componiendo varias obras dedicadas a la campiña hortaleceña.

      Muchos nos hemos preguntado, a lo largo de los años, quien mandó grabar esas letras, sin saber que la respuesta estaba, ante nuestros ojos, grabada en la piedra.

11 oct 2016

JORNADAS SOBRE HISTORIA DE HORTALEZA, OTOÑO 2016



     Queremos saludar, desde nuestro blog, la iniciativa de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid, por la programación de unas jornadas para la divulgación de la historia de Hortaleza. Bajo el impulso y organización del director de la biblioteca de Huerta de la Salud -nuestro amigo Juan Jiménez Mancha-  tendrán lugar, del 22 de octubre al 25 de noviembre, conferencias, debates, visitas guiadas por el casco antiguo y la emisión especial de un programa de radio.


     Nos adherimos a las jornadas con la publicación de nuevos artículos, entre los que destaca uno especialmente importante, y cuyo contenido hemos proporcionado a la organización de los actos para que se dé a conocer, al mismo tiempo, en este blog y en la conferencia del día 22 de octubre.  Este pequeño descubrimiento supone una novedad que cambiaría  muchos de los textos escritos sobre la historia de nuestro distrito. 

     Aquí tenéis la programación:


















12 may 2014

EL CHICO DE LA SEÑORA GENEROSA



Luis Aragonés  formaba parte de ese puñado de madrileños en cuyo DNI figura Hortaleza como lugar de nacimiento. Todos ellos vinieron al mundo antes de 1949, año de anexión a la ciudad de Madrid, en un parto que solía producirse en el hogar familiar, al que ayudaban las vecinas o Don Agustín, el médico del pueblo.

Nació en una casa que poseían sus padres, Hipólito y Generosa, en el numero 9 de la calle de La Juventud de 1931el nombre republicano de la calle de la Taberna, hoy conocida como calle Mar Cantábrico. La vivienda tenía un zaguán con un portalón de madera por el que entraban a las cuadras un par de yuntas  (una de bueyes y otra de mulas) que tenían para cultivar El Artesón, una tierra conocida  por tener enclavado un nido de ametralladoras.

Y es que Luis nació en 1938 en un pueblo completamente transformado por la guerra. La tranquila villa agrícola era entonces un hormiguero humano: los conventos y quintas, convertidos en cuarteles, no eran suficientes para alojar a las tropas, y en cada casa particular se aposentaron soldados, oficiales y caballerías; también se habilitaron lugares para acoger a los numerosos refugiados procedentes de Móstoles, Alcorcón, Torrijos, Novés  y de otros pueblos de Madrid y Toledo. El trasiego de personas, animales y vehículos solo se detenía cuando sonaban las sirenas antiaéreas avisando de la aproximación de las “pavas”. Entonces todos corrían a los refugios. Uno de ellos se encontraba a escasos 90 pasos de la casa de los Aragonés, donde hoy está la oficina de correos. En este ambiente bélico transcurrió el primer año de vida de Luis; luego vinieron la represión y las penurias de la posguerra, y su familia se distinguió en esos difíciles momentos por  su solidaridad. Todavía recuerdan algunos “cuánta hambre quitó la señora Generosa”

Luis fue, algún año, a la escuela de La Humanitaria en Hortaleza, pero continuó sus estudios en un colegio de pago de la Ciudad Lineal.  El tiempo libre lo pasaba como los demás chicos: ayudando a sus padres en el trabajo, correteando por el lavadero viejo o escapándose a la Laguna de Valdebebas a ver pescar anguilas.


Desde muy pequeño comenzó a jugar fútbol. De aquella época le viene el mote de El Plomos, pues era tan larguirucho que sus amigos bromeaban con ponerle plomo en los bolsillos para que no le tumbase el aire.

Muy pronto falleció su padre y tuvo que hacerse cargo, como todos sus hermanos, de los negocios familiares. Conducía la vieja camioneta de Poli, una  Ford con una matrícula de dos números que fue la primera de los alrededores. También trabajaba cortando ladrillos en un rejal que tenían en la calle de Mar de Kara; allí acudían sus amigos para ayudarle a terminar la faena y salir pitando a los bailes con orquesta de la Ciudad Lineal. El Chuletín, La Geltrú, o La Charca, eran los sitios donde movían el esqueleto al son de sambas, boleros y pasodobles. Luis, que era muy buen bailarín, montaba el numero en la pista bailando el twis con mi tío Federe de pareja.


Jugaba al fútbol en el Club Pinar cuando se fijaron en él Ángel Ramos, un carnicero del pueblo, y un tal Sacristán, profesor de gimnasia en la academia de Policía Armada, estos dos hombres fueron sus mentores y los que impulsaron la carrera futbolística de este hortaleceño que figurará para siempre en la historia del deporte español.

30 dic 2013

EL ÚLTIMO AGRICULTOR

Nemesio Aguado (primero por la derecha) acarreando mies .

Muy pocos saben hoy que la comarca a la que pertenece Hortaleza se llama “Los Lomos de Madrid”. Este nombre describe la topografía, formada por una sucesión de lomas y pequeños valles, sobre la que se fundaron los pueblos del contorno. Así, los barrios de nuestro distrito están construidos en torno a una gran loma, que lo recorre desde Fuencarral hasta la Ciudad Lineal, y que forma la divisoria entre las aguas que van a parar al río Jarama y las que van al río Manzanares.

Los cronistas antiguos nos hablan, en sus escritos, de la excelencia de esta comarca,  apreciada desde la edad media por sus buenos cazaderos, la fertilidad de las tierras y la abundancia de sus arroyos.

Aunque en todos sus términos se podían encontrar cultivos de cereal y olivar, era conocida sobre todo por sus buenos vinos, a los que había que añadir las sabrosas hortalizas que se producían en nuestras huertas.

Con el tiempo los viñedos fueron cediendo terreno a los trigales, pero mantuvieron cierta importancia hasta principios del siglo pasado, cuando: con la llegada de la plaga de la filoxera, muchos propietarios se vieron obligados a arrancar las vides; a pesar de ello, se ha podido beber buen garnacho y moscatel hasta hace pocos años.

En cuanto a las huertas, también fueron menguando su superficie en la medida en que se reducía el caudal de fuentes y arroyos, como consecuencia de la deforestación. Tuvieron un gran auge en el siglo XVIII, época de exuberantes huertas-jardín que la aristocracia mantenía en sus casas de campo, y en las que se aplicaban las últimas invenciones para la extracción de agua del subsuelo.

La decadencia de este mundo basado en la agricultura comenzó, tras la guerra civil, con el real decreto del general Franco, que anexionaba nuestros pueblos a Madrid. Los campos y caminos quedaron sin el control de ninguna autoridad local, aparecieron asentamientos desordenados alrededor de los antiguos núcleos de población, y la ciudad avanzaba inexorablemente hacia estos parajes naturales. En los últimos años, los paisajes se fueron degradando ante una incontrolable y creciente afluencia de excursionistas de fin de semana; pronto, numerosos actos vandálicos terminaron por causar daños en los cultivos y en el arbolado. Así fue como desapareció la vegetación de ribera del arroyo Valdebebas: Álamos, Chopos y Fresnos -algunos de ellos con diámetros mayores de un metro y medio- sucumbieron a la tala salvaje. Luego, para rematar la faena, vinieron las escombreras ilegales con la connivencia del Ayuntamiento de Madrid.

Las labores del campo se fueron abandonando, y en 1989 se cultivó por última vez una tierra en Hortaleza. Fueron 500 fanegas en los parajes de Valdecarros, Cerro de Cabeza Gorda y Valdefuentes, y quien arrendó esas tierras para sembrarlas de trigo fue Don Nemesio Aguado Santos.
El último tractor de Nemesio Aguado.

Nemesio nació en Hortaleza hace 88 años y vive jubilado junto a su mujer Margarita Casado Aguado, que vino al mundo en Canillas. Se conocieron en la romería que se celebra en la ermita de San Blas, templo que ellos mismos tuvieron que adecentar para casarse allí al acabar la guerra civil. Los dos llevan el Aguado en su nombre: un viejo apellido hortalezeño, que desde 1579, cuando dio el primer salto a Canillas, no ha parado de hacer el viaje de ida y vuelta entre las dos poblaciones. Podíamos decir que esta pareja es el ejemplo de lo que siempre he oído en mi casa, aquello de que: “Hortaleza y Canillas somos uno”

Nemesio es pura historia viva de Hortaleza, un hombre emprendedor, honrado y trabajador, al que no le ha pasado nada desapercibido, y que relata con detalle su vida, desde su primer trabajo a los 14 años como hortelano en la Huerta de la Salud, hasta su paso por el cuerpo de bomberos, en el que sobrevivió al hundimiento de un edificio incendiado en Vallecas, que se llevo la vida de varios de sus compañeros. Tras 15 años de servicio pidió la excedencia para dedicarse a labrar la tierra.

En su cabeza están todos los nombres y las tierras de una sociedad rural que ya ha desaparecido para siempre. Este hombre, que hoy añora aquellos horizontes cubiertos de mieses, olivos y viñedos, pasará a la historia como el último agricultor de Hortaleza.

Gracias Margarita y Nemesio por vuestra generosidad.

21 may 2013

EL ESTANQUE DE ALBERTI

RAFAEL ALBERTI CON UNAS AMIGAS (1928)


Rafael Alberti, nuestro autor de la generación del 27, escribió un libro de poemas titulado “Sobre los Ángeles”, en el que expresaba su estado anímico, sumido en una profunda crisis sentimental. José María Amado, el que fuera director de la revista Litoral, recordó en varias ocasiones que fue en Hortaleza donde tuvo lugar el noviazgo imposible del que luego nacieron aquellos versos. Alberti había recibido el premio nacional de literatura en 1925 y decidió hacer una visita de agradecimiento a cada uno de los miembros del jurado, entre los que estaba Carlos Arniches, con cuya familia trabó amistad.



Carta de Rafael Alberti , sobre las reuniones de la Huerta de Mena. Ministerio de Cultura

Amado era sobrino nieto de Arniches y coincidió con el poeta en la “Huerta de Mena”, la propiedad hortaleceña de la familia. En sus recuerdos nos describe los juegos de frontón y futbol que se organizaban allí; los paseos a caballo acompañados de un viejo mastín para trillar en las cercanas eras del barrio de La Rusia; una curiosa celebración con el equipo del Atlético de Madrid del 1929 por su llegada a la final de Copa; las visitas de actores y músicos, y las reuniones, que calificaba de signo intelectual y poético, a las que acudían tres de los hijos de Arniches: Carlos, arquitecto de la Residencia de Estudiantes; Rosario, con su futuro marido, el escritor José Bergamín, y Pilar, con su novio, Eduardo Ugarte, fundador junto a Federico García Lorca, del grupo de teatro “La Barraca”.  También estaban, entre otros, el director de cine José López Rubio; el compositor Gustavo Pittaluga; el ingeniero Eduardo Rodrigáñez, al que Alberti dedicó el poema “El ángel de los números”, y Victoria Amado, de la que se había enamorado el poeta, al que todos ellos hacían corro sentados en el suelo, mientras él les mostraba sus dibujos y recitaba poemas. Solía ser al atardecer y a la orilla de un estanque con patos que había en el jardín y que aparece en su poema “el cuerpo deshabitado”:

TÚ. Yo. (luna.) Al estanque.
Brazos verdes y sombras
Te apretaban el talle.
Recuerdo. No recuerdo.
¡Ah, sí! Pasaba un traje
Deshabitado, hueco,
Cal muerta, entre los árboles.
Yo seguía…Dos voces
Me dijeron que a nadie.

Tras la guerra, la finca cambió de dueño y las reuniones cambiaron de signo. El nuevo propietario, el Doctor Manzanete, agasajaba a la élite del régimen de Franco. De niño, yo conocí aquel estanque: tenía el aire misterioso y bucólico del abandono. Por aquel entonces ocupaba la casa una pequeña congregación de monjas. Atrás habían quedado las elegantes fiestas de la posguerra y no se veía rastro de los aristocráticos cisnes que reemplazaron a los patos.
Ya en democracia, el estanque y la alameda circundante fueron arrasados para la construcción de la M40, quedando la “Huerta de Mena” seriamente amputada. Curiosamente se bautizó una avenida del barrio de Las Cárcavas, a pocos metros de la huerta, con el nombre de la que fuera compañera de Alberti en los años veinte: la pintora Maruja Mallo. ¡Contradicciones del sistema!